www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La corrupción en el fútbol mucho más allá de Mourinho y el Balón de Oro

domingo 07 de abril de 2013, 19:07h
Hace un par de semanas, el ex árbitro turco Ahmet Çakar hizo unas declaraciones que tuvieron sus quince minutos de gloria para volver a caer en el sueño periodístico de los justos, siempre preocupados en que nada afecte al chiringuito del deporte profesional del que viven cada día. Çakar afirmaba que en algunos sorteos de UEFA había “bolas vibradoras” que indicaban al encargado de sacarlas qué equipo tenía que enfrentarse con qué otro. Sorteos amañados que se vienen conociendo desde hace años y que antes se hacían con las llamadas “bolas calientes” entre carcajadas de los mismos periodistas que luego fingían sorprenderse ante el azar y las casualidades del bombo.

En mi vida he visto una casualidad mayor que la que pasó en el sorteo de octavos de final de la Champions League de este año. Un día antes, para probar el sistema informático, se hizo una simulación ante la prensa. En esa simulación salieron ocho emparejamientos que cruzaban a los dieciséis clasificados y aquello no tendría mayor trascendencia sino fuera porque al día siguiente, las “manos inocentes” y los condicionantes del sorteo determinaron que esos mismos ocho emparejamientos se repitieran uno a uno, esta vez de forma oficial. ¿Cuántas posibilidades hay de que, combinando dieciséis elementos y agrupándolos de dos en dos te salgan los mismos emparejamientos, exactos, en días consecutivos? Una entre millones.

Pues bien, la noticia salió, sí, pero como “mira, qué curioso”. No hubo llamadas, no hubo investigación, no hubo nada. Risitas, las de siempre.

A raíz de las declaraciones de Çakar, un conocido periodista, de los de verdad, escribió en su cuenta de Twitter que él sabía cinco minutos antes del sorteo de la pasada Eurocopa de 2012 los rivales y el calendario de España. Dejó claro: “No lo intuía, no era un rumor, LO SABÍA”. Por lo que conozco a este periodista y las conversaciones privadas con él, entiendo que lo que decía era cierto, aunque no puedo dar los detalles hasta que no se decida a darlos él públicamente o alguien le pregunte. No veo por qué iba a mentir en público y luego me iba a mentir en privado sin ganar nada con ello.

Por lo que se ve, la corrupción, la trampa y el negocio en el deporte profesional van mucho más allá de unas cuantas bolsas de plasma en la consulta improvisada de Eufemiano Fuentes. Es triste pensar que eso puede ser solo la base de la pirámide. Un ciclista semi-retirado, Stefan Schumacher, insistía hace poco en lo de siempre: “Doparse era parte del día a día, como el café de la mañana”. Lo siento, pero yo no creo en los milagros, ni en las heroicidades ni en las recuperaciones milagrosas. Han conseguido que no crea en ello y me duele porque el deporte ha sido buena parte de mi vida y mis alegrías.

Tampoco creo que esto sea lo más grave. Lo más grave tiene que estar en el mundo de las apuestas. Siempre se han comprado y vendido partidos y se han arreglado resultados. Se sabe. Los protagonistas lo han reconocido, incluido el vicepresidente de la LFP ante el pasmo y el pasotismo general de todo el periodismo deportivo español. El problema es que ahora, con las apuestas, los que pueden comprar y vender son otros, ajenos por completo al ya dudoso mundo del deporte. Me cuesta creer que en los casi diez años de explosión de las casas de apuestas por Internet, la ATP, por ejemplo, solo haya investigado el caso de Davydenko como sospechoso. Tiene que haber más, es una cuestión de lógica.

El deportista no es un santo. Los que le rodean, menos. ¿Son todos un atajo de corruptos? Pues claro que no. Pero si ovejas negras hay en todos lados, ¿cómo no las va a haber en un negocio multimillonario? Si usted es árbitro, o defensa central, y le ofrecen 10.000 euros por forzar el primer córner del partido, que se paga a 1,90 en no sé qué plataforma, ¿los rechazaría? Pongamos que usted sí, porque es muy honesto, pero, ¿pondría la mano en el fuego por todos esos chavales de 20,25,30 años que juegan cada fin de semana, incluso en categorías donde no cobran y sus clubes están a punto de desaparecer?

Al lado de todas estas sospechas, permítanme que el escándalo que se montó con el supuesto amaño de la votación del Balón de Oro y las denuncias de Mourinho, que algo sabrá de lo que se mueve en el deporte, me parezcan minucias y que eche de menos que en la prensa, los que pueden investigar, se queden en los árboles y se empeñen en negar el bosque.

Guillermo Ortiz

Escritor, analista y profesor

GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios