Hasta cuando abusarás de nuestra paciencia
jueves 21 de noviembre de 2013, 21:16h
En la república romana tardía de Julio César y Craso, un hombre destacó sobre los demás, Lucio Sergio Catilina a quien la aristocracia romana temía más que a un nublado. Le temía a él pero también a sus planes económicos que promovían la cancelación completa de la tabulae novae (cancelación de todas las deudas a los morosos) y a sus propuestas de ampliar el poder de las asambleas de la plebe. Catilina se postuló varias veces por el consulado sin éxito, lo que quebró definitivamente sus ambiciones políticas. La única posibilidad de obtener el consulado que se le ocurrió fue el recurso a medios ilegítimos, la conspiración o la revolución. Catilina derivó en el populismo exacerbado promoviendo una revuelta de las masas para que asaltaran el poder y la elevaran a príncipe senatorial. Su conspiración fue descubierta, lo que trajo consigo el famoso enfrentamiento en el Senado con Maraco Tulio Cicerón quien pronunció la famosa frase: “Quousque tándem, Catilina, abutere patientia nostra? (Hasta cuando abusarás de nuestra paciencia Calilina?”).
¿Quousque tándem, Cataluña, abutere patientia nostra?, se planteó un osado ser pensante, cuya reflexión sobre la deriva populista, sustentada en la “sin razón”, reproduzco. Unos señores investidos de la estela de representantes exclusivos de intereses, de pasiones y sentimientos azuzaron el discurso, incendiaron el lenguaje contra los demás a quiénes señalan con el dedo acusador como causantes de todos sus males. No es tanto una reivindicación de la identidad como la expresión del odio irracional, y digo irracional porque no se sustenta en ningún argumento objetivo, contrastable. Se manipulan balanzas y estadísticas para atizar más aún la pira contra el enemigo que se pregunta ¿por qué me odias tanto si no me debes ningún favor? ¿por qué me odias tanto si te he dado hasta ahora todo lo que me has pedido? ¿por qué aseguras que los pobres maquetos son los que han mangoneado a gusto a manos llenas durante años chupándote la sangre y olvidas tus privilegios? ¿por qué mides tu felicidad en el hecho de que los demás estén por debajo de tí?.
Cicerón fue la personificación del sentido común, que allí llamaban seny. Levantado de su tumba quedaría estupefacto ante tanto desatino, ante populismo tan barato, ante tamaña ceguera.
Es constatable que ha calado en una parte importante de la población, que ha comprado el discurso del amigo-enemigo. Pero los causantes del mal, los que empezaron a tensar la cuerda que ahora no saben cómo desenredar se están dando de bruces contra el muro por su estulticia, porque las masas del grito y la bandera les han sobrepasado con creces. Y ahora mismo ya no saben cómo parar el tren. Un tren que conduce al abismo.
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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