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Los justos entre las naciones

viernes 02 de mayo de 2008, 21:58h
“Hasidei umot haolam”, “Los justos entre las naciones”, bajo este nombre se conoce a los hombres y mujeres que a lo largo de la Segunda Guerra Mundial se jugaron el pellejo para salvar la vida de miles de judíos condenados a ser aniquilados por la maquinaria nazi. Un ejército de valientes, que sin distinción de nacionalidad, condición social, género y edad, clandestinamente se sublevó al la brutalidad del régimen de Adolf Hitler, con las armas de la piedad y la compasión.

Aún cuando la mención de la palabra Holocausto trae automáticamente diapositivas en blanco y negro, con desgarradoras imágenes de prisioneros famélicos, torturados y a punto de la inanición en los campos de exterminio, también la Shoa cuenta entre líneas, la historia de individuos que vivieron ese horror al otro lado de la barrera y se rebelaron contra él, con el humilde gesto de esconder, proteger y salvar a los judíos del destino al que estaban condenados. Quizá el más famoso de estos personajes sea Oskar Shindler, el empresario natural de Svitavy (Moravia) que salvó a más de 1.200 vidas, gracias al salvoconducto de una lista que el director Steven Spielberg hizo célebre, a través del galardonado film “La lista de Shindler”.

Sin embargo, Oskar Shindler no fue el único en esta iniciativa. En 1944 el diplomático español encargado de negocios de la Embajada de España en Hungría, el zaragozano, Ángel Sanz-Briz, le proporcionó documentación y sacó del país ocupado a 5.200 judíos que corrían el riesgo de ser víctimas de la feroz purga nazi, que tenía como propósito de diezmar a las 750.000 personas que conformaban la judería húngara de la época, de las cuales 440.000 fueron deportadas directamente a Auschwitz.

Pero la salvación no sólo llegaba en manos de diplomáticos o empresarios, también vino del esfuerzo de gente humilde y sencilla, que con pocos recursos hizo todo lo posible por garantizar la vida y la dignidad de los perseguidos, un buen ejemplo de ello fue el matrimonio de Jan y Miep Gies. A lo largo de un año la joven pareja ayudó a ocultar a tres familias en un ático, entre las que se encuentra la de Otto Frank. El padre de aquella joven llamada Anna que escribió un diario que ha recorrido el mundo entero.

Probablemente el mejor caso de solidaridad lo encontramos en la pequeña villa francesa de Chambon-sur-Lignon. Allí los 5.000 habitante de la región de Le Chambon, liderados por los ministros de la iglesia protestante, los reverendos Andre Trocme y Edouard Theis, ocultaron en sus hogares a todos judíos que residían en la localidad para que no fueran deportados por las tropas nazis.

Estos breves relatos demuestran que detrás del terror y la miseria humana que enmascara el genocidio, siempre se cuela un pequeño grupo de hombres y mujeres, cuya buena voluntad proporciona una pequeña luz de esperanza cuando todo se ve perdido, rescatando lo mejor de nuestra condición como seres humanos. Shindler, Sanz-Briz, los Gies y una aldea entera, no se dieron el lujo de convertirse en cómplices. Ellos fueron los grandes disidentes del horror y la injusticia de toda una época, para convertirse en “Los justos entre las naciones”.

Sabrina Gelman

Periodista

SABRINA GELMAN BENDAHAN es periodista e investigadora del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset en Relaciones Internacionales de Europa del Este y Rusia.

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