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Zapato de Oro con plataforma al estrellato….o el “estrellazo”. El Máster.

domingo 06 de octubre de 2013, 19:17h
Un ejemplo a seguir. Más en estos tiempos difíciles. El Máster de la novillería. Arnedo pone la rampa de lanzamiento, luego unos lo asimilan y la mayoría no. Una criba dolorosa, y a veces injusta, pero necesaria. Un filtro.
Si Arnedo, sus Ferias de Novilladas, el Zapato de Oro y de Plata no existiera, hoy, pese a la crisis, y el tiempo cada vez más revuelto en “amar al toro”, habría que inventarlo.
Enhorabuena al pueblo de Arnedo, y gracias en nombre de todos los que creemos en esta Fiesta y su futuro, pese a todo.

Corría el año de 1972 cuando un grupo de aficionados del pueblecito riojano de Arnedo (hoy 15.000 habitantes) empezó a dar forma a una iniciativa que con el tiempo se ha consolidado como un referente en el calendario taurino.
Su primer objetivo era ligar la Fiesta (de los toros) a la industria de la ciudad: zapatera por los 4 costados.
Contó para ello con la aportación de casi todos los empresarios del calzado que vieron la posibilidad de difundir, vía toros, su producto a toda España y parte del orbe mundial taurino.
Nacía así el “Zapato de Oro” (de oro de verdad) como premio de alto valor económico para su ganador que no sería otro que el triunfador de su feria.

El primer “Zapato” fue para el venezolano Rafael Ponzo, en el año 72, que actuó como novillero y luego repitió, caso único en su dilatada historia 2 años después, ya como matador de toros.
Por medio, en su categoría de rejoneador el 2º “Zapato” lo consiguió D. Álvaro Domecq (Alvarito).

La travesía de los desiertos comenzó en 1975 para en 1976, como matador de toros, obtenerlo José Luis Galloso.
El objetivo se iba cumpliendo en cuanto a dar a conocer el pueblo y su industria, pero no se daba con la fórmula que capitalizara todo a la atención informativa en las postrimerías de la temporada.
El quedar “desierto” los años 77 y 78 supuso un punto de inflexión y reflexión sobre la fórmula a seguir y nació, bendita ocurrencia de quien fuera, convocar única y exclusivamente una feria de novilladas.

Nacía así la Feria de las Novilladas de Arnedo que ponía en liza un preciado trofeo que no solo tenía, ya, su valor económico intrínseco, sino un valor sentimental de aliciente a los que empezaban y por supuesto una plataforma cara al escalafón superior para todos aquellos que participaban. No sólo triunfadores sino que hubo novilleros que dejaron huella y sin conseguir el preciado trofeo consiguieron una plataforma con la que impulsar su carrera. Me acuerdo, a “vuelatecla”, de casos como los de Juan Mora, El Soro, Manuel Caballero, etc. que asolearon su prometedora carrera con su participación en la feria arnedana.

Se volcaron todos los medios de comunicación. En aquel entonces con única TV la cobertura de Revista de Toros fue muy importante para su expansión.
Su vieja plaza se llenaba todos los días y los hoteles Virrey y Victoria eran un hervidero de aficionados de todos los alrededores y muchos de más allá de las fronteras más próximas.



Célebres eran las posteriores tertulias y coloquios con los protagonistas. Y no menos sus brillantísimas y elegantes galas de entregas de galardones allá por San José en marzo lo que se aprovechó, con el tiempo para trufar dicho acto con otros espectáculos taurinos, algunos de fuste, pero sobre todo seguir apostando por la cantera de la cantera, los novilleros sin caballos, previo casting a guisa de bolsín por diferentes dehesas de España.
En 2002 nacía el “Zapato de Plata”.

A lo largo de todos estos años la feria ha tenido un nivel medio alto, con fases menos brillantes por circunstancias coyunturales.

Un prometedor comienzo en el que emergieron toreros como el francés Millian, Yiyo, Campano, Yestera, Emilio Oliva, Pedro Lara; Chicuelo de Albacete, El Jerezano o César Pérez.
De todos ellos, llegar lo que se dice llegar fue el caso de Yiyo, que en poco tiempo, muy poco, se hizo con la condición de futura figura de época, pero que como todos conocemos se truncó 5 años después de conseguido el Zapato de Oro.


Sin embargo, los demás, en esos tiempos, eran los líderes -o parecido- del escalafón novilleril.
Alguno como Campano, con alternativa de lujo en Madrid (Antoñete y Muñoz) cuya adversidad estuvo en quedarse con 5 de Bohórquez para él solo.
Emilio Oliva gozó de un lustro esperanzador, pero su continuo fallo a espadas en momentos puntuales diluyó su carrera.
Le pasó a Yestera un día clave en Madrid, ya de matador, cuando lo apoderaba Bojilla.

A partir de 1988 la Feria de las Novilladas experimenta un salto cualitativo con los triunfos de Ponce, Jesulín y Finito. Los comentarios, ad hoc, sobre quienes son o han sido en el toreo resultan obvios.
Otro bachecito. Arnedo es el master novilleril y por ello reflejo de las diferentes etapas de abundancia o sequía por las que ha atravesado el escalafón de promesas. Gris fue el trienio posterior en que se alzaron con el triunfo Paquiro, Ricardo Ortiz y Jesús Romero.
Volvió a tomar brillo con las ilusionantes carreras de un artista como Javier Conde y un estilista tipo Uceda Leal (años 94/95) para coger todo su esplendor con el veredicto del 96 que proclamaba a Morante de la Puebla.
El año siguiente lo consiguió Abellán que consolidaría, hasta hoy, una dilatada carrera marcada por la profesionalidad y el respeto al traje de luces como “hijo del cuerpo”.

En el 98 Arnedo veía en Diego Urdiales (hijo del pueblo) el reflejo de tanto esfuerzo para tener a “uno de los suyos” entre la élite. En profesión tan difícil, no puede decirse que el arnedano haya defraudado a los suyos, principalmente en estos últimos años en que maduró, en todo.
Le siguió a Urdiales otro ciclo de perfil medio con los triunfos de Rafael de Julia (que sería triunfador, ya de matador, el año de su alternativa en San Isidro) y un prometedor sevillano: Luis Vilches.

Importante, para el momento – 2001/2003-, fue el triunvirato seguido formado por César Jiménez, Salvador Vega y Eduardo Gallo.
Cada uno con su casuística posterior. Hoy se debaten los 3 en reinventarse pero a nadie se le oculta las cotas que consiguieron en sus primeros años de alternativa (principalmente el madrileño) en que dieron varias vueltas a España colocados en todas las ferias y en los carteles más atractivos de mano de importantes apoderados, también.

Le siguió otro período, más duradero, de menos lustre sobre la perspectiva que da el tiempo: Alejandro Morilla, Medhi Savalli, Pepe Moral, Rubén Pinar (2007), Pablo Lechuga y Esaú Fernández.
6 temporadas después, hoy, es Rubén Pinar del que se tiene un mayor conocimiento de su actividad, y la lucha de Esaú. Ambos guerreando por abrirse un hueco en las ferias, no sin dificultades pero con la moneda para cambiarla.

Ya escribí que en 2002 nació el “Zapato de Plata” como reafirmación de apuesta seria de Arnedo y sus zapateros por los “becarios”.

Consecutivamente hasta 2009 lo ganaron Bolívar, Daniel Morales, Sergio Serrano, Pepe Moral, Miguel Ángel Delgado, Román Pérez, Calita y José Miguel Valiente.

Se había instalado la crisis. El desgaste de muchos años de Feria de Novilladas sin apenas retoques.
La depresión novilleril, el movimiento anti taurino, la deserción de aficionados, la falta de renovación en la juventud arnedana y riojana, etc.
La plaza ya dejó de ser recoleta y simpática para ser, además de pequeña, hostil por incómoda.

Fue, hace nada, un momento delicado que hizo pensar.
El ayuntamiento echó el resto y la pata a’lante para construir en tiempo record un coso moderno y funcional, cubierto, precioso de estética, aun a fuer de novedoso, y muy llamativo y capaz para grandes acontecimientos como la tarde de su inauguración en que quedó gente en la calle al reclamo de anunciarse José Tomás.

Pero sin dejar su “santo y seña”: la promoción del toreo de base.

Un pasado reciente que, puntualmente, daba alas a la ilusión sobre el futuro de la Fiesta. Los “Zapatos” de López Simón y Fernando Adrián así lo acreditaban. Luego, ya se sabe: hombre propone, Dios dispone y el toro y el sistema lo descompone.
A la sazón López Simón ganaba en el mismo año de 2010 en Zapato de Plata. En 2011 lo hacía David González.

Con plaza nueva y un lavado de cara, revocación de fachada, pero sin traicionar su espíritu ni filosofía las más recientes ediciones son un canto a la esperanza.

Tomás Campos ganaba el 2012 y una cornada le dejó fuera de ser el único en tan largo tiempo de haber conseguido el par de “Oro” para novilleros con picadores, pero ahí está el hombre.
En su edición de Plata el triunfo lo consiguió Álvaro Lorenzo que en clara progresión lo ha hecho en el reciente ciclo finalizado (2013) en su categoría de Oro. El de Plata lo consiguió un chaval con cualidades y proyección: Juanito.

Pero, tanto 2012 como 2013 el Máster de Arnedo ha sido una explosión de gente joven con ganas de ser alguien en esto y poniendo el Zapato de Oro muy caro.

Al ganador Álvaro Lorenzo no se lo puso fácil Posada de Maravillas, quizá el torero con mayor personalidad de cuantos pueblan el escalafón de los “pequeños”.
Tampoco se obvió la enrazada actuación del citado Tomás Campos como José Garrido y Juan Ortega. La ascensión de Fernando Rey. La sevillanía de Lama de Góngora. La proyección de un Román preparado para dar el salto y no ser uno más.
Las cualidades de un enrazado Sergio Felipe que pagó con sangre sus ganas y condición de torero posible. La legión “¿extranjera?”, Brandon Campos y Antonio Lomelín. Y la dignidad con la que pasaron Curro de la Casa, David González, Daniel Crespo y Clemente.


Y por encima de todo la seriedad, es un auténtico Máster, del ganado escrupulosamente presentado correspondientes a hierros contrastados y diversidad de encastes: Carriquiri, Adolfo Martín, Navalrosal, Fernando Peña y Baltasar Ibán.

Pero todo ello sin la Ciudad de Arnedo y su apuesta no sería posible.
Hay futuro. Lo ha demostrado Arnedo como sus correligionarios que poco a poco se fueron mirando en su espejo: Algemesí, Arganda, Casasviejas, Villa del Prado, Guadarrama, Moralzarzal, Calasparra, Blanca, Villaseca, Pedraja de San Esteban etc.
Ferias como Fallas, Albacete, Alicante, Olivenza; los ciclos de Madrid, Sevilla, Málaga.

Solo falta un poco de sentido común y visión de futuro, y mucho de generosidad y paciencia con los que empiezan, que son la cantera.
Un llamamiento a las administraciones, a los estamentos de la Fiesta y una revolución del maldito “sistema”.

Y aunque en todos ellos creemos poco, hay futuro… y esperanza.
¡Siempre nos quedará Arnedo!.....y un puñado más. Pero Arnedo es el referente.

Nota.-
Agradecido por ello a sus ciudadanos, su alcalde, su corporación. A Antonio León y su Comisión Taurina. A Basilio García, Presidente de la Comisión Zapato de Oro y de los empresarios. A ese puñado de emprendedores que en el año 1972 decidieron dar un giro a la fiesta taurina en su pueblo entre los que destaca José P. Orío.
A todos.

Pedro J. Cáceres

Crítico taurino y Periodista

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