Bárcenas y el PSOE, eufóricos
jueves 18 de julio de 2013, 11:44h
Tras las deposiciones judiciales del ex tesorero del PSOE Luis Bárcenas, que han sembrado la duda sobre el pasado financiero del PP, el estado de ánimo general en la política española está en efervescencia.
Para algunos, los populares, hay más tensión que depresión, a la espera del movimiento de Rajoy, previsiblemente con una comparecencia en el Parlamento a petición propia para desactivar el farol de la moción de censura sui generis anunciada por Rubalcaba.
Pero, para los socialistas, su momento psicológico es de euforia. Creen que, después de una travesía del desierto no demasiado larga, su oponente político está contra las cuerdas, pese a su mayoría absoluta. Y eso ha llenado de agitación a los dirigentes de Ferraz. Paradigmática fue la intervención reciente de Soraya Rodríguez, que en un estado parecido al nerviosismo, recomendaba a los populares “que no se pusieran nerviosos”.
Los socialistas sí están expectantes. No porque crean que pueda haber asuntos judiciales decisivos que inhabiliten a Rajoy, pero sí piensan que de ésta no sale en lo político y en su fama personal. Y, para ello, además de la ofensiva parlamentaria también contarán con la inestimable ayuda de las plataformas de izquierda, tipo Ada Colau, que no dedica muchos minutos a protestar por la corrupción socialista de los eres, pero sí a cercar las sedes del PP.
Esta euforia socialista es compartida por Luis Bárcenas en su prisión, donde aparenta seguridad y capacidad de influencia, como ha relatado La Razón, incluso “regalando” terceros grados a sus compañeros gracias a su amistad (probablemente ya antigua, aunque él no lo crea) con el director de Instituciones Penitenciarias, Ángel Yuste.
Creen los psicólogos especialistas en el comportamiento de los recién ingresados que ese comportamiento es ya un clásico. Y corresponde a aquellos reclusos que creen en su inmediata libertad. Y también dicen que esa euforia se torna en depresión cuando los presos ven que la libertad no está a la vuelta de la esquina, como ya se está demostrando con Bárcenas, a quien la Fiscalía propone mantener entre rejas ante la evidencia de que manejó su dinero hasta una semana antes de su ingreso carcelario.
Y, además, Bárcenas, hábilmente aconsejado por quienes buscan la pieza mayor, no ha dudado en sacrificarse a lo bonzo. Y ha creído, tal vez con suma ingenuidad, que disparar contra Rajoy podría servirle de algo. Cuando el juez deje de llamarle para pedirle papeles del PP, tendrá que empezar a explicarle el origen de su fortuna, muchas veces mayor que cualquier sobresueldo que haya podido denunciar. Una fortuna que, ésa sí, empieza a permitir tipificaciones penales bastante más cuantiosas que las de los populares: cohecho, blanqueo, evasión de capitales, fraude fiscal, falsedad documental, tráfico de influencias… y hasta fraude en la contabilidad como tesorero, de lo que obviamente ya se ha autoinculpado.
Es difícil saber si la misma depresión que se presupone que sucederá a la euforia de Bárcenas le puede llegar también al PSOE. Todo depende de si Rubalcaba saca alguna ventaja de imagen en el Parlamento, o si no se le revuelven a él mismo los asuntos judiciales, como el de los eres andaluces, donde, hay que recordar, se habla de un negocio de 1.000 millones de euros, algo superior a los ocho millones a lo largo de 25 años por los que se investiga al PP.
La euforia socialista, como la de Bárcenas, puede aterrizar bruscamente en la realidad, cuando ambos se den cuenta de que no serán los del PP los únicos que deambulen en el futuro por los pasillos de las sedes judiciales.