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El manacorí se impuso al serbio en cuatro sets y aspira a recuperar el número uno

Nadal saca brillo a su leyenda tras conquistar su segundo US Open al derrotar a Novak Djokovic en la final

lunes 09 de septiembre de 2013, 23:04h
El tenista español ha ganado su segundo US Open tras doblegar a Novak Djokovic en una final brillante. Nadal, que ha redondeado con esta victoria su histórico regreso a las pistas después de la lesión de rodilla, lució su mejor tenis para tumbar al rocoso serbio en cuatro sets. El mejor deportista nacional de la historia tiene en su mano recuperar el número uno en lo que queda de temporada.


El ferviente público neoyorquino asistente a la final de este lunes aparcó su tradicional entusiasmo cuando los dos mejores tenistas del planeta saltaron a la pista central del US Open para calentar y empezar a pelotear. El faraónico estadio Arthur Ashe permanecía en silencio como señal inequívoca del respeto que infunde un enfrentamiento que ya ha adquirido el calificativo de mítico. No en vano, los partidos que miden la clase de Rafa Nadal y Novak Djokovic se han convertido en el evento tenístico más repetido en la historia de este deporte, superando los memorables duelos entre John McEnroe e Ivan Lendl. De este modo, con el ambiente teatral acorde al pedigrí de la cita, arrancó el cara a cara de dos jugadores eternos, con la variedad de recursos, clase y mentalidad de los grandes de este juego.

"Hay que ser honestos, en una final como esta prefiero jugar con alguien con quien tenga más probabilidades de ganar", confesó el tenista español después de arrollar a Gasquet en las semifinales. Sabedor de la relevancia que en este tipo de contiendas conlleva el control de cada detalle, Nadal ejecutó la estrategia psicológica para empezar a ganar la final: relativizó su estado de forma -el mejor que se le recuerda al manacorí- para despojarse del papel protagonista y, con ello, de la presión consiguiente. Definitivamente, en un combate tan igualado, el factor mental -la recuperación psicológica de los errores- jugaría un rol decisivo.

"Nole", que solo había ganando 16 de las 37 veces que se ha medido a la Rafa y cedió terreno en el apartado físico tras sudar y remontar para doblegar a Wawrinka en las semifinales, buscó la agresividad en la apertura del choque. Se apuntó el primer tanto con un firme juego de saque y rozó el break al poner contra las cuerdas a Nadal, que todavía no había entrado en plenitud en el partido. Pero la intensidad física del balear reactivó su competitividad para dar la vuelta al tímido arranque y colocarse 3-1 gracias a la primera ruptura del partido. Tan solo la pericia en el servicio del serbio le permitía no caer ante el vendaval español, pero Rafa aceleró su tenis a partir de la primera media hora de actividad, se apuntó el primer juego en blanco de la final y volvió a romper el saque de Djokovic, impotente a esas alturas, sembrando lo necesario para adjudicarse el primer set. La seriedad de su saque cerró la primera manga (6-2).

El número uno del mundo reavivaba, de manera involuntaria los fantasmas del pasado. Desconcentrado, Novak no conseguía prolongar los peloteos ante la firmeza en los golpeos de Nadal, que encontraba pasillos y esquinas con la facilidad con la que su rival enviaba fuera pelotas sencillas para un jugador de su perfil -14 errores no forzados por los 4 cometidos por Rafa-. Además del primer set, la guerra psicológica, el mayor enemigo de Djokovic, estaba decantando la final desde el capítulo inicial. El balcánico debía recuperar la entereza mental para no sufrir una humillación en el escenario más iluminado del tenis. Antes de reactivar sus músculos debía equilibrarse.


La segunda manga subió el telón con la resurrección de "Nole". Se limpió el sudor con esmero en el entretiempo y salió con el cuchillo entre los dientes para jugar el segundo set. Revestido de un lenguaje corporal diferente al mostrado en el arranque de partido, la actitud agresiva del serbio volvía a dominar el juego. Ganó su servicio con solvencia y se colocó con tres bolas de break sobre el saque de Nadal. El jugador español solo podía devolver los cañonazos coyunturales de su rival y tocaba defender. Para infortunio de Djokovic, el jugador balear también es una referencia en la estrategia de repliegue. Aferrado con firmeza a su raqueta, Rafa despejó el nubarrón con clase y golpes de talento natural. Quedó en la retina un revés cruzado que sentó al impetuoso serbio cuando buscaba clavar el primer puñal y rematar su renacimiento.

Pero la mezcla de calidad y pasión del balcánico minimizó el peso del punto de inflexión descrito manteniendo la convicción de deshacer a Nadal por la vía física. Sin embargo, el astro español mantenía la seriedad en su despliegue, sin verse afectado por los picos y valles en el rendimiento tradicionales en esta suerte de maratones tenísticos. El manacorí mitigó la renovada hambre de su rival con un juego en blanco de saque aunque el la igualdad regresó al juego y empezaban a degustarse los mejores intercambios del panorama actual con Djokovic encendido. El serbio rompió el servicio del español (4-2) en uno de los puntos brillantes del duelo, con la friolera de 53 golpes de absoluta intensidad, pero, inmerso en su volcánico carácter regaló un break a Rafa y recuperó su ventaja al volver a romper el saque de Nadal en diez minutos de deliciosa batalla (5-3).

Llegaba el primer momento crucial de la final con un Nadal estable, controlado, sin fogonazos y un Djokovic entregado a su carácter, brillante en ocasiones e impulsivo en otras. En este terreno encontró su mejor tono el balcánico, enchufado y agresivo, conseguía arrinconar a nuestro representante y robarle el protagonismo. Certificó su triunfo en la segunda manga y empató la final (6-3). Partido nuevo con hora y media de esfuerzo acumulado.

"Nole" abrió el tercer set con un break sobre el saque de Nadal cimentado en una exhibición de restos. El físico del español atravesaba uno de sus peores momentos en el duelo. No encontraba la manera de frenar el fuego de su rival, primero, y dominar el juego, en segundo término. Así, la desventaja se amplió a 2-0 en el arranque del tercer acto. El huracán serbio, que repetía el esquema de sus últimos triunfos sobre Rafa -agresividad y despliegue físico-, empujaba al jugador español hacia otra ruptura. Una dejada de seda rescataba su servicio para resistir el ritmo de Novak. El choque elevó su nivel, ya no se regalaban puntos y los errores no forzados se minimizaron a lo racional. Djokovic jugaba la baza de la ruptura física de su rival y Nadal aguantaba con la fiabilidad de su calidad. Así, con apretados juegos de saque, avanzaba el set hasta que Rafa enganchó una defensa brillante y empató el set a través de un valioso break (3-3). Quizá se abría la puerta a un nuevo vuelco en las fuerzas del partido.


A pesar del dominio físico de Djokovic, Rafa defendía sus opciones en la final la vehemencia de los gigantes. Se sabía inferior en el cuerpo a cuerpo, por lo que tiraba de inteligencia y fortaleza mental. Con empate a 4 "Nole" dispuso de tres bolas de break, pero perdonó. La garra de Nadal arrancó el juego con una remontada coronada con el enrabietado grito de guerra: ¡Vamos!. El jugador manacorí resistía a los mejores tramos de rendimiento de su enemigo -doblaba en golpes ganadores al español con 15-. Y no solo eso, se mantenía por delante. Donde no llegaban los músculos llegaba la mente. De otra épica defensa nació el siguiente break. Un nuevo punto de inflexión. En el momento más delicado para el jugador español, levantó tres bolas de break y asestó una ruptura definitiva. El asfixiante tercer set cayó del lado nacional (6-4).

El primer mordisco a la cuarta manga ofreció la remontada de tres bolas de break en contra de Nadal y la consecución del primer juego para el español. Como si se tratara de un deja vu nefasto para la estabilidad del serbio. El siguiente peldaño ofreció un preciado break para el manacorí (2-0), pero no solo eso. En el apartado de lo intangible, el arranque de set reflejaba un Djokovic con gestos de desesperación y un Rafa crecido, buscando las líneas, con el resuello regenerado. La batalla mental volvía a resultar decisiva. Nuestro tenista demostraba saber sufrir más que su rival, manteniendo siempre la templanza. Los errores de "Nole" entregaban el tercer juego del set. El excelso rendimiento de Nadal levantaba de su asiento a Doña Sofía, presente en la final del US Open.

El desenlace del último desafío que ha conquistado el mejor deportista español de la historia recorrió los últimos juegos con la energía del lado nacional. Los golpes ganadores castigaban el alicaído físico del serbio, que trató de tumbar a Nadal con intensidad contemplando el derrumbe del manacorí. Un derrumbe que nunca llegó. Con el tercer set en su haber, Rafa creció y liquidó la final con firmeza (6-1).

Con esta ilustre victoria, una más que añadir a la larga lista de notables triunfos, Nadal cosecha su decimotercer título en un torneo del Grand Slam -ocho Roland Garros, dos Wimbledon, un Abierto de Australia y dos US Open-, agranda su leyenda y se acerca al número uno, que no ha conseguido alcanzar por el buen hacer de Djokovic. Luchará por recuperar en lo que resta de temporada. Con este nuevo hito en la inagotable consecución de logros, Rafa sigue escalando peldaños en la gloria del tenis. Los mitos cada vez se ven más cerca -sólo tienen más finales en 'majors' el suizo Roger Federer (24) y el checo Ivan Lendl (19), que cuenta con una más que Rafa- y, la mejor noticia, ningún analista puede aventurarse a ponerle techo a este balear que saca brillo al deporte español allá donde pisa. Los agoreros que alzaban voces de retirada cuando la rodilla apartó a Nadal de las canchas vuelven a recuperar la fe en el emblema nacional.
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