Nelson Mandela, el arte de la política
Juan José Laborda
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sábado 29 de junio de 2013, 00:31h
Las noticias sobre una mejoría de la salud de Nelson Mandela nos ha alegrado a millones de seres humanos que hemos visto en él la personificación de la política. La política como arte para construir Estados basados en la ley y donde sus habitantes viven con la seguridad de poseer Derechos que están por encima de los poderes políticos, económicos o de cualquier otra naturaleza.
Nelson Mandela nació el 18 de julio de 1918. Su larga vida, y sus 27 años de cárcel, nos muestran la vertiginosa aceleración del tiempo histórico que él ha protagonizado. Luchó contra un régimen que negaba a muchos seres humanos la condición de iguales ante la ley. En la Sudáfrica del apartheid, segregando por la fuerza a la mayoría que no era blanca; por los mismos años, en Estados Unidos, los negros, en algunos Estados, tenían que sufrir discriminaciones en la escuela, en los servicios públicos y en el trabajo.
Dos procesos que en estos días simbólicamente coincidirán.
Este fin de semana, el presidente Obama visitará oficialmente el país que Nelson Mandela fue capaz de crear. Obama es hijo de un movimiento igualitario que se aceleró con las medidas espectaculares que logró aprobar el presidente Lindon B. Johnson; el mismo que dimitió por sus fracasos en Vietnam.
Mandela es un gigante a su lado: él fue el artista político que creó la nueva nación de sudafricanos iguales. ¡Los héroes como él consiguen, a veces, mover la historia de un pueblo!
Nelson Mandela defendió la lucha armada contra el régimen racista que gobernaba en su país. Había defendido como abogado a los militantes del ANC (Congreso Nacional de Sudáfrica), el movimiento político que se oponía a la minoría que gobernaba entonces. Por esos dos motivos, Mandela fue condenado a cadena perpetua. Era el preso 446/64 en la cárcel de Robben Island, y con ese número fue conocido en el mundo.
Su trayectoria recuerda a la de Mahatma Gandhi, el líder que logró la independencia de la India. Gandhi vivió en Sudáfrica, el partido del Congreso de ese país está inspirado en el partido del Congreso indio, y las ideas pacifistas de Gandhi arraigaron en militantes como Mandela.
Ese pacifismo fue relegado en los años sesenta del siglo pasado por varias causas. La primera, porque la lucha armada tuvo prestigio debido a los procesos revolucionarios con los que países como Argelia, Vietnam, etcétera, conseguían su independencia. Segunda, porque la Guerra Fría era una guerra de verdad en grandes áreas del llamado entonces Tercer Mundo. Y la tercera, porque el régimen racista de Sudáfrica estaba expulsado de la ONU por sus rasgos abominables.
En esas condiciones, Nelson Mandela hizo la grandiosa tarea de conducir el ANC de sus tesis revolucionarias, a sus propuestas de reconciliación nacional, por las que se hizo famoso. Mandela, como Gandhi, fue un artista que creó la nación. Pero tuvo más éxito, incluso éxito vital personal. Mientras Gandhi fue desplazado por líderes más políticos, como Nehru; no pudo evitar la secesión y guerra con Paquistán; y fue asesinado por un fanático; Nelson Mandela ha triunfado en retos comparables.
Mandela fue el primer presidente de una Sudáfrica democrática, plural y unida.
Sudáfrica tiene una diversidad humana casi tan grande como la de India; en su Constitución, por ejemplo, se consagran 11 idiomas oficiales diferentes. Dentro de la mayoría de africanos, los zulúes han tenido unas relaciones muy conflictivas con los bantúes, y no hay más que conocer lo que sucedió en Ruanda para comprender la fuerza moral de Mandela construyendo la plural nacionalidad sudafricana. ¿Y cuál fue su secreto? Porque lo hizo con reglas democráticas, con el Derecho, reformando con paciencia histórica, en lugar de esperarlo todo de una revolución definitiva. En eso si se encuentra el ejemplo de Gandhi.
Yo tuve la fortuna de conocerlo y saludarlo en diciembre de 1994. Fue en Maputo, la capital de Mozambique, cuando representé a España en la toma de posesión del presidente Joaquim Chissano. Mozambique acababa de finalizar una guerra civil de ¡15 años! que había dejado devastado el país hasta limites inconcebibles; el territorio estaba sembrado de minas, y miles de mutilados, de todas las edades, eran el testimonio de un horror cotidiano.
Nelson Mandela era el símbolo de una nueva era para Mozambique y para Sudáfrica. Él estaba vinculado al FRELIMO (Frente Liberación de Mozambique), el partido de Chissano, que había ganado las primeras elecciones democráticas, con 129 escaños. La vinculación era también personal, pues Mandela contraería matrimonio con la viuda de Samora Machel, el primer presidente del FRELIMO. Pero el símbolo fue que Mandela abrazase a la vez al presidente electo, Joaquim Chissano, y a su rival en la guerra, Afonso Dhlakama, el líder del RENAMO (Resistencia Nacional de Mozambique), que había logrado 112 escaños. “Frentes”, “Resistencias”, violencias, toda esa retórica bélica de aquella época terminaba con el mensaje de reconciliación de Nelson Mandela.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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