La mala imagen de la marca España
jueves 25 de abril de 2013, 00:47h
A juicio de Alemania, Inglaterra y otros países de primer orden, España es un país débil, corrupto y poco trabajador. Bien es verdad que la opinión de chinos y norteamericanos es algo mejor, aunque no demasiado. El dato, ofrecido por el real Instituto Elcano, debería mover a una reflexión generalizada, especialmente en lo institucional. Hay empresas españolas punteras -FCC, Santander, Zara y tantas otras- a lo largo del mundo que “hacen” la marca España, así como todos los españoles que han tenido que salir a trabajar fuera. Ellos no son el problema; éste se halla aquí.
El vergonzante número de casos de corrupción es una lacra que incide muy negativamente en la confianza de cualquier país. Y si a ello le añadimos el espectáculo que ofrece la clase política casi a diario, el resultado a la vista está. Sirva como ejemplo el puñetazo que en nacionalista José Manuel Beiras propinó ayer en el escaño de Alberto Núñez Feijóo, al más puro estilo de república bananera, así como también el circo montado hoy por la izquierda alrededor del Parlamento. Los escraches son otra muestra más del poco grado de civismo que muestra una sociedad como la española, donde la madurez democrática de un nutrido sector de grupos anti-sistema –tolerados, cuando no jaleados por la izquierda- sigue socavando la convivencia y la imagen del país. Por su parte, asistimos atónitos a la presidencia de un gobierno autista que no es capaz de subrayar los aspectos positivos, que no faltan, y convocar a la ciudadanía al combate y, aún, al sacrificio. Así las cosas, es normal que a España se la vea como se la ve. Más de uno debería tomar conciencia de su grado de responsabilidad en todo ello.