El Asad se recupera
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 19 de octubre de 2013, 20:58h
La destrucción del arsenal químico ha reforzado la posición del régimen sirio frente a los partidarios de una intervención militar que equilibrase el conflicto. La Federación Rusa ha logrado en los últimos meses crear un nuevo escenario en la guerra civil siria y evitar que la opción libia se repitiese. Los rebeldes no pueden vencer a El Asad sin un apoyo exterior que elimine la superioridad aérea y artillera de Damasco. Incluso sin armamento químico, el ejército regular podría derrotar a los rebeldes. Haciendo honor a su fama de superviviente, el régimen del Baaz ha logrado, una vez más, sobreponerse a los reveses militares y políticos. Las deserciones, los avances de los insurgentes, el terrorismo y la falta de apoyos internacionales aparte de China, Rusia e Irán parecían suficientes para doblegar al Presidente sirio. Sin embargo, el Asad ha resistido, ha recuperado la iniciativa militar y, gracias al apoyo ruso, puede acudir a la próxima cumbre de Ginebra 2 en una posición de fuerza.
Por su parte, los rebeldes sirios han ido dividiéndose y los terroristas han ido remplazando a los militares del Ejército Libre Sirio a la hora de controlar el territorio. Las denuncias de violaciones de derechos humanos y de crímenes de guerra ha debilitado el crédito moral de que gozaban los insurgentes después de la represión de las protestas en 2011. Nadie ha intervenido en su favor como sí hicieron con los rebeldes libios. Es verdad que algunos países les han brindado apoyo de inteligencia desde el exterior suministrándoles información sobre los movimientos del ejército regular sirio. Además se han beneficiado de la ayuda militar –armamento, explosivos, munición- por parte de países del Golfo y nadie sabe muy bien si la ayuda no militar que se les iba a brindar desde los Estados Unidos se ha dedicado sólo a ayudar a la población civil. Ahora bien, la creciente influencia en el bando rebelde de los grupos yihadistas, que se han llegado a enfrentar con otros sublevados, han ido mermando el entusiasmo por los insurgentes en las cancillerías de Occidente. Turquía, que ha venido apoyando a la oposición desde el comienzo de las protestas contra El Asad, ha atacado en varias ocasiones a los yihadistas que operan en Siria –el Estado Islámico de Irak y la Gran Siria- y ha ido restringiendo los movimientos de los rebeldes en territorio turco.
Arabia Saudí ha abandonado su puesto rotatorio en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas denunciando la inacción del órgano frente al conflicto sirio pero los esfuerzos de Riad en pro de los rebeldes parecen haberse agotado. Por otra parte, la monarquía saudí ve con preocupación la nueva relación entre Estados Unidos y Teherán que Rohaní parece haber alumbrado. El nuevo Presidente iraní ha logrado reabrir unas negociaciones en torno al programa nuclear que parecían bloqueadas y la Casa Blanca ha anunciado que reconsiderará el régimen de sanciones impuestas el régimen de los ayatollahs. Con una Siria que resiste y un Irán que se recompone, parece que la lucha por el poder en el Golfo –y por el liderazgo en el mundo islámico- va a tardar tiempo en resolverse.
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Analista político
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