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RESEÑA

Maggie O’Farrell: Instrucciones para una ola de calor

domingo 01 de septiembre de 2013, 12:48h
Maggie O’Farrell: Instrucciones para una ola de calor. Traducción de Sonia Tapia Sánchez. Salamandra. Barcelona, 2013. 320 páginas. 18 €
Instrucciones para una ola de calor es una soberbia novela que se inicia in media res: con la desaparición Robert Riordan, un hombre solitario que cambia radicalmente la rutina de toda su familia. Su retrato se conocerá solo a partir de los comentarios y los recuerdos de los familiares que al final la historia descubrirán los verdaderos motivos de este giro.

Maggie O’Farrell consigue de forma paradójica que la ausencia del padre de familia sea el punto clave que propicie la presencia de unos parientes dispersos. La situación excepcional de una ola de calor en Londres altera no solo la rutina de los Riordan, sino la de todo lo que les rodea y carecía de sentido: “Hablar era como deambular desorientado por un bosque de significados en el que nadie tiene nombre ni significado y los personajes aparecen y desaparecen porque sí”. El calor y la desaparición suponen un punto de inflexión para interiorizar en los auténticos cauces de la vida.

La autora, galardonada por otras de sus novelas con premios como Mejor Libro del Año 2007, otorgado por el Whashington Post, o el Costa Novel Award, vuelve a conmover a sus lectores con su prosa ágil, su capacidad de recrear caracteres completos que hacen de sus figuras personajes redondos. Los elogios corresponden también a la traductora Sonia Tapia que transmite el estilo con gran acierto.

La obra se va abriendo poco a apoco, descubriendo el mundo íntimo de los Riordan y ahondando en los conflictos personales. La presentación paulatina de cada uno de los miembros consigue sumergir al lector en un mundo del que no podrá salir fácilmente: la obra está escrita para empatizar con cada uno de los individuos. En primer lugar, aparece Gretta, la madre en el núcleo familiar de Londres; a continuación el joven profesor de historia Michael Francis, el hermano mayor, con la crisis matrimonial que vive y la responsabilidad de sus dos hijos pequeños, después Monica, la hermana mediana -y su pareja, el anticuario Peter- revela una crisis en su anterior matrimonio en el que estuvo a punto de ser mamá y que le costó el enfrentamiento con su hermana pequeña Aoife, quien tras eso y rebelada contra el mundo, se fue a vivir a Nueva York.

Maggie O’Farrell, de origen irlandés, escribe sobre su cultura ridiculizando con gran tiento algunos aspectos y elogiando otros muchos. La costumbre de poner nombre doble se plasma en la elección del de los nietos de Gretta, son demasiados nombres para unos seres tan pequeños. La fe de los católicos, los ritos y la comunidad que forman aparece como asunto en la obra, así como la recreación de una familia caótica que, sin embargo, mantiene la unión y la naturalidad frente a la rectitud y la disciplina inglesas.

Esta amena narración transciende la pura anécdota para retratar algo más profundo: el tema de la fragilidad de los momentos de plenitud en la existencia humana. Porque a veces “todo alrededor resulta tan familiar que es imposible saber en qué posar la mirada, como el que ya no oye las notas individuales de una canción conocida”.

Por María Jesús Paredes Aparicio
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