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Somos 500 millones… pero eso no basta

Alejandro San Francisco
lunes 28 de octubre de 2013, 20:19h
Una de las mejores noticias de las últimas semanas fue la reciente realización en Panamá del VI Congreso Internacional de la Lengua Española. El tema central en esta ocasión fue “El español en el libro: del Atlántico al Mar del Sur”. El evento contó con la participación de las autoridades más relevantes en el tema, como Víctor García de la Concha, Director del Instituto Cervantes, o José Manuel Blecua, Director de la Real Academia Española, y otras figuras relevantes del mundo de las letras y la cultura, entre los que destacó Mario Vargas Llosa, entre otros.

En todas estas reuniones los análisis siempre presentan visiones encontradas e inclusive contradictorias, así como énfasis que van desde el optimismo contagioso al pesimismo recurrente, ambas posiciones con buenos argumentos. De esta manera la lengua española pasa a ser, por una parte, nuestra expresión más clara de unidad cultural, hablada por quinientos millones de personas y presente de manera creciente en diversos continentes; pero a pesar de esos logros, la influencia específica del español en el mundo es precaria (comparada con el inglés y con otras lenguas), la lectura de libros no pasa por su mejor momento y se divisan problemas diversos en la educación y en la industria editorial.

Como en muchas cosas de la vida, es preciso tener clara la realidad y proyectar el futuro con objetivos claros y concretos. Siempre en estos temas hay ventajas y desventajas, logros y fracasos, motivos para estar contentos o para lamentarnos. Nada de eso es relevante si no tenemos, además, un proyecto sobre la lengua española, sobre su influencia y posibilidades, cómo superar las limitaciones y avanzar hacia lo que todos suponen o ansían: que el español es una lengua relevante en el mundo y que el siglo XXI podría ser el siglo del español.

En otros indicadores, hay datos que muestran que el español es la segunda lengua que más se expresa a través de Twitter, es la tercera más utilizada en internet y también tiene una destacada posición en Facebook. Esto sólo es posible por una alianza tácita, de carácter cultural e histórico, entre España y Latinoamérica, que permite mirar el potencial de uso del idioma y sus consecuencias prácticas en la educación, la literatura, la lectura, la industria editorial y otras tantas áreas con un potencial inmenso y que apenas ha comenzado a explotarse.

Quinientos millones de personas y los datos arriba mencionados son un gran logro. ¿Es suficiente? Todo indica que no. Así como hay muchas razones para celebrar y muchas oportunidades, hay temas en los que todavía existe un sentimiento de derrota, estancamiento y desesperanza. Esto último se aprecia en la escasa incidencia del idioma español en las grandes decisiones políticas o económicas mundiales, así como la percepción de decadencia en los hábitos de lectura y la cultura del libro, en parte asociado a la discusión libro de papel versus ebook, que ya hemos tratado en otra oportunidad en “El futuro de la lectura” (El Imparcial, 6 de mayo de 2013).

¿Cuál será el impacto de los quinientos millones de hispanohablantes hacia el futuro? Entre las muchas cosas que podrían decirse, creo que hay dos aspectos tratados en el encuentro de Panamá que requieren una consideración especial.

El primero se refiere a la importancia real del idioma, desde una perspectiva cultural de relevancia internacional. Al respecto tiene razón Fernando Iwasaki cuando sostiene que “no basta con ser millones de hablantes. Si la lengua española no es la lengua de la ciencia, del conocimiento y de las relaciones internacionales, no será influyente jamás”. Esto plantea algunas exigencias en las que hay avances importantes, reflejadas por ejemplo en la relevancia creciente del Instituto Cervantes en distintos lugares del mundo. Pero hay otros ámbitos en que todavía queda mucho por avanzar, como es el ámbito universitario y científico, íntimamente ligados. Hay que explorar desde ya una avanzada de instituciones de educación superior de habla hispana, que se propongan metas específicas y se transformen en universidades de talla mundial. Este G-20 o G-30 o lo que se defina, tendrá entre otras funciones la de consolidar estándares de calidad entre las instituciones de habla hispana, así como fomentará que el sistema en su conjunto avance en niveles de calidad, que hoy distan mucho, lamentablemente, de las mejores universidades del mundo, la mayoría de las cuales se desarrolla en inglés.

Un segundo aspecto relevante se refiere a que no basta con tener personas que hablen español, en la cantidad que sea, si paralelamente no hay cambios positivos en la educación y la cultura de los países de habla hispana. En palabras del escritor chileno Antonio Skármeta, se requiere “combinar el enorme crecimiento del español con un desarrollo cualitativo de la lengua”. La tarea es ingente: hace apenas un par de años la UNESCO denunciaba la existencia de 73 millones de analfabetos en Latinoamérica, de los cuales 36 millones son analfabetos absolutos. Las cifras hace algunas décadas deambulaban entre la indiferencia y el escalofrío que producían. Como resultado, los logros recientes en materia de cobertura educacional y acceso a la educación superior significan un avance en un camino en el cual todavía queda mucho por recorrer.

Los debates y comentarios suscitados en el VI Congreso Internacional de la Lengua requieren ser conocidos y reflexionados con más detención. Hay logros que ya podemos dar por asumidos, entre los que destacan los quinientos millones de hispanohablantes que se han mencionado con reiteración. A ello se suma el interés por presentar la unión entre España y América Latina, de Iberoamérica en realidad, como un elemento crucial para las tareas que vienen por delante. Las limitaciones que hemos mencionado también están relativamente claras y, más que lamentarlo, exigen trabajo arduo para superarlas, así como sentido de urgencia en algunos casos.

Respecto a la comunidad de habla hispana y su potencial, es preciso no caer en el fetichismo numérico de los quinientos millones y avanzar efectivamente en posibilidades de colaboración editorial, universitaria, educacional, literaria. Con creatividad podemos ver otras oportunidades en la empresa privada, así como en la prensa y la posibilidad de consolidar una “comunidad informativa iberoamericana”, a la que se refirió en Casa de América de Madrid Cristián Zegers (Director de El Mercurio, de Chile). Sería un factor relevante para mejorar la articulación política iberoamericana y la calidad de la cooperación entre Europa y América Latina.

Hay muchas oportunidades y, en cualquier caso, estamos frente a una historia que tiene un futuro inmenso por delante. Después de todo, el siglo del español recién está comenzando.
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