La casilla correcta
martes 30 de julio de 2013, 20:18h
Vi la película hace tiempo, pero no había leído el libro. No recordaba con exactitud el argumento, sino que, como suele ocurrirme, retenía un conjunto de sensaciones, aromas y paisajes. Tenía un buen recuerdo. Y de unos meses a esta parte de vez en cuando venía un pensamiento a mi cabeza y me decía: “Tienes que leer Sostiene Pereira”. Una vez más, queda demostrado que son los libros quienes nos eligen a nosotros (para ser leídos y también para ser escritos), y no al contrario.
He leído Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi. He entendido por qué este libro quería que lo leyese y he entendido por qué quería que lo leyese justo en este momento. Ustedes perdonarán este estriptis y estas confesiones que a nadie más que a mí le importan, pero que te dejen escribir en un periódico permite en ocasiones estos desahogos. Este libro, como ocurre con todos los buenos libros, dice a cada uno lo que es necesario que esa persona escuche. Estén tranquilos, no voy a descender a los detalles… Pero, a la vez, como ocurre también con los buenos libros, dice algunas cosas que podríamos calificar como universales.
Perdonen que me ponga dramático (vuelvo a apelar a su paciencia), pero creo que nuestro mundo está yendo a peor. Se estropea por momentos. En una reciente entrevista, el historiador Josep Fontana afirmaba: “Quizás un día termine la crisis, pero no sabemos cómo será la salida de ella (…). Probablemente lo que se verá es que se han perdido muchas cosas que se habían ganado y que habrá que volver a conquistarlas”. Nosotros, los ciudadanos de hoy, somos los protagonistas. Nosotros, los que miramos por encima del hombro, pongamos por caso, la actuación de nuestros antepasados europeos de hace menos de cien años. Nosotros, los que condenamos sin paliativos ciertos hechos pasados, marcando claramente la casilla de lo que está bien y lo que está mal. Los que creímos haber alcanzado la estabilidad perpetua. El final de la historia del que hablaba alguno se revela como lo que es, ya sin máscaras.
Sostiene Pereira habla de muchas cosas, porque habla de la vida y de su celebración. Y nos interpela, nos llama a ser los protagonistas de la historia, a sumar nuestros pequeños actos heroicos cotidianos. Sostiene Pereira no solo es una lección de buena literatura, sino que es también una lección de valentía y de dignidad a la que hay que atender aunque solo sea para evitar que cuando lleguen otros y marquen la casilla nos coloquen bajo aquella que lleve la inscripción MAL.