CRÍTICA
Aldo Schiavone: Non ti delego. Perché abbiamo smesso di credere nella loro politica
sábado 21 de septiembre de 2013, 22:16h
Aldo Schiavone: Non ti delego. Perché abbiamo smesso di credere nella loro política. Rizzoli. Milano, 2013. 125 páginas. 15 €
El libro de Aldo Schiavone, Non ti delego. Perché abbiamo smesso di credere nella loro politica, es un sucinto y lúcido ensayo sobre la crisis de la democracia representativa en Occidente y, especialmente, en Italia. El punto de partida de su análisis es que el mecanismo democrático ha entrado en una preocupante crisis debido a los cambios sociales, económicos y tecnológicos iniciados a finales del siglo XX. En un libro claro y bien argumentado, el autor sostiene que la democracia es un fenómeno histórico y, por lo tanto, sujeto a transformación y evolución en el curso de la historia.
El libro constituye no solo una atenta reflexión sobre la crisis de la democracia vigente, sino que también intenta augurar una “solución”, una serie de medidas que puedan contribuir a superar la situación actual. No se limita a investigar las causas de la crisis de la democracia, sino que propone posibles soluciones. Estamos, en palabras de Schiavone, en presencia de un “síndrome de deslegitimación democrática”, una disociación entre ciudadanos y una determinada forma de democracia. Se hace urgente una actualización, un cambio de sistema determinado por las nuevas condiciones sociales y tecnológicas. No obstante, el autor subraya que no se trata de renunciar del todo a la representación, abogando exclusivamente por una nueva democracia directa (hoy está de moda hablar de e-democracy, democracia digital o democracia 2.0). Se trataría de una peligrosa ilusión: “nuestras sociedades son demasiados complejas, articuladas y difíciles de gestionar para ser gobernadas” de forma digital.
Schiavone invita a repensar el equilibrio entre representación y soberanía popular, buscando la manera de ofrecer mayor “protagonismo” a la ciudadanía, proponiendo formas de democracia directa: el objetivo sería crear “una forma mixta de democracia, representativa y directa a la vez, que conecte de forma aproximada autogobierno y delega”. Por eso, propone reformar el sistema referendario, favorecer consultas periódicas a los ciudadanos para involucrarlos en la producción legislativa.
La aparición de unos síntomas de malestar generalizados confirma el diagnóstico: por eso, tanto en Italia como en otros países se habla, en mi opinión impropiamente, de anti-política. Quizás sería más oportuno tacharla de “demanda de otra política”, ambición por contar con una oferta nueva, diferente a la tradicional clase dirigente nacional. No se trata de un rechazo de la política, sino más bien de una repulsa por un cierto tipo de política, de la democracia presentada en estos términos.
El mérito del libro está en reflexionar sobre un tema tan delicado como actual. La crisis del sistema representativo, la desconfianza en el dispositivo democrático, la demanda de democracia directa, la crisis de los partidos, representan cuestiones cruciales: aumenta en la ciudadanía la impresión de que la política sea algo autorreferencial, distante de la realidad cotidiana, caracterizada por intrigas y corrupción. Por esta razón, se demanda mayor participación, una vuelta a la plaza ateniense en versión electrónica. Se difunde la percepción de la inutilidad del propio voto: ir a votar es un rito vacío, que se repite por hábito y no por convicción. Aumenta la apatía y la necesidad de ofrecer respuestas a este malestar. Comprender la existencia del problema es un punto de partida. Parece necesario crear un nuevo sistema que tenga en cuenta las necesidades de una ciudadanía debidamente informada.
No se puede obviar el problema y considerar la actual crisis como coyuntural, transitoria: infravalorar u ocultar el problema podría aumentar el malestar de unos ciudadanos, cada vez más difidentes y desaficionados a la actual clase política. No se trata de introducir nuevos mecanismos democráticos que prescindan de los vigentes, sino de combinarlos: “Los tiempos son maduros para la construcción de una nueva y más exigente forma de democracia: la forma democrática de la segunda modernidad -la modernidad determinada por la revolución tecnológica que esta reescribiendo nuestras vidas, ‘el horizonte de nuestro vivir conjuntamente’”. Finalmente, no se debe temer una innovación institucional, experimentar con nuevas formas democráticas. El instinto de preservación no debe prevalecer sobre la necesidad de cambios, la búsqueda de algo novedoso, que tenga en cuenta el cambio tecnológico, la formación de una sociedad dinámica, el peso de la opinión pública, la necesidad de ofrecer respuestas rápidas y decisiones resueltas a los problemas.
El libro subraya la necesidad de una reforma institucional que devuelva “el cetro a las manos del pueblo”. Más que e-democracy, sería oportuno plantear una democracia de proximidad, que prevea completar -y no sustituir- la representación con el uso de formas de democracia directa, favorecida por las nuevas tecnologías. Resulta simplista limitar el debate a la reducción del número de los parlamentarios, la reforma de los partidos o la financiación de los partidos: son tareas necesarias pero insuficientes para solucionar el problema. Ante instituciones representativas obsoletas, más que pronunciar el De profundis, hacen falta respuestas, nuevas formulas, que promuevan de manera responsable un protagonismo ciudadano y que no caigan en la difundida tentación de la demagogia.
Por Andrea Donofrio