Los ceses
domingo 15 de diciembre de 2013, 19:00h
Tiene bemoles que el PSOE, que se ha caracterizado -en lo que llevamos de democracia- por hacer “purgas” a diestro y siniestro, más a la siniestra que a la diestra, se rasgue las vestiduras porque Montoro está haciendo una “limpia” en la Agencia Tributaria, cuando los gobiernos socialistas arrasaron, decapitaron y mandaron a la puta rue a cuantos no eran de su signo político o sencillamente afines. Eran implacables. En mi etapa de responsable de la información parlamentaria de TVE, he visto a ingenieros agrónomos, de caminos, de minas, no de las del 11-M, abogados del Estado, etc. arrumbados por los pasillos dándose de cabezazos por puertas y paredes. Y lo padecí en mis carnes cuando, después de dirigir y presentar el telediario de más audiencia, fui cesado por el comisario Calviño, a la sazón director general de la Casa, tipo campechano pero gran servidor del partido, sectario en grado sumo.
De ahí que Don Juan Carlos, con motivo de la celebración de su Santo Patrón, en Palacio, en los jardines del Campo del Moro, me dijera:
- Ya no te veo en la tele.
A lo que respondí:
- Señor, estoy en el pasillo.
- ¿Y qué es eso…?
Lo oyeron Summers, Chumy y otros humoristas, ja, ja, qué risa, que estaban en el corrillo. Incluso Lina Morgan -en aquella recepción- me comentó que el ministro de Cultura, Javier Solana, dijo no saber quién era la popular actriz cómica. Los chicos del PSOE son como los hooligans que sólo ven lo que les conviene, alma, corazón y vida, puño ardiente. Asimismo, padecí a la no menos sectaria María Antonia Iglesias, apodada “la albóndiga” en la profesión, que inspeccionaba hasta el últim o frame (fragmento de que se compone una imagen) antes de salir al aire. Es más, las maquilladoras adictas al “régimen”, si la ex comunista, luego socialista, pero, eso sí, admiradora de Fraga, joder, habían de quitarse una media para dársela a ella porque la jefa de informativos había tenido una carrera. Por puntos. Y tenía cena. Adoctrinamiento con manteles de hilo.
Pero a lo que iba. Después de interminables ejemplos sobre la práctica del sectarismo socialista, la lenguaraz Soraya, la otra, arremete contra el ministro de Hacienda tildándolo de “gansteril”. Joder, qué tía. Mientras en Andalucía se da la vuelta al calcetín, todos los chorizos eran valientes; los sindicatos, ídem de lienzo, estamos limpios de corazón, y, sobre todo, del colesterol, mariscada va, mariscada viene. Con gran cinismo o desfachatez, el químico prodigioso, o sea, Rubalcaba ha cogido cacho y no lo va a soltar a imagen y semejanza de Bárcenas. Quieren una comisión en plan inquisitorial. Para darle una patada en los cataplines del sacamantecas de Montoro, quien, por otra parte, a veces estaría más mono callado. Claro que el matonismo socialista te saca de los nervios. Por gastar una ironía en un periódico de provincias fui perseguido, muerto y sepultado -con la aquiescencia de aquel director general de RTVE, apodado el saltimbanquis- por llamar “morritos Jagger” a la indigente cultural Leyre Pajín, que vive del momio político y del nepotismo imperante.
Al regresar a la dirección de “Parlamento”, tras la derrota del PSOE por Aznar, mi secretaria me entregó un telegrama cuyo destinatario era el cargo. Mas no era yo. Era Manuel Lombao, periodista de la entonces FSM. Y decía: “Infórmame de todo lo que sucede en la Casa. Tu amigo, Alfredo”. El químico prodigioso, añado, para entendernos.
PD.- El lector me sabrá dispensar por las referencias personales, nunca desde la vanidad y sí para resaltar los hechos vividos en carne y hueso. Vivimos, en fin, en un mundo de zurupetos y truhanes. Mismamente el tal Gómez de Madrid, quien no me pregunten nada que me opongo, que ha iniciado una vil cruzada contra el magistrado Martínez Tristán por haber sido nombrado vocal del CGPJ, al estilo de del acoso y derribo a la jueza Alaya. Viva la independencia judicial.