El dossier Siria se enrevesa
jueves 16 de mayo de 2013, 20:15h
Una vuelta al pasado encierra casi siempre una incógnita histórica de difícil despeje. ¿Sanciona la vuelta al pasado el fracaso de una solución que se ha demostrado fallida? ¿O bien, un regreso al ayer no es sino el regreso a una fórmula pretérita de presunta validez en el presente? Estas cábalas vienen a propósito del fenómeno de marras en Oriente Próximo.
Como apuntábamos en las entregas inmediatamente anteriores a esta de hoy, los pueblos de Iraq y Siria se encuentran enfrentados actualmente al desafío que implica la disolución de los Estados que Gran Bretaña en Iraq y Francia en Monte Líbano y en Siria constituyeron en forma de mandatos al final de la primera guerra mundial, y que se convirtieron en naciones independientes a partir de 1945.
Está a la vista que las dinastías, monárquicas o republicanas, que han gobernado aquellas ex provincias del imperio turco-otomano han sido incapaces de embridar las disensiones religiosas y las fracturas étnicas que Londres y París intentaron paliar mediante soldaduras a prueba de bomba; pero aquel ensayo de “composición” colonial parece que tiene sus días contados.
En Siria, por ejemplo, se ha alcanzado un punto de ignición tal, que este podría hacer saltar por los aires su cuarteado edificio gubernamental, administrativo y militar ¿también?, del que es heredero Bashar al-Assad. Ello sería la consecuencia, en principio, del reto que viene lanzándole la Coalición Nacional de las Fuerzas de Oposición Revolucionaria, apoyada por miles de simpatizantes de linaje religioso yihadí, sectores de la vieja guardia de la resistencia palestina, y numerosos portavoces occidentales, que, desde Londres, Ginebra o París, abogan por una intervención “matizada” en el reñidero sirio, pero favorable a los rebeldes opuestos al régimen. Sin embargo, hay palestinos radicales, cohortes guerrilleras y “terroristas”, según Washington DC, que se alinean entre los simpatizantes del régimen de Assad, con el respaldo diplomático y armamentista de Moscú y Teherán.
Como hicimos constar recientemente en las páginas de este periódico, la bipolarización regional e, incluso, internacional, en torno a la guerra en Siria, no ha hecho sino agudizarse en el transcurso de unas semanas. Veamos ahora los datos de una hornada reciente, que pone en ascuas un potencial casus belli.
Netanyahu y su gabinete en Tel Aviv (casi siempre en estado de alerta prebélica, debido a “Israel y sus circunstancias”), no ha dudado en golpear selectivamente unas importantes instalaciones militares sirias situadas en los alrededores de Bagdad. La descarga israelí de misiles Fateh 110 (dichos de tierra a tierra), dotados de un radio de alcance que se aproxima a los 200 km de distancia, ha golpeado el régimen sirio, aunque no suenen todavía tambores de guerra (según la apostilla oficial del gabinete que preside Netanyahu). Sin embargo, no ocultemos nuestra perplejidad ante el segundo -y más provocador- mensaje implícito en la intervención israelí en plena mêlée regional.
Israel pretende, a ojos vista, allanar la senda conducente a la intervención americana en Siria para aniquilar, con la mayor brevedad, un régimen árabe territorialmente vecino, al que es afecta la república de Irán, país de militancia antisionista que Teherán no tiene empacho en declarar. Sin comentarios, ni aditivos.
Obama, por su lado, sigue haciendo equilibrios entre su cabal sentido de la responsabilidad internacional, y la reserva política que dictan a Estados Unidos las consecuencias lamentables que su intervención armada generó en Iraq, en particular durante el período posbélico desde 2005 en adelante. Si es cierto que la Casa Blanca advirtió al régimen sirio que hay líneas rojas que no deben ser burladas, no menos cierto es -para enojo del presidente- el hecho de que Israel acaba de hacer uso de su superioridad armamentista y estratégica (desde los Altos del Golán) en una coyuntura en la que cierto comedimiento habría sido altamente aconsejable.
Otro “chispazo” colateral, proveniente de la dimensión multilateral que ha ido adquiriendo el dossier Siria, ha saltado a la información mundial. A saber: en la pequeña ciudad turca de Reyhanli, situada a 5 km de la frontera siria, se calcula que han perecido 46 víctimas y se ha registrado más de un centenar de heridos. Portavoces turcos autorizados han sopesado desde Ankara la cuestión de quiénes pueden haber sido los autores de un atentado de tal magnitud local. Se apunta a varios presuntos responsables: los enemigos de la tregua convenida entre el gobierno de Ankara y el PKK (Partido Comunista Kurdo); los servicios secretos sirios, que Erdogan tiene por fautores probables del atentado; o, faute de mieux, se sospecha de una “mano negra”, de la que no se han detectado indicios relevantes hasta el momento.
Hasta estas calendas del mes de mayo, no solo los contendientes internos de Siria son sospechosos de traspasar las líneas rojas que Obama hizo públicas al régimen sirio y a la heteróclita oposición que lo combate con pertinacia, sino que Israel ha cruzado también esas líneas al golpear tres importantes reductos armamentistas de Siria. Asimismo, ha conculcado las reglas del juego en vigor el presunto responsable del atentado fronterizo de Reyhanli, quienquiera que haya sido la mano homicida.
Un alto comisionado de Naciones Unidas -la Sra. Navi Pillay, del área de Derechos Humanos- viene alarmando a la opinión pública internacional sobre la gravedad de la situación en Siria, y, de paso, haciendo un llamamiento a las potencias más implicadas en tal escenario geopolítico, para que realicen entre todas un esfuerzo encaminado a detener la espiral de masacres que sesga en Siria vidas inocentes por centenares cada día sangriento que transcurre, al tiempo que nutre las filas de un éxodo perturbador del frágil ajedrezado fronterizo de Oriente Próximo.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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