Una buena noticia: el Tratado sobre Comercio de Armas
Javier Rupérez
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jruperezelimparciales/9/1/9/21
jueves 04 de abril de 2013, 20:07h
La Asamblea General de las Naciones Unidas acaba de aprobar el texto de un Tratado internacional para regular el Comercio de Armas. Es el resultado de un largo proceso comenzado en 2006 con la convocatoria de una Conferencia para negociar el texto ahora aprobado. La Conferencia, para cumplir sus objetivos, debería haber conseguido el consenso de los 193 miembros de las Naciones Unidas para culminar sus trabajos. No es de extrañar que fueran Irán, Siria y Corea del Norte las que en última instancia se opusieran a ello, provocando la presentación del texto ya finalizado como proyecto de resolución ante la Asamblea General, que lo ha aprobado por una masiva mayoría de 154 votos favorables, 3 contrarios y 23 abstenciones. Para entrar en vigor el Tratado necesita la ratificación de 50 Estados miembros y quedará abierto a la firma a partir del mes de Junio de 2013. No es todavía tiempo para echar las campanas al vuelo pero sí para registrar la significativa mayoría internacional que ya existe para endosar unas obligaciones harto significativas y por primera vez registradas como marco para la responsabilidad internacional de los Estados.
Es amplio el catálogo de armas que el nuevo Tratado incluye como sujetas a regulación: tanques, vehículos acorazados, sistemas artilleros de grueso calibre, aviación de combate, helicópteros de ataque, navíos de guerra, misiles y sus lanzadores, armas pequeñas y ligeras. Y las prohibiciones en el comercio de armas que el texto especifica se aplican a aquellos Estados eventuales compradores o vendedores que hayan ya sido penados con el embargo de armas, que practiquen políticas dirigidas al genocidio, que sean culpables de crímenes contra la humanidad, o de ataques contra la población civil, que violen el derecho internacional humanitario o el relativo al respeto de los derechos humanos, que mantengan lazos con el terrorismo o el crimen organizado, que conduzcan políticas caracterizadas por la violencia de género o contrarias a los derechos de la infancia. Muchas de esas disposiciones se encontraban ya recogidas en varias legislaciones nacionales –entre otras la española- pero es esta la primera vez en que un Tratado internacional negociado en el foro multilateral de la ONU las incluye de manera tan nítida en un catalogo tan amplio y casi exhaustivo del objeto y del sujeto de las prohibiciones. Y parece tan obvio y laudable el propósito del ejercicio que sin exagerar demasiado los términos del debate cabe preguntarse por las razones de los que han creído conveniente, ante tan magnífica ocasión para reforzar los lazos internacionales de cooperación pacífica, mostrarse contrarios, abstenerse o no participar en la votación -categoría esta ultima a la que no pocos han preferido acogerse-.
Mas allá de los sospechosos habituales que en los márgenes de la vida internacional han decidido votar en contra –Irán, Siria, Corea del Norte-, los abstencionistas incluyen a Angola, Barein, Belarús, Bolivia, China, Cuba, Ecuador, Egipto, Fiji, India, Indonesia, Kuwait, Laos, Myanmar, Nicaragua, Omán, Qatar, Rusia, Arabia Saudita, Sri Lanka, Sudan, Suazilandia y Yemen. Seguramente todos tienen razones poderosas para hacerlo, entre las que cabe esperar no se encuentre la intención de adquirir o vender algunas de las armas catalogadas en el Tratado en violación de sus disposiciones. No se presta la política internacional a desplegar el sillón del psicoanalista, pero tampoco cabe descartar el análisis de las intenciones de los agrupados en la abstención para eventualmente situarlos en una zona gris de comportamientos. Ahí están, por ejemplo, todos los bolivarianos en la inevitable compañía cubana –y con la excepción de Venezuela, que decidió no participar en la votación: ¿qué cosas urgentes tendría que hacer la delegación venezolana para no depositar su voto en cuestión tan importante?- buena parte de los sultanatos del Golfo, con Arabia Saudita a la cabeza, Rusia, China y Egipto. No hace falta el despliegue de mucha imaginación para adivinar cuales son los variados ases que el grupo esconde bajo la manga.
Y entre los ausentes, además de Venezuela, sorprende anotar los nombres de Guinea Ecuatorial, Vietnam, Zimbabue, Armenia, República Dominicana, Tayikistán, Uzbekistán, Cabo Verde y Santo Tome. Es posible que Kiribati y Vanuatu no tuvieran delegados disponibles en el momento de la votación. De los demás no cabe presumir ignorancia o incapacidad: la ausencia es también una opción y no precisamente inocente.
Con todas sus inevitables limitaciones temporales, el texto aprobado ahora por la Asamblea General constituye indudablemente un hito en la racionalización de los comportamientos internacionales y en el establecimiento de sus responsabilidades y sanciones. El mapa ofrecido por la votación es digno de ser tenido en cuenta en esa perspectiva. Es tanto reflejo como prospectiva de las líneas de fractura que definen el mundo contemporáneo, por si necesidad hubiera de recordarlas. Y no esta una reflexión maniquea sino una constatación: cuando se trata de limitar el comercio internacional de armas tal como lo hace el Tratado no es lo mismo estar en la mayoría que en la de los que se oponen, se abstienen o no votan. También en ello hay clases.
Javier Rupérez
Embajador de España
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Embajador de España
JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
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