Aznar, Rajoy y las dos almas del PP
José Antonio Sentís
x
directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 22 de mayo de 2013, 20:43h
“Lo que faltaba”, fue ayer la expresión más extendida entre el aparato del Gobierno y del PP tras la intervención de Aznar en Antena 3, altavoz elegido para recordar que el suyo es un partido de clases medias vapuleadas, de principios liberales vulnerados y de programas y liderazgos preteridos. Y, efectivamente, era lo que faltaba en el sentido más lato del término, porque todo esto estaba ausente, postergado, olvidado.
El escándalo en la corte de Rajoy, que aúna sus tropas con la fidelidad de los últimos romanos de Constantinopla, sin enterarse de la amenaza que rodea sus murallas, es monumental y tiene un deje faltón, como si en el poder del PP se hubiera instalado hacia su pasado la inquina de la izquierda y de algún grupo mediático que nunca ha abandonado ni abandonará a Aznar, al que con razón guardan resentimiento, porque es quien mostró que el PSOE no tenía obligatoriamente el derecho a gobernar España. Y es quien le condenó a una travesía de desierto en el liderazgo que le llevó a error tras error, incluyendo el peor de todos, el de su ruina: el error Zapatero.
La caricatura de la izquierda sobre Aznar la redibujan ahora los sucesores de Aznar. Como siempre, con más fervor papista que el del propio “Papa” Rajoy, prudente hasta la exasperación, como casi siempre. Y bastantes de estos nuevos pretorianos de Rajoy (que lo fueron de Aznar) parecen conversos dispuestos a defender su certificado de pureza de sangre otorgado por el favor silente del líder, del que saben que no es demasiado expresivo, pero que tampoco es de los que olvidan la desafección. Sin recordar que la memoria no es siempre sinónimo de represalia, y que no hace falta con Rajoy ser alfombra, sino mobiliario de sentido común.
Pues bien, estos nuevos legionarios de la cruzada que ni el mismo Rajoy pretende, se han lanzado en plancha contra Aznar, sin más acompañante que su estómago y con poco descanso en su cabeza. Era “lo que les faltaba” para tirarse de los pelos, cuando debería ser lo que les falta para situarse en la realidad.
En el PP dominan ahora los que se creen conminados iluminadamente al discurso de lo inevitable. Nunca hay más opción, no existe más alternativa, no hay otro remedio. Y han internalizado tanto ese pensamiento que sólo encuentran enemigos o traidores. Pongamos que, a lo mejor, se equivocan.
Si la razón mandara sobre el estómago, algunos de quienes han puesto el grito en el cielo porque Aznar reclame bajadas de impuestos, acciones de defensa de las clases medias, ofertas veladas sobre retornos improbables, acción contundente sobre desafíos nacionalistas, podrían, esos mismos, pensar un poco en el fondo y preocuparse menos en la forma siempre desafiante, pero siempre clara, del anterior líder del PP.
El Partido Popular está perdiendo votos a chorros. Y no le cabe el consuelo de que también lo haga el PSOE. Y no está en retroceso tanto por sus objetivos políticos y económicos, que sólo se podrán juzgar cuando se desempolve algo la espesura de la crisis, como por la forma de actuar contra todos y cada uno de los sectores sociales que fundamentan su ADN. Por su forma de poner a sus aliados en el ara de los sacrificios para conjurar las iras de los dioses de la crisis. A sabiendas de que los adversarios jamás quedarán satisfechos ni con guiños socialdemócratas ni con dádivas nacionalistas.
Y como Rajoy ha decidido entregar su posesión más preciada, las clases medias, para mostrar su determinación para combatir la crisis incluso contra sus intereses, cada vez quedan menos que puedan jalearlo. A lo sumo, comprenderlo con un esfuerzo de racionalidad (los votantes que le quedan, bastantes porque son de un género especialmente cuerdo). Pero no porque reciban un cariño, una atención, una promesa, una esperanza.
Y en esto irrumpe Aznar y recuerda de dónde viene el PP y cómo puede continuar si quiere salvarse de la catástrofe. Y van los lemmings de la corte de Rajoy y le dicen que no les moleste en su cabalgada hacia el acantilado, donde están deseosos de despeñarse.
Pues bien, todo esto debieran leerlo al contrario. Lo que ha hecho Aznar es una contribución impagable para el PP y para Rajoy. Porque, sin discutir el liderazgo (lo que Aznar y cualquiera saben, porque es literalmente imposible en este momento) lo que sí ha hecho es recordar a los votantes del PP que ese partido al que votaron está como está por una excepcionalidad histórica, pero tiene una tradición que permite la vuelta a los orígenes. Que existe el alma de Rajoy, pero también el alma de Aznar. Es decir, que pueden mantenerse en el PP tanto si creen en la esfinge o en las pirámides.
Yo no puedo descartar que a Aznar le hayan irritado, además de las líneas estratégicas, algunas personales. Eso es humano. No es de recibo que te toquen la familia, ni que busquen contigo una metáfora de la muerte freudiana del padre. Pero creo que el problema que denuncia Aznar, muy por encima de todo, es profundamente político. De dónde viene el PP y a dónde va.
Sin Aznar, y lo que éste representa, el PP cabalgaría cojo, en la carrera electoral, pero también en la supervivencia nacional. Y eso Rajoy puede saberlo, o no, pero lo que queda claro es que muchos suicidas entre los suyos lo han olvidado, con una soberbia de párvulos. Más valdría que en vez de sentirse ofendidos, hicieran un poco de caso al que los llevó a salir de la sumisión política a la que parecía condenada la derecha española.
Me gustaría que Rajoy tuviera éxito en su intento honrado por salir de la crisis. Pero creo que incluso así se puede dejar tantos pelos en la gatera que ni él mismo vería su victoria, abrumado por la desafección de los propios y de los extraños. Pues quizá Rajoy pueda demostrar que ha sido un buen presidente el Gobierno, lo que lógicamente (por la crisis) aún no ha podido hacer, pero hasta podría ser demasiado tarde. Como el corredor que hace la vuelta más rápida, pero queda segundo.
En el otro lado del espejo, Aznar sí demostró ser un gran jefe de Gobierno, y un gran jefe de partido. Tanto como para que los adversarios le odien como a ninguno, aunque lleve casi doce años fuera de la política. Tanto como para que se le persiga aún en las portadas, como si le tuvieran miedo, que lo tienen.
No es, por tanto, lógico que los suyos no le atiendan algo, cuando los contrarios le atienden tanto y tan agresivamente. Que no aprovechen en el PP esa parte nuclear de su alma, la proactiva, la de las convicciones por encima de las situaciones. Pues no sé dónde está escrito que la perseverancia sea antitética al liderazgo, que el sentido común esté reñido con la determinación, que la negociación excluya la firmeza o que la conveniencia excluya los principios.
|
Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
|
directorgeneralelimparciales/15/15/27
|