www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La vida eterna

José María Herrera
sábado 06 de abril de 2013, 19:47h
Año y medio después de morir su hijo, el emperador Tiberio recibió una embajada troyana que deseaba presentarle sus condolencias. El monarca afeo con ironía el retraso dándoles el pésame por el fallecimiento de Héctor, hijo de Príamo. Dieciocho meses no parecen una tardanza excesiva para una época como aquella. Más sería hoy un par de días. Nosotros estamos habituados a conocer los hechos en cuanto suceden y a reaccionar de inmediato. Una de las razones de la crisis de la prensa escrita es justamente su parsimonia en comparación con otros medios. Cuando el periódico llega al kiosco ya no da noticias, sino hechos históricos. Quizás por eso se está volviendo habitual que aparezcan informaciones de sucesos sucedidos hace tiempo. La última que he visto anuncia que un filósofo californiano ha recibido cinco millones de dólares para realizar una investigación sobre la vida eterna. El hecho, sin embargo, tiene ya cerca de un año.

Mucha gente, incluidos tal vez los mismos que han divulgado esa noticia, cree que los cinco millones son para John Martin Fischer, pero es evidente que se trata de un proyecto de investigación en el que hay involucradas más personas dirigidas simplemente por él. Con todo, cinco millones son demasiados. Por cuarto y mitad les explicaría yo las razones por la que resulta absurdo preguntarse si la vida eterna es o no algo razonable. Fischer, uno de esos típicos profesores americanos capaces de descubrir los juicios sintéticos a priori, ha prometido invertir el dinero con prudencia. Según ha dicho, no se preguntará sólo por una vida eterna en la eternidad, sino que, a fin de contentar a los contribuyentes ateos, se preguntará también por una vida eterna en el tiempo. Por otro lado, y para demostrar que está al tanto de los avances científicos, planteará la cuestión de si es aconsejable o no vivir indefinidamente, problema que, como ustedes saben, tenemos a la vuelta de la esquina. ¿Acaso el aumento de la esperanza de vida en unos años no prueba que la inmortalidad está al alcance de la mano? Lógicamente, ello causará problemas en los que también hay que pensar. ¿Será aconsejable envejecer sin morir en un mundo que cambia vertiginosamente?, ¿qué pasará entonces con la teoría de la evolución? Fischer, quien comparte con los articulistas del corazón la idea de que un filósofo es alguien que se pregunta “de dónde venimos y a donde vamos”, sostiene que los filósofos llevan milenios con el asunto (¿cuántos milenios?, ¿qué filósofos?) y que con los cinco millones de vellón él, no se preocupen, va a zanjar definitivamente el asunto. Yo no sé si nos dirá algo relevante sobre la vida eterna, de lo que sí que estoy seguro, en cambio, es que se va a dar una gran vida a costa del tema. ¿Y saben por qué lo creo? Porque he leído una entrevista con él en la que habla de la fuerte impresión que le produjo la muerte de su abuelo en manos de los nazis (el becado no tendrá más de sesenta y cinco años) y no he podido dejar de evocar la broma sarcástica de Tiberio.

Desconozco los motivos por los que Fischer ha sido elegido para dilucidar el misterio de la eternidad. Supongo que una inversión tan cuantiosa pretende provocar la impresión en el público de que es preferible no ocuparse personalmente de estos asuntos. La ortodoxia racional exige que no hagamos ningún intento de comprender las cosas por nuestra propia cuenta. Debemos acomodarnos a los hechos contrastados, movernos dentro de los límites fijados por los saberes instituidos y, a la vez, pues esto es la ortodoxia, no creer en nada fuera de ellos. La ciencia posee desde hace tiempo el monopolio del conocimiento. Es como una corporación industrial que no permite la competencia del pequeño artesano. ¿Qué puede saber acerca de la vida eterna alguien que ni siquiera ha recibido un par de millones para investigarlo?

Yo estoy a favor de la ciencia, no se crean. Siempre he pensado que es razonable hablar de lo que se sabe y callar de lo que se ignora. Mi único problema es que no estoy nada seguro de que la realidad sea razonable. Una buena novela me parece ajustarse más al mundo que las teorías de los científicos. Por otra parte, no veo qué interés puede tener alguien que paga cinco millones por saber si debe tomarse o no en serio la cuestión de la eternidad. Cuando se trata de la perfección del alma quizá una vida sea poco, pero sobra y basta si se trata únicamente de conseguir las cosas que están al alcance de la mano. La eternidad, la inmortalidad, es sólo para quienes hacen caso del consejo de Platón y cuidan su alma con la misma dedicación con que cuidan sus cuentas corrientes quienes sueñan, sobre todo, con una perpetua solvencia.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios