Regalo grande para jefe
jueves 26 de septiembre de 2013, 20:07h
En no pocos países sigue funcionando eficazmente la técnica del “regalo grande para jefe” para solventar cualquier problema o atender cualquier favorcillo. A veces una parte del regalo se queda en los cercanos al jefe (es indiferente que sean sus amigos) y suele tocarle algo también al partido (u organización asimilada) del jefe.
Aunque ciertamente la expresión entrecomillada se la oí a una sonriente guía birmana, no hablamos sólo de Myanmar, de Zimbabwe, de Argentina o de Rusia. Quizás, pues, no sean unos pocos países, sino que en la mayoría sigue siendo el mejor pasaporte hacia el éxito. Es tan asquerosamente cierto como que al cínico-borracho-mentiroso-egoísta-patético de Karoo (la novela de culto del serbio Tesich), al final se le acaba cogiendo cariño, es así después de la página 300, por lo menos.
Cuando jefe se retira, o le despiden o tal vez dimite cinco minutos antes de que le despidan, viene otro jefe que no tarda dos días en poner de vuelta y media a su antecesor y asegurar (palabrita del niño Jesús) que nunca más y que se ha acabado lo de “regalo grande para jefe”. Algunos telediarios después la carne retorna a su debilidad natural, y el nuevo jefe se parapeta en cualquier excusa (el poco tiempo que dura el poder, lo han hecho todos, no se dará cuenta nada ni nadie se enterará jamás) para aceptar su primer regalito.
Nada cambia (pobre Parménides) salvo los actores de la obra de la vida. Y es que, como escribió Chéjov, el dinero, como el vodka, hace perder la cabeza a los hombres.
Al jefe le sienta fatal que un plumilla envidioso, pretencioso y desagradecido se dedique a contar lo del “regalito”. Ya se sabe que la culpa in negligendo es siempre del transmisor, no del receptor o tomante (el dante se las arregla para explicar que no se acuerda de nada). Pero, igual que los animales siempre dejan sus huellas, los regalos para el jefe siempre dejan rastros. Y la rueda sigue.
P.S.: Detesto escribir este articulito.
Cuenta Gorki que cuando en su presencia cierto intelectual ruso se quejaba de que “la reflexión se me ha comido”, Chéjov le contestó: pues bebe menos vodka”.
Pero es que… yo no bebo.
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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