Historia de la nación y del nacionalismo español
viernes 25 de octubre de 2013, 20:01h
Junto con Esperanza Aguirre, José Varela Ortega, Andrés de Blas, Antonio Morales y Juan Pablo Fusi presenté, en la Fundación Ortega-Marañón, el libro que se titula como este artículo. Estas son algunas de las frases que utilicé en el acto del jueves 24 de octubre:
“En sus más de 1.500 páginas, y sus casi 50 autores, este trabajo muestra su vocación de ser una “Enciclopedia”, ese formato que asociamos a la empresa cultural de la “Ilustración”.
Posee sus rasgos: es un compendio; es una obra de consulta, que esclarece los problemas que estudia; divierte al lector -¡es verdad!, “La imagen de España en el extranjero” de José Varela Ortega , despierta la risa con su ironía-; y es algo muy enciclopedista: una obra que muestra la pluralidad intelectual de sus autores.
Con entera normalidad este libro demuestra que la nación en España tiene una historia muy prolongada, que se remonta a los siglos puente entre la Edad Antigua y la Edad Media. La “nación” no tiene, desde luego, la inamovible esencialidad de los idearios nacionalistas, y tampoco que contuviese siempre el concepto de “soberanía”, pues la soberanía, o como se denominaba antes del siglo XVIII, la “jurisdicción”, sólo era imaginable como atributo de los monarcas.
Lógicamente, los apartados dedicados a los siglos XIX y XX (desde las varias perspectivas con que están ordenados), constituye el grueso de la obra. Yo no comparto teorías idealistas, en las que el espíritu hegeliano, las ideas determinan decisivamente la marcha de la Historia y el comportamiento de las sociedades. Pero yo me acuerdo de una frase de Carlos Marx que fue la menos marxista de sus grandes frases: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.
Lo que el entonces joven Marx estaba diciendo es que las ideas, las de los filósofos, pero sobre todo, las de los propagandistas políticos (ahora a sueldo de las televisiones y radios institucionales), influyen mucho en la gente. ¡Por eso se decidió a transformar la situación, y para eso se puso a escribir “El Capital”, para influir en sentido contrario!
¡Se entiende por qué hago un voto para que lea este libro!
España no es una nación extravagante en Europa. Su historia nacional es muy parecida a la de otros países europeos. No somos el enfermo de Europa, y además, ahora no estamos aislados de la dinámica común europea.
Esos hechos aparecen expuestos y analizados en buena parte de las entradas de este libro.
La nación, el sentimiento nacional, el sentimiento patriótico -que yo lo prefiero denominar así, pues creo que admite lealtades múltiples, a la patria de la infancia, a la patria de residencia, a la patria española, a Europa y a la Humanidad como patria- , son sentimientos que no tienen nada que ver con esa retórica estúpida y dañina de la dictadura, que fue un mejunje nacionalista fabricado a base de intolerancias religiosas y de fidelidades al mando político (y como dijo un tipo en famosa ocasión, mando, “por supuesto, militar”).
Conocer que somos normales en asuntos como la realidad nacional de España será una de las acciones más eficaces para normalizar nuestra convivencia dentro del Estado de la Constitución de 1978.
Tengo la impresión que los que somos normales, es decir, demócratas europeos, nos ha faltado teoría, información actualizada, sobre los conceptos liberal-democráticos del hecho nacional.
En 1985 Andrés de Blas y yo escribimos un capítulo de un libro que estaba dedicado a estudiar diversas identidades autonómicas, la vasca, la catalana, la valenciana, la canaria, la castellanoleonesa, etc, etc. Eran buenos trabajos, incluso sofisticados. Nosotros dos abordamos un asunto que parecía estar a contracorriente: “La construcción del Estado en España”. Ese era el título de nuestro capítulo. Sosteníamos que España tenía un Estado constitucional propio de una Europa (en la que nos disponíamos ingresar). Andrés y yo lo hemos comentado muchas veces: tuvimos la impresión de que fuimos unos raros escritores de un tema que entonces no tocaba estudiar.
Para terminar, me van a permitir que les sintetice unas pocas ideas que me han surgido de las páginas que he leído de este libro.
Hay un hecho singular en nuestra historia reciente que está condicionando nuestra percepción del hecho nacional en España: la Guerra Civil. La Guerra Civil está presente, no como una justificación de nuestra supuesta anormalidad europea, sino como uno de los tantos limites que la Historia establece para todos los países del mundo. El profesor Juliá, entre otros, ha señalado que esas “metafísicas” (creo que es su definición) divisiones trágicas entre las “dos Españas” -la “soberanía nacional versus soberanía popular”, “los nacionales contra los extranjeros, sean judíos, rojos, azules, protestantes o católicos”, etc-, no son “factores diferenciales” españoles, sino que fueron ideologías que se dieron en muchos países europeos de aquellos años; Francia, como ejemplo más cercano e influyente.
¿Dónde estuvo la diferencia?
En la diferencia de tiempo.
Nosotros empezamos la guerra tres años antes, y los europeos de nuestro entorno terminaron la suya y empezaron a vivir como naciones libres 33 años antes que nosotros.
1945 a 1978: he ahí el hecho diferencial.
Las malignas consecuencias de la dictadura se superan leyendo.
Y yo creo que en los recientes años cuando el dinero lo resolvía todo, en política, la historia fue sustituida por las encuestas de opinión y el debate parlamentario fue sustituido por los “argumentarios”.
Fueron unos años que se despreció la Historia.
Fueron los años de la memoria histórica, una bien pensante doctrina que no hizo justicia a quienes sufrieron la guerra (mi padre, que se apuntó voluntario a defender la República, nunca sostuvo que fue una lucha de buenos contra malos, sino algo lleno de matices, algo verdaderamente histórico).
También fueron años en que la oposición al Gobierno se hizo en la calle, en lugar de las instituciones representativas nacionales, mezclando muchas veces banderas con altos clérigos, encantados de hacer política en medio de multitudes indignadas.
El hecho diferencial español es el tiempo, también forjando una conciencia nacional moderna, adaptada a los cambios que produce la pertenencia a la Unión Europea.”
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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