¿A cuál México representará nuestra nueva embajadora en España?
lunes 20 de enero de 2014, 20:17h
La diplomática mexicana Roberta Lajous (/Layú/) fue recibida el 15 de enero de 2014 como la nueva embajadora de México en España, por Su Majestad el rey Juan Carlos I. Desafortunadamente no ha podido ser en el Palacio Real de Madrid con carroza, libreas, ujieres, pompa y circunstancia incluidos, que a mí desde América me entusiasman, por el halo que muchos atribuimos a la centenaria usanza monárquica y a las tradiciones más acendradas del protocolo español. ¡Con lo bonita que es la ceremonia de recepción de embajadores en Madrid! Y no pudo ser debido a la salud del monarca, que lo retiene convaleciente en La Zarzuela; mas supongo que ese otro escenario no deja de ser fascinante y la ocasión sea asaz solemne, afable y trascendente, tratándose de quienes se trata. Ya será para la próxima.
Empero, todo ello no es óbice para plantear de forma puntillosa y directa la pregunta formulada que intitula esta entrega: ¿A cuál México representará nuestra nueva embajadora en España? Es decir ¿a cual podrá representar y a cuál piensa hacerlo? ¿qué margen de maniobra le dejan, tratándose de un gobierno como el actual, al que representa? Uno encabezado por Enrique Peña Nieto, que a muchos ciudadanos nos deja la inquietante sensación de que el país se le está yendo de las manos. Y aprisa, sin pausa y de manera muy preocupante. Y sí, no faltan por el contrario los que le aplauden como focas, aunque cada vez sea más políticamente incorrecto hacerlo, dadas las catastróficas evidencias, pero ese es otro cantar.
No pierdo de vista en ningún momento, que me refiero a una dama y que se trata de la primera mujer que ocupa nuestra representación en Madrid, en casi 180 años de diplomacia bilateral. Su actividad académica es elogiable, su origen diplomático más que político, es notable y su paso por Naciones Unidas no es menor, aunque su estancia en Cuba no pareció brillar. Enhorabuena. Sin embargo, se necesitará más que invocar al género, ya no digo al sexo, para salir avantes y para convencerme a cabalidad de la idoneidad del nombramiento efectuado, cuando en el ministerio mexicano de exteriores no parece haber una política clara (que debe de partir del jefe del Estado, que ya es decir) pese a conocer al interior de aquél a gente estupenda y entregada. Una pena porque la percepción afuera, en la calle, es que adentro no hay rumbo claro en política exterior y van dando penosos trompicones a diestra y siniestra. México no lo merece.
La embajada mexicana en Madrid es calificada en México como de primer orden. La responsabilidad es mayúscula. El PRI presumía de saber cómo hacer política exterior. Ahora gobernando no nos ha sorprendido aún ni ha dado muestras de que sepa cómo, pero a ver si la señora Lajous consigue sorprendernos, porque salvo el nombramiento para China, la mayoría de los embajadores del actual gobierno me significan severas dudas, si juzgo antecedentes y desempeños. Y como esperaríamos una política exterior clara y no de incertidumbre e improvisación como se percibe, gris como el cemento y dependiente de Estados Unidos, ante los que se calla de manera lacayuna cualquier improperio o insolencia de Washington, la embajadora Lajous sabrá si revierte esa imagen real o la refrenda desde su destacada posición. De manera que el reto es notable para la diplomática.
Dice la crónica que nada más llegar a Madrid se presentó ante el rey. ¡Qué bueno! Porque sobre su escritorio en la sede magníficamente situada en la calle de Carrera de San Jerónimo, justo enfrente de la Cámara de los Diputados, aguardan delicados temas de inversión hispano-mexicana en varios órdenes y deberá lavar la imagen de México si en algo está deteriorada allí, sin que dependa de ella que su gobierno la mancille o que ella pueda evitarlo más allá de los muros de su sede. ¡Diantres! En qué predicamento la coloca Peña Nieto.
Nuestra flamante embajadora, representa en estos momentos a un gobierno, el de Enrique Peña Nieto, que me evoca tres cosas solo con invocarlo: 1) Peña Nieto ha efectuado un alza de impuestos que afecta nuevamente y sobre todo, a los contribuyentes ya cautivos, al carecer de la capacidad para ampliar el bajo número de ellos por vía de la formalidad. 2) La señora Lajous representa a un gobierno avocado a difundir a diario en el Diario Oficial de la Federación (equivalente al Boletín Oficial del Estado) nombres de contribuyentes morosos, nacionales y –¡atentos!– extranjeros. Pero todo indica que el gobierno de Peña Nieto al hacerlo y escudarse en observar la legislación secundaria, se está cargando las más elementales garantías individuales que le reclaman el secretismo y el sigilo del Estado Mexicano, ya no digamos que esté configurando violaciones flagrantes a los derechos humanos, como el de la privacidad (¿le suena? a ellos no) y ¿le parece poco?, va difundiendo información de particulares sin su consentimiento tácito o expreso, sin demostrar cuál es el interés jurídico colectivo del resto de los ciudadanos para saber esa información ni muestra la cláusula firmada por todos, por la cual le autorizamos evidenciarnos ante todos, violentando nuestra privacidad y buen nombre, sin haberle licenciado disponer de semejante manera de nuestros datos. El Estado exige cláusulas de privacidad a terceros, que él no respeta.
Y 3) sobre todo, la señora Lajous representa a un gobierno que no ha mostrado una clara estrategia para combatir al narcotráfico y que va de un tropiezo a otro, siendo el más reciente enviar al ejército a Michoacán a desarmar a grupos de autodefensa, que se han formado para combatir a esos narcotraficantes que ni el gobierno local ni el Estado mexicano, ambos en manos del PRI, han vencido, pese a que el PRI ofreció en 2012 que si ganaba las presidenciales, solo entonces nos diría cómo atendería el asunto. No lo diría antes. Y no lo ha dicho después. Las ganó y estamos peor. Naturalmente que es inadmisible que los particulares se hagan justicia por su propia mano, pero cuando uno voltea a ver al gobierno Peña Nieto buscando esas soluciones, observa su incapacidad y carencia de oficio totales para enfrentar eficazmente el flagelo del narcotráfico, que los mexicanos de bien deploramos y no secundamos.
Así que la nueva embajadora de México en España la tiene fácil, ya se ve. Ojalá que no pidamos sombra a los ríos y Lajous no secunde atropellos de su gobierno, uno que ya llegó al 50/% de impopularidad, a una economía en 0,7 % de crecimiento anual y con una de las inflaciones más altas de la OMC, haciendo trizas la economía que le dejó su antecesor. Yo le deseo el mejor de los éxitos, pero soy realista, porque su muy respetable trabajo diplomático la ayuda, pero también a la señora Lajous le toca poner la cara por todo lo ya citado. De ninguna manera me gustaría estar en sus zapatos en estos momentos ¿Usted cree qué podrá salir avante? Yo también tengo mis dudas. Pero es lo que hay.