Los últimos datos de paro y empleo son buenos. Lo importante no es el dato de mayo, sino, como comparamos en estas crónicas, los datos de los primeros cinco meses de este año y del anterior. Y lo que arroja esa comparación, ya lo dijimos, es positivo. Esa evolución, ¿es una indicación de que algo está mejorando en la economía española?
Por lo que se refiere a los datos del paro, pueden no ser del todo fiables, a tenor de lo que dice Ángel Laborda, director de coyuntura de Funcas, en un
artículo del diario El País: por un lado “la oferta de trabajo, es decir, la población activa, está disminuyendo”, es decir, que la gente deja de buscar trabajo, desanimada. Muchas veces hemos dicho en estas crónicas que llegaríamos a ese punto. Y por otro, “probablemente un número creciente de parados ya no utiliza las oficinas públicas para buscar empleo”. Por eso insisto en que lo relevante son los datos de empleo, pero como señala Laborda, “el ritmo de destrucción de empleo se está reduciendo notablemente”. Y esto sí es significativo.
Según señala Laborda en su artículo, los datos que van recogiendo de producción y demanda le permiten señalar lo siguiente: “podemos estimar provisionalmente que la caída del PIB en el segundo trimestre ha podido reducirse a unas dos décimas, frente a cinco décimas en el primero y ocho en el cuarto del pasado año”. Es decir: “la recesión puede tocar fondo en la segunda mitad del año. Pero sería catastrófico que todo esto llevara a una relajación en las duras tareas de ajustes y reformas que aún quedan por hacer”.
Este es el análisis de Funcas, y lo es también del BBVA: “la tendencia en las variables observadas hasta el momento sugiere que la economía española estaría próxima a tocar fondo (entre -0,3 y 0,0 por ciento intertrimestral)”. Esta evolución, que señala en su último
Observatorio Económico de España, se debe sobre todo a “la desaceleración en el ritmo de ajuste fiscal (tras el elevado esfuerzo realizado durante el segundo semestre de 2012), la resistencia de la actividad exportadora al entorno recesivo en Europa y, finalmente, la consolidación de la relajación de las tensiones financieras”. Todo ello lleva a una mejora en el sector exterior, lo acaban de señalar, pero también en la demanda interna. Y esto último lleva a pensar en una genuina recuperación de la economía: “Por el lado de la demanda doméstica, las variables disponibles de gasto en consumo de los hogares, (confianza, ventas minoristas y matriculaciones) muestran una menor presión a la baja y, en algún caso, crecimientos durante los primeros compases” del segundo trimestre. Es decir, estamos en el punto de inflexión.
Todo ello, además, en un momento de relajación de las tensiones en Europa, y de un creciente optimismo.
SoberLook ha llamado la atención sobre un indicador relevante. Es la primera vez que lo comentamos en estas crónicas. Se trata de
Indicador Compuesto del BCE sobre el Estrés Sistemático. Es exactamente lo que dice su nombre, y aprecia varios aspectos importantes de la salud financiera en este caso de la zona euro. Ese indicador es mejor cuanto más cercano sea a cero. Y se ha movido entre cero y 0,2 en casi todo el período desde la creación del euro y julio de 2008. Entonces inició una carrera que lleva a los datos a una montaña rusa que parece haber llegado a su fin: En el último día de mayo está en los 0,0597 puntos.
El economista jefe de Credit Suisse señala
tres razones para el optimismo en Europa: La relajación de las políticas de austeridad, la defensa del euro por parte del BCE y la recuperación de la competitividad y de los balances externos positivos por parte de los países periféricos europeos, como España, a la que cita expresamente. Los datos y los análisis se pasan ahora al plato optimista de la balanza.