¿Berlusconi condenado e inhabilitado?
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 26 de mayo de 2013, 19:47h
La fiscal de Milán, Ilda Boccassini, pide una condena de seis años de cárcel y la inhabilitación perpetua del ex Presidente del Gobierno italiano, Silvio Berlusconi, por los delitos de inducción a la prostitución de menores —un año—y abuso de poder —cinco años— en el llamado caso Ruby. Según la valiente y determinada jueza, existía un “sistema de prostitución organizado en la mansión de Arcore para la satisfacción de su placer sexual”. Aunque habrá que esperar hasta el 24 de junio para tener una sentencia firme, en Italia ya ha empezado el debate. Si algunos no parecen alegrarse ante la posibilidad de que un magistrado, una mujer, pueda frenar los abusos del dueño del Pueblo de la Libertad, otros celebran la sentencia como una posible “salvación” para el país.
Por su parte, Berlusconi está utilizando las artimañas y la retórica de siempre: mientras parece saber como “convencer” a los testigos a cambiar constantemente sus declaraciones, lamenta sentirse perseguido por la justicia, acusando a los jueces de estar politizados. Y al mismo tiempo, sus televisiones relatan una versión paralela del proceso, menospreciando a Ilde la Roja (así llamada, tal vez, no sólo por el color de su pelo) y narrando una historia funcional a la voluntad de su dueño. No debe extrañar: la televisión ha representado el vehículo clásico y principal de persuasión y propaganda política, mostrando a Italia, según la voluntad de su dueño, como el país de las maravillas. Viendo el caso italiano, el norteamericano Alexander Stille afirmaba que se trata de “una nación con 58 millones de personas rehenes de los intereses de un hombre y de su sociedad”. Berlusconi es el prototipo del líder mediático, capaz de interpretar las reacciones del hombre de la calle, utilizando el medio de comunicación más presente en la intimidad del hogar. Se trata de una mezcla de intuición e improvisación con una parte de cálculo. Y en este contexto, adquiere especial gravedad la manifestación de apoyo a Berlusconi llevada a cabo en Brescia, un acto organizado por su partido, el PDL, tras la última condena judicial. No se trata de cuestionar el derecho a manifestarse (legitimo, aunque quizás hay causas que lo merezcan más…), sino que resulta difícil entender la participación de miembros de un Ejecutivo en un evento contra la magistratura. Es difícil entender que un Ministro como Alfano participe en una manifestación a favor de Berlusconi y contra una sentencia de la Magistratura: Separación de poderes, independencia del poder judicial y Montesquieu son conceptos fuera del alcance y de la comprensión de los parlamentarios y ministros de PdL.
Finalmente, aunque la historia contiene todos los elementos para convertirse en una ficción de éxito (sexo, poder, traiciones…), se trata de un asunto grave que, no obstante, parece interesar poco a los italianos: será porque el país sufre problemas más serios o porque los italianos están cansados de estas historietas de “bajo imperio”; pero en Italia no se habla demasiado del asunto. Preocupa más la estabilidad del nuevo Gobierno, cuya formación no puede dejar de considerarse como una victoria del mismo Berlusconi, que ha demostrado una vez más su habilidad y conocimiento del marketing político y del funcionamiento de la precaria y debilitada democracia italiana. Pese a perder seis millones de votos (tras la deplorables experiencias de Gobierno), Berlusconi ha sacado el máximo provecho de los errores (múltiples) del Partido Democrático y la inconsistencia del Movimiento 5 Estrellas, consiguiendo un peso fundamental en el nuevo Ejecutivo. Si para el PD y, sobre todo, para la opinión pública de izquierdas, este Gobierno de coalición parece una tremenda derrota tras dos décadas de demonización del caimán, Berlusconi cuenta una vez más con la posibilidad de decidir la supervivencia del ejecutivo. Por eso, el nuevo presidente, Enrico Letta, sabe que le espera un autentica obra de equilibrismo político, mientras Berlusconi le forzará constantemente a un duro pulso interno. Además, si las encuestas a favor del PdL aumentan –como están aumentando-, Berlusconi endurecerá sus condiciones y exigencias. Así que la “inhabilitación perpetua” parece un precio que este Gobierno no está dispuesto a pagar. Mientras los italianos en el secreto de las urnas sigan votando a Berlusconi y negándolo públicamente por vergüenza, no parece tan fácil que Ilda Boccassini pueda ganar este partido.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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