El peligro de los antisistema
jueves 04 de abril de 2013, 20:10h
La conjunción de las fuerzas de la izquierda radical con los antisistema empieza a ser preocupante. Los primeros se encuentran fortalecidos por su expectativa de creciente apoyo electoral. Los segundos, provenientes de los llamados indignados y pancarteros, van ganando peso por
su reconocida capacidad de manifestarse en contra de todo lo que se les ponga por delante y gozan, además, de una cierta simpatía mediática y social por su atrevimiento y ruptura con las formas usuales.
Digamos que su fortalecimiento coincide con una situación especialmente preocupante tanto en cada expresión individual como en la conjunción de los diferentes factores de la deriva de un Estado debilitado, irreconocible y medroso.
La primera de las manifestaciones de la crisis es ,sin duda, la económico-social. El larguísimo túnel de la recesión, del déficit y del recorte que nunca acaba, ha dejado sin defensas a la inmensa mayoría de los ciudadanos, exhaustos de tantas cargas soportadas e incapaces de encontrar un leve atisbo de esperanza. Como todas las crisis, la presente saca a flote lo peor de los seres humanos, en forma de incumplimiento sistemático de
todos los pecados capitales (eso sí, menos los sexuales, que no está el horno para bollos).
El segundo ámbito crítico es el severo debilitamiento del principal partido de la oposición que no vislumbra ni con palanca su salida en términos programáticos y de personas; y al tiempo, con el partido en el Gobierno aplicando un delicado recetario antidéficit que está dejando muchos afectados por el camino. Los partidos digamos tradicionales están sufriendo el trauma del alejamiento y enfriamiento de la sociedad, que les huye
cansada de ver incumplidas sus promesas y agotada de que se debatan en egoísmos sectarios sin mirar por los intereses generales del país.
En último lugar, pero no el menos relevante, la gravísima crisis institucional que ha tocado todos los cimientos del Estado, desde la Monarquía –que tiene todos los frentes pensables abiertos- hasta el Parlamento y sus miembros –que poco menos deben ocultarse o disfrazarse para no ser reconocidos e insultados- sin olvidar al Poder Judicial-al menos a algunos de sus miembros egregios- o al Tribunal Constitucional siempre preparado para decir lo que del mismo se espera.No cabe mas deterioro institucional pensable de un sistema abierto en canal ante las inagotables noticias certeras de corrupciones y corruptelas,abusos,amiguismos y arbitariedades,y con un mapa territorial inasumible economicamente.
Pues bien,no podemos imaginar un dibujo mas desazonador,pero los ultrarradicales y antisistema lo saben y pretenden sacar provecho,abriendo un hueco politico para intentar hacerse con todos los mandos e implantar su especial forma de dictadura.No nos dejemos arrastrar por apariencias de
simpatia porque debajo del disfraz se esconden hienas.
Se preguntaba Cio-cio-san, nuestra enamorada Butterfly, que cuando anida el petirrojo en América. El capitán Pinkerton por supuesto no tenía ni idea.
Que no nos pase lo que a la soñadora japonesa... No perdamos el norte y empecemos seriamente a reformar lo que tenemos antes de que nos arrumben .
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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