El dos de mayo de 1853 venía al mundo en Palma de Mallorca un niño que fue bautizado como Antonio, Antonio Maura y Montaner. El padre, Bartolomé Maura, tenía un negocio de curtidos. Era una empresa veterana y próspera, aunque modesta, situada en el puerto, en la calle de la Catatrava, apartada de los mejores barrios de la ciudad. El taller estaba instalado en los bajos de la casa familiar, que daba al mar. La madre, Margarita Montaner, era una mujer profundamente creyente. En total, Antonio tuvo nueve hermanos: cinco mujeres y otros cuatro varones...¿Cómo confeccionó esta biografía? ¿Cómo es el proceso de documentación y desarrollo?En una biografía siempre queda el sello del autor, se requiere una cierta imaginación para volver a reconstruir el proceso metal o los motivos de las decisiones que llevaron a las personas a hacer lo que hicieron. El papel del autor es importante, particularmente en este género.
¿Ha dado, desarrollando esta obra, con nuevas aristas de Maura?Sí. Al escribir una biografía siempre hay que reconstruir una consistencia, un núcleo profundo de donde sale todo lo demás. Sí que han salido cosas, he tenido que reflexionar largo sobre un personaje como Maura, muy complicado, no en el sentido de que sólo se dedica a la política pero sí porque se puede ver desde muchos puntos de vista, y es ahí donde surgen las novedades.
En las páginas dedicadas al primer intento reformista habla de que Maura se lleva un "baño de realidad" en el que descubre "maniobras, corruptelas y hasta violencia para ganar un escaño". El contexto político es muy diferente del actual. El de Maura es el de la Restauración en su última etapa, un régimen muy consolidado que ha logrado superar crisis muy fuertes, la muerte de Alfonso XII, la sucesión, la regencia, luego la guerra de Cuba… y que, llegado ese punto, ha incorporado los grandes derechos fundamentales que habían sido legislados en 1812 y luego en la Constitución del año 69. Es un régimen liberal puro, homologable con los de su época en el resto de Europa y que se enfrenta al mismo problema que los demás, que es democratizarse. Y la democratización de un régimen liberal es siempre muy complicada porque en él gobiernan élites y, en cambio, un régimen democrático es abierto a la participación de todos. Pasar de uno a otro es exactamente el punto en el que estuvo Maura.
Lo ubica allí donde "el liberalismo y el conservadurismo resultan casi indistinguibles, de tanto como el argumento que sustenta al uno sostiene también al otro". Don Antonio entró en el Partido Liberal. Luego, por diferencias con este, en el que dejó de creer como instrumento para su proyecto democratizador, pasó al Conservador. Lo que quería decir con esa frase es que el Partido Liberal y el Partido Conservador tenían diferencias muy grandes pero, al mismo tiempo, comparten un consenso de fondo muy consistente acerca del régimen. Es decir, que la primera función de un régimen político es defender los derechos humanos, y eso lo comparten, aunque no siempre sacan las mismas conclusiones, como en las relaciones con la Iglesia. Ante la democratización, los dos podrían haber llegado a un acuerdo más sustancial del que llegaron.
"Maura no parecía un dirigente al uso. Su soberbia, su impasibilidad, su desdén, le convertían en un personaje de dimensiones propias, blanco fácil de las campañas que él mismo parecía provocar". Es un personaje que llega a Madrid desde Palma, de una familia ni mucho menos rica. No sabía bien castellano entonces, hablaba mallorquín. Llega además a Madrid en un momento complicado, que es la revolución del 68, y es un
outsider, un
outsider que pasa a ser en muy poco tiempo uno de los ejes fundamentales de la vida madrileña. Un personaje de provincias en el sentido más estricto de la palabra que llega a primera línea y con una casa en El Retiro, en el sitio más caro de Madrid. Eso le da una seguridad tremenda. Además, es muy consciente de su valor, de su inteligencia y es un personaje muy característico del liberalismo: sabe que tiene que enfrentarse a la democratización. Le gusta el parlamento, hablar ante la gente y quiere la movilización de la gente, pero, al mismo tiempo, no deja de ser un hombre que dice las cosas como se decían las cosas en tiempos de liberales, entre élites. El contraste es profundo y muchas veces saltan chispas. La relación con la prensa es muy difícil, parece desdeñarla y no tener en cuenta que vehicula la opinión pública en un sistema democrático. El personaje aparece como soberbio, arrogante y, efectivamente, con enormes respuestas, muy violentas algunas veces.
¿Con qué izquierda convive?Maura hace en el Partido Conservador algo que es la transición desde el partido estrictamente liberal de Cánovas a un partido democrático o, por lo menos, predemocrático, que es el suyo. Lo consiguen él y Francisco Silvela. Esa transición no se hace en el Partido Liberal, tarda mucho más. Lo llegaría a hacer si Canalejas hubiera seguido vivo, si no lo hubieran asesinado en el año 12, y el Partido Liberal es un partido dividido, enfrentado, con familias. No tienen una estrategia clara, definida, y entonces pueden llegar a relacionarse con los republicanos. Es una izquierda muy dividida, sin discurso, sin plan democratizador.
¿Cuál es el peso de la economía en el hacer de Maura y sus postulados?No la consideraba lo más importante, es un hombre más político que económico, de ahí el título
La política pura. En el tema económico es un hombre muy de su época, que tiende a ampliar la dimensión social del Estado, muy típico de los conservadores del XIX y particularmente de los neoconservadores, que vienen del campo liberal, con grandes programas muy discutidos en la época de reducción de jornada de trabajo, protección a las mujeres, a los niños o contrarios al trabajo los domingos, a lo que mucha gente que se oponía, aunque parezca mentira. Aparte, él tiene una idea proteccionista que anticipa lo que será el Estado o bien socialdemócrata o bien socialcristiano, me da igual la perspectiva, pero un Estado con capacidad de intervención fuerte en la economía, producción, control de los medios e incluso distribución de ciertas cuestiones. Un programa polémico para la época pero muy del siglo XX.
¿Cómo lidió con el nacionalismo?Es uno de los temas importantes de Maura. Don Antonio y Silvela toman una decisión de larguísimo alcance y es dejar en manos de los catalanistas, como se decía entonces, nacionalistas de derechas, la representación del conservadurismo en Cataluña. Es una decisión de una dimensión gigantesca que ha pesado muchísimo en la historia de España y que, de hecho, sigue teniendo vigencia. Él piensa que la autonomía de las regiones, -él era mallorquín, muy sensible a la diferencia cultural-, era garantía de revitalización del sistema. Es muy interesante el asunto y al mismo tiempo muy actual.
También la Corona. Maura dice algo así como que pensar España sin la monarquía es como pensar la realidad sin la ley de la gravedad. La relación con la monarquía no es sencilla porque pasar de un sistema liberal a una democracia, el rey tenía que tener cuidado con sus prerrogativas. Maura intenta encontrar una vía de tránsito entre el liberalismo y la democracia. Aquí fallaron muchas cosas. Alfonso XIII es un rey un poco regeneracionista, se sentía comprometido con su país y pensaba que tenía algo que hacer y decir, y en ese sentido quizá toma la iniciativa demasiadas veces. Las cosas no funcionaron como debían haber funcionado.
¿Eran en aquellos años los partidos, como parece a través de lectura del libro, bloques menos tibios y no tan generales o amplios como los que ahora conocemos?Salvo el Republicano de Lerroux y el inicio del Conservador de Maura, que luego no continúa, eran partidos de minorías. Ahora recogen a mucha gente y hay otra gran diferencia, que es que no tienden a poner directamente en cuestión la naturaleza misma del sistema, como ocurrió en aquellos tiempos.
¿Y sus responsables? ¿Era más pura la política?Según. La monarquía constitucional era un sistema considerado profundamente corrupto. El caciquismo y la oligarquía permitían que las élites se reprodujeran sin apelación al conjunto del electorado. Eso sí, los políticos eran personas más prestigiosas, consideradas, con conocimientos que ahora no tienen y formaban parte de una élite. Cada sistema tiene sus inconvenientes. Hoy tenemos un sistema plenamente democrático y no hace falta pertenecer a clase alguna para pertenecer a la política.
Como expresidente, Maura no se dio por vencido. Muy anclado esto a nuestros días. Es una cuestión interesante que se puede leer desde la actualidad. Maura consideró que lo habían echado, que no se habían respetado las formas a la hora de apartarle del poder. Podría haber creado un partido distinto y no lo hizo porque se identifica plenamente con el Conservador. Es un personaje de una estatura tan enorme y una visión estratégica tan poderosa que no se le puede dejar de tener en cuenta y, al mismo tiempo, él se niega a participar si no se vuelve a la política anterior a 1909, que es cuando le echaron. El personaje seguía suscitando una enorme simpatía para una buena parte de la opinión pública, que se identifica con él, pero él no da el paso.
¿Qué significado político tienen las más recientes intervenciones de José María Aznar? Las palabras de un personaje como Aznar, como lo eran las de Maura, nunca son neutras y tienen efectos inmediatos. No es un comentarista cualquiera o un analista político más, es alguien que ha marcado la historia política española con mucha fuerza. Dicho esto, no creo que la posición de Aznar tenga repercusión más allá de dar testimonio de lo que cree que es la realidad española y la posición que debería adoptar el Partido Popular. El PP, como el Partido Conservador de Maura, es una creación personal. Aznar siente el PP como una parte muy importante de un legado propio. Siente que le afecta personalmente. Sus palabras deben por tanto ser entendidas en ese terreno.
¿Dónde está hoy Maura? ¿En qué ideas, siglas o personas?Hay quien dice, y yo creo que tiene razón, que Maura fue el político más importante del siglo XX español. Quien retoma el legado de Maura, y esto no he sido yo el primero que lo ha dicho, pero conviene recordarlo, es precisamente Aznar. Suárez democratiza la vida española, crea una organización política y tiene un papel esencial, pero no un verdadero partido democrático desde la derecha. Y quien lo hace y lo consolida es Aznar. La campaña "¡Maura no!", que nace en 1903 y se produce ya toda su vida, pasó por la cabeza de Aznar sobre todo en tiempos de Irak. Se reeditaba el acoso personal, la animadversión de la izquierda española. El recuerdo de Maura ha sido muy importante en la política española contemporánea. Hay quien piensa que puede ser un lastre, por las características de Maura, y quien lo ve, como piensa Aznar, como un acicate.