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Naciones Unidas inspecciona el dossier sahariano

Víctor Morales Lezcano
lunes 22 de abril de 2013, 20:16h
Entre los problemas que tienen planteados la monarquía y el majzén marroquíes -consejeros reales incluidos, naturalmente- sobresalen dos de estos. El primero hunde sus raíces en el Sahara occidental, mientras que el otro guarda estrecha relación con el revival del Islam radical en el norte de África durante las últimas rebeliones sociales que han tenido lugar en la región.

La cuestión del Sahara occidental reverdece cíclicamente, para malestar de la corte, e incluso del gobierno de Benkiran, desde que Hassan II aceptó, en junio de 1981, la celebración de un referéndum de autodeterminación en la excolonia española. Los términos disyuntivos del mismo eran -y en amplia medida siguen siendo- la integración de la excolonia española en el reino de Marruecos (con matices administrativos especiales), o la independencia de la que hoy se llama RASD (República Árabe Saharaui Democrática).

Burla burlando, transcurrieron diez años, diez años de hundimiento de la cuestión saharaui en las arenas movedizas de la ONU, hasta que dicho organismo aprobó la “botadura” de la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental). Esta misión nació con el cometido de visitar e inspeccionar el terreno, la población y tomar la “temperatura” tanto de las provincias meridionales del reino alauí, como de los campamentos de refugiados saharauis en el suroeste de Argelia -con su punto neurálgico en Tinduf-.

Volvieron a transcurrir, empero, diez años más, y el contencioso no hizo sino calcinarse, debido al empecinamiento de las posturas irreconciliables de Marruecos y del Frente Polisario. MINURSO se había sellado con la estampación inapelable de “misión fracasada”.

He aquí, sin embargo, que las rebeliones sociales en Túnez, Egipto y Libia durante 2011 vinieron a desencadenar una oleada de perturbaciones geopolíticas en el conjunto del mundo árabe; en particular, la guerra que se desencadenó entre la Yamahiriya (que elucubró y puso en pie Muamar el-Gadafi) y sus adversarios desde Cirenaica. El choque precipitó la intervención franco-británica, la derrota final de Gadafi y la desbandada de miles de guerreros furtivos bien pertrechados de armamento. En puridad, la alteración del statu quo en Egipto y en el Magreb estuvo servida en adelante, siendo el affaire Mali la más evidente demostración de que mucho estaba cambiando en el norte de África, en su retropaís sahariano y en la faja del Sahel.

En rigor, la intervención de las potencias “apoderadas” en la guerra contra Gadafi no garantizaba definitivamente la no-intervención estadounidense en el escenario africano. Como se puede colegir ahora, la actuación exterior de Barack Obama en la región ha partido de un compás de espera, seguido de un período de observación de los incidentes encadenados que desde hace un año se han desatado en torno a los santuarios islamistas ubicados en el centro y norte de Mali. Dejando aparte la intervención armada de Francia en un área tradicionalmente francófona, no parece infundado suponer que el Front Africa potenciará en adelante sus contingentes militares con vistas a evitar que se constituyan varios baluartes islamistas en torno al codo del río Níger. Véase, si no, el despliegue reciente de tropa, armamento y aviación de combate americanos con base de apoyo en Torrejón y Rota. ¿Hacia qué otro destino pueden ir dirigidos que no sea el sahariano-sahelí?

Dentro del marco que se acaba de delinear, los renovados incidentes saharianos que protagonizan Marruecos y el Frente Polisario no contribuyen a la complacencia de los departamentos de Estado y Defensa estadounidenses. La percepción, empíricamente contrastada, de que la “mancha de aceite” islamista con epicentro en el norte de Mali ha empezado a extenderse por la periferia meridional de Argelia, sin saberse con precisión aritmética hacia dónde lo hará después, ha contribuido a que en los círculos de la ONU y en algunas instancias de la Unión Europea aparezca como imperativa la revisión del dossier sahariano del reino de Marruecos, para satisfacción no disimulada de Mohamed Abdelaliz y la cúpula del Frente Polisario.

A la luz de determinadas denuncias que se han elevado al parlamento europeo y a otros organismos de alcance internacional, la embajadora de Estados Unidos en la ONU, Susan Rice, ha redactado un borrador sobre la situación de los derechos humanos en los territorios saharianos que son provincia de Marruecos y en los campamentos de refugiados saharauis establecidos en Tinduf y aledaños territoriales de la base argelina del Frente Polisario. El borrador opera ya en varias cancillerías europeas, en particular entre aquellas que, por razones históricas, se ven más afectadas, como son las de Francia, España, Reino Unido y Rusia (esta última, a título de contrincante velado de la política exterior estadounidense).

Las últimas visitas de Christopher Ross, enviado especial de la ONU a la región que aquí se enfoca, no han sido ajenas a la presión internacional que se detecta en la zona, sobre todo centrada aquella en la observancia, o no, del respeto a los derechos humanos en las provincias meridionales de Marruecos y en los campamentos argelinos.

A lo que parece, tanto el gabinete de Benkiran, como una selecta nómina de consejeros reales se ha reunido en Rabat para coordinar una respuesta a la démarche de la ONU anteriormente referida. El ministro de Asuntos Exteriores marroquí (Saad Eddine el-Othmani), su predecesor inmediato (Mohamed Fassi el-Fihri), el exembajador de Marruecos en España (Omar Azziman) y la cabeza visible de los servicios de inteligencia del reino alauí (Mohamed Yassin Mansouri) se encuentran en consultas y deliberación, antes de que el reino alauí se posicione en el nuevo escenario geopolítico que está configurándose en el norte y noroeste de África, de resultas de una primavera política que ha sido perturbadora del statu quo, donde lo haya. Es probable barajar la hipótesis de que la administración Obama pretende disuadir a Rabat y a Argel de ciertas conductas practicadas en estados autoritarios de inclinación represiva con los disidentes, no bienquistas, precisamente, por los custodios de los derechos humanos.

Mohamed VI, por lo pronto, ha decidido suspender las maniobras militares conjuntas de Marruecos y Estados Unidos, previstas para fecha no lejana. Habrá que ver, de otra parte, en qué para este asunto, que no es ajeno a España desde sus orígenes históricos, perdidos en el recuerdo de los primeros años 70 del pasado siglo XX.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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