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Vivir después de la muerte

jueves 05 de septiembre de 2013, 20:33h
En Schleswig-Holstein (norte de Alemania) descubren con vida en la morgue de un hospital a una mujer dada por muerta, después de un accidente de coche donde no dio signos vitales ante el electrocardiograma realizado por los servicios de emergencia. La paciente fue traslada a cuidados intensivos tras descubrirse en la morgue del hospital que aún respiraba.

Todos hemos leído diferentes libros en los que se cuentan casos de personas muertas que vuelven a la vida, casi todos los pacientes coinciden en decir que se encontraban muy felices, que veían incluso a los médicos afanarse inútilmente para reanimarles y hacerles volver a la vida, o a sus deudos llorando, pero que ellos se resistían a volver ya que se encontraban en una especie de túnel en el que al final había una luminosa claridad donde les esperaban sus seres más queridos fallecidos antes, y una paz y un bienestar desconocido e inefable.

La muerte clínica se certifica ahora ante un electroencefalograma plano, algunas personas e incluso médicos piensan que el instante en el que el alma o hálito vital se desprende del cuerpo no está tan claro, se sabe que el último sentido que pierden los pacientes es el del oído por lo que se recomienda a los familiares o acompañantes que no hablen muy cerca y que si lo hacen sean palabras de cariño.

Todo hace pensar que esa energía vital existe y se traslada a otro lugar, en opinión de los filósofos y teólogos a otra “situación diferente”. Esa energía es la que nos mantenía en pie en nuestra vida terrenal y que el cuerpo en el fondo sirve para bien poco pues en un intervalo bastante reducido se va deteriorando a causa de enfermedades o del simple paso del tiempo y se entra en la llamada vejez. El cuerpo carnal tiene entonces una caducidad como cualquier medicamento o cualquier objeto que compramos o vendemos.

No obstante siempre nos hemos esforzado los humanos por ampliar y alargar lo más posible esta envoltura carnal que en civilizaciones como la del antiguo Egipto les llevaron a la construcción de enormes tumbas llamadas pirámides.

Tengo que advertir que entre los treinta y tantos países que he visitado lo que más me ha llamado la atención hayan sido Manhattan en Estados Unidos y las grandes pirámides como Keops, Kefrén y Micerino.

O sea los monumentos impresionantes construidos respectivamente para albergar a los titulares de ese cuerpo carnal perecedero, y el alma mientras espera su resurrección o se injerta en un cuerpo diferente según sean las creencias.

Ovidio decía que “la muerte causa menos dolor que la espera de la muerte”, y Montaigne escribe en sus ensayos que “para acostumbrarse a la muerte no hay nada como acercársele”. Esta mujer del norte de Alemania estará gozando del privilegio de haber sentido y experimentado vivir después de la muerte.
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