El cerdito de Acción de Gracias
miércoles 27 de noviembre de 2013, 20:23h
Poco antes de ser elegido presidente de Estados Unidos, Bill Clinton aseguró que si llegaba a la Casa Blanca, lo primero que haría sería averiguar quién mató a Kennedy y si realmente existían los extraterrestres -el área 51 y todo aquello-. O bien sus averiguaciones no llegaron a buen puerto, o lo que conoció le dejó tan patidifuso que hubo de recurrir a las artes de una becaria llamada Mónica Lewinsky para sobrellevar mejor el trago. Ojo, que nadie piense mal…
El cuarto jueves de noviembre se celebra Acción de Gracias, y todos los hogares norteamericanos se preparan para la que es sin duda la fecha más señalada del calendario. Es el día en que las familias se reúnen en torno a una mesa, un pavo con verduras y un buen puñado de temas de conversación patrios y donde predominan los anteriormente citados de Kennedy y los ovnis a los postres. Thanksgiving hunde sus orígenes en el siglo XVII, cuando los colonos de Massachussets celebraban con los productos de la tierra la primera cosecha. Los americanos, tan orgullosos de sus tradiciones ellos -lo digo con sana envidia-, preservan ésta con especial cariño, por cuanto les permite congregar a sus seres queridos en un ambiente realmente cálido. Tan es así que incluso los presidentes estadounidenses llevan a cabo actos públicos en este sentido.
Por ejemplo, es tradición que el presidente de turno indulte a un pavo. A saber dónde acabará el pobre bicho después pero, al menos, lo que es seguro es que sobrevive al jueves más funesto en el incierto universo de los pavos. Dicen que todo empezó con el hijo de Lincoln, quien le pidió a su padre que no sacrificase a aquel animalito tan mono, petición ésta que fue aceptada. Dicen también que el fantasma de Lincoln se aparece de vez en cuando por la Casa Blanca -damas tan ilustres como la difunta Raisa Gorbachov o la reina Beatriz de Holanda así lo atestiguan- aunque, dada la azarosa historia del edificio en cuestión, cualquier cosa puede pasar.
Como curiosidad, decir que la Casa Blanca fue construida por esclavos negros, uno de los cuales vería hoy orgulloso a su tataranieta como inquilina principal: Michelle Obama. Su marido es algo más cuidadoso con la propiedad que sus otros antecesores, en especial Andrew Jackson -uno de los primeros presidentes del país- quien se cargó la Casa Blanca dos veces. La primera, el día de su elección; no tuvo mejor ocurrencia que hacer una jornada de puertas abiertas para celebrarlo, y los más de 20.000 parroquianos que por allí fueron dejaron la casa hecha unos zorros. No aprendió la lección ya que, años después, hizo una fiesta con un número similar de invitados y un queso de casi una tonelada como plato de campanillas.
Claro que si hablamos de presidentes escasitos de tacto, el que se lleva la palma es Jimmy Carter. En cierta ocasión, de visita oficial en España, fue invitado a comer a casa Cándido, en Segovia. Allí se prepara el mejor cochinillo del país, tan tierno que se puede trinchar con un plato. Es tradición que Cándido y sus descendientes así lo hagan para agasajar a invitados ilustres, tras lo cual se tira el plato al suelo como final vistoso. El memo de Carter, poco ducho en protocolo, interpretó que él debía imitar al célebre mesonero y hala, plato al suelo. Todo su séquito, para no dejar en mal lugar al hombre más poderoso del mundo, hizo lo mismo. Y así fue cómo el peor presidente de la historia de Estados Unidos liquidó una vajilla entera en casa Cándido. Ya se sabe, merluzo y cochinillo no maridan bien.
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Abogado
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset
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