Rubalcaba, Seguro y Désir: la “otra” troika
domingo 28 de abril de 2013, 23:29h
Alfredo Pérez Rucalcaba, secretario general del PSOE, y sus homólogos de Francia y Portugal, Harlem Désir y António José Seguro, se han reunido en Lisboa en una cumbre de los socialistas del sur europeo. El propósito del encuentro era intensificar sus lazos de unión en unos momentos muy delicados para el Viejo Continente, y, sobre todo, hacer un frente común ante la política de austeridad que, según su propia denominación, la “Europa conservadora” está imponiendo como única medicina contra la terrorífica crisis que nos asola.
Para los asistentes a esta reunión -que quizá albergan la idea de convertirse en la “otra” troika- la política de total austeridad está produciendo, además de empobrecimiento y sacrificios poco menos que inútiles, una creciente e inquietante desafección hacia la Unión Europa, por lo que Pérez Rubalcaba señaló que de los euroescépticos se pasó al “eurotemor” y ahora cada vez más a la “euroindignación”. Hasta aquí, hay mucho de cierto en este análisis.
Resulta comprensible y lógico que la desafección hacia Europa les preocupe, pero no es precisamente agitando la “euroindignación” como se resuelven los problemas ni ensanchando la tensión entre el norte y el sur europeos ni hablando de la “intransigencia egoísta” de Angela Merkel, a quien no pocas veces se caricaturiza hasta el extremo. No es momento de abrir y remarcar brechas ideológicas y geográficas –socialistas frente a conservadores, norte frente a sur-, sino de pactos y de trabajar conjuntamente en el establecimiento de medidas como por ejemplo la unión fiscal y bancaria europea, que a todos beneficiaría, y cuya defensa debería estar más allá de cualquier partidismo.
Oponer a la receta de la austeridad y el control del gasto propugnado por la troika de la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), una supuesta política de crecimiento, por la que aboga esta “otra” troika, es no tener en cuenta la tozuda realidad. El dilema entre crecimiento y recortes es una falsa disyuntiva, cuando se está endeudado hasta las cejas y no es precisamente lo ideal gastar lo que no se tiene y, así, no solo seguir con la deuda sino aumentarla hasta el infinito. Otra cuestión es que los recortes y ajustes, imprescindibles, recaigan casi de forma sistemática sobre la ciudadanía y la sociedad y los Gobiernos no acometan de una vez por todas medidas de férreo control del gasto en el ámbito del Estado: por ejemplo, reduciendo funcionarios (sobre todo, los nombrados a dedos), empresas públicas improductivas, pero costosas, y otros gastos que desvían recursos para generar economías clientelares de opinión, en lugar de rentas de trabajo.