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Cumpleaños de Gregorio Peces-Barba y la revuelta de Burgos

Juan José Laborda
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viernes 17 de enero de 2014, 20:22h
El 13 de enero de este año, Gregorio Peces-Barba hubiera cumplido 76 años. La Fundación que lleva su nombre organizó un acto ese día para resaltar los valores de la Justicia y del Derecho, que fueron dos causas básicas en la vida de ese profesor socialista recientemente fallecido.

En esta primera edición del acto (pues se prevé celebrar todos los años), fueron convocados los tres ponentes de la Constitución de 1978, aún vivos: Miguel Herrero de Miñón, Miquel Roca y José Pedro Pérez-Llorca. A mí me correspondió el honor y la tarea de conducir el coloquio entre los tres, que lógicamente se refirió a nuestros actuales problemas políticos vistos a través del pensamiento y del ejemplo cívico de Gregorio Peces-Barba.

Preparamos bien el acto, pues no queríamos que los problemas existentes con los nacionalismos catalán y vasco, ni tampoco los que afectan a la infanta Cristina, contaminasen un acto cuya intención era dar ejemplo de nuestra voluntad de acuerdo en torno a las leyes y la Constitución, teniendo presente, además, que intervenía Miquel Roca, una persona relacionada con ambos problemas.

Fue una sesión interesante, y las personas que asistieron, una vez finalizado, nos preguntaban por qué el debate de hoy carece de la autenticidad del pasado. Algunos de los presentes, sabiendo que yo fui senador por Burgos, me interrogaron acerca de los acontecimientos en el barrio de Gamonal, pues algunas de las consideraciones que se habían hecho sobre el actual malestar ciudadano, se podían ilustrar con la revuelta vecinal burgalesa.

Contesté reiterando lo que expuse en el acto: la vocación política hace que el representante público intente siempre decir la verdad -desde luego, su verdad-, pero que rechace la mentira, hoy en día camuflada por técnicas publicitarias; técnicas que yo llevo denunciando mucho tiempo, advirtiendo que los llamados “argumentarios” son prácticas malignas para la moral democrática.

Hubo un “argumentario" cuando en Burgos se justificó el “Bulevar del Ferrocarril”, una nueva avenida urbana, proyectada a partir del espacio liberado por las antiguas vías del ferrocarril. El fracaso de ese “Bulevar del Ferrocarril” -según mi opinión- ha gravitado de manera negativa sobre el “Bulevar” que se piensa construir en el barrio de Gamonal.

El proyecto del “Bulevar del Ferrocarril” era carísimo y poco práctico. El rimbombante estudio de arquitectos internacionales que lo diseñó no quiso prever aparcamientos, pues el proyecto concebía soluciones para el tráfico basadas en soluciones vanguardistas -también muy caras-, entre otras, un tranvía y autobuses ultramodernos (los llamados híbridos, que circulan por plataformas y por calzadas ordinarias).

El proyecto del “Bulevar del Ferrocarril” se financiaba con las plusvalías del nuevo suelo urbano, procedente de las vías del ferrocarril. Entonces estalló la burbuja inmobiliaria y casi todo se vino abajo. El proyecto quedó a medias en su desarrollo; el ayuntamiento burgalés tuvo que hacerse cargo de las deudas producidas por las fantasías urbanizadoras; las cajas de ahorro emblemáticas de Burgos, afectadas de lleno por el esfuerzo inmobiliario, se convirtieron en bancos o desaparecieron sin más; el problema crónico de la falta de aparcamientos no se resolvió, y todo junto generó una irritación en los vecinos y en los comerciantes de Burgos, especialmente los del barrio de Gamonal.

Burgos, por su austero orgullo castellano, no ha resistido el síndrome que en otros lugares podríamos llamar: “el fin de las fantasías de diseñadores como Calatrava”. Valencia sufrió un urbanismo irreal como el de Burgos, donde los edificios de Santiago Calatrava fueron la expresión máxima de una época obnubilada por el dinero.

En Valencia, conviene recordarlo, un movimiento vecinal paró también un proyecto para “modernizar” una parte de la ciudad. Pero la revuelta vecinal burgalesa tiene elementos nuevos, en parte resultado de la personalidad histórica de la antigua ciudad castellana (que la hace distinta incluso en Castilla y León), y en parte porque las revueltas importantes se producen y se extienden cuando las sociedades empiezan a salir de lo peor de una crisis económica.

Lo que sucede en Burgos es una sorpresa, con virtudes democráticas, y también con riesgos evidentes (como la violencia o la profundización de las corrientes ideológicas contrarias a los partidos políticos).

Vuelvo al homenaje a Gregorio Peces-Barba. Los que intervinimos en ese acto coincidimos en señalar que no hay democracia sin partidos políticos. Como primer bloque de discusión, propuse el siguiente tema: “El pluralismo dentro de los partidos políticos deberá perfeccionarse para que la política democrática recupere su necesario prestigio”. Miquel Roca, en su turno, respondió con un análisis convincente. Se puede resumir así: “En las revueltas árabes, allí donde los manifestantes eran sólo individuos unidos y comunicados por las redes sociales de Internet, allí donde los partidos políticos modernos fueron muy débiles (como en Egipto y en Libia), las revueltas fracasaron en su intento de construir un Estado con libertad y justicia; por el contrario, allí donde los partidos y los sindicatos tenían fortaleza -como en Túnez-, los participantes en la revuelta pudieron reformar pacíficamente el Estado de acuerdo con sus plurales ideologías políticas y sindicales.”

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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