Y ahora Bosnia
Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 08 de febrero de 2014, 20:10h
Bosnia-Herzegovina lleva dos días sacudida por protestas y altercados callejeros entre la policía y los manifestantes. En Tuzla, Zenica, Bihac, Móstar y la capital, Sarajevo, decenas de miles de personas se han echado a la calle para protestar contra la pobreza, la corrupción gubernamental y el desempleo, que en algunos lugares alcanza el 40% de la población. El detonante fue el cierre de varias empresas públicas en Tuzla –una de las ciudades más importantes al norte del país- pero el descontento venía acumulándose desde hace mucho tiempo. En varias ciudades los manifestantes han incendiado edificios de gobiernos locales.
La Bosnia-Herzegovina de hoy nació de los acuerdos de Dayton (1995), que pusieron fin a la guerra que había estallado en 1992 y crearon un Estado pacífico pero fallido. El país está dividido en dos entidades diferentes. Por un lado, la República Serbia, es decir, la zona donde los serbobosnios son mayoría. No se debe confundir esta entidad con la República de Serbia, que es el Estado perteneciente a Naciones Unidas cuya capital es Belgrado y que era una de las Repúblicas de la desaparecida Yugoslavia. Por otro lado, está la Federación Croato-Musulmana, esto es, la zona de Bosnia Herzegovina donde son mayoría los croatas y los bosnios musulmanes que, a su vez, se agrupan en distintas poblaciones. En un nivel administrativo local, Bosnia-Herzegovina se divide en cantones.
Si le parece confuso, déjeme que termine de complicarlo: las identidades de serbobosnio, croata y bosnio musulmán son bastante escurridizas. Cuando se dice que son respectivamente ortodoxos, croatas y musulmanes, no debe interpretarse sólo desde el punto de vista religioso sino también desde el sociológico (tradición, adhesión a una memoria colectiva, sentimiento de pertenencia a una determinada cultura). Mientras en la República Serbia se celebra la Semana Santa ortodoxa, en las ciudades de mayoría musulmana se guarda el ayuno de Ramadán y en los pueblos de mayoría croata se celebran las fiestas de la Virgen María. El famoso santuario católico de Medjugorje está a 25 kilómetros de Móstar, cuyos alminares recuerdan la presencia islámica. Gorazde, ciudad de mayoría de bosnios musulmanes, está enclavada en medio de la República Serbia –de mayoría ortodoxa- y se une a la Federación Croato-Musulmana a través de un corredor que cruza el territorio de mayoría serbobosnia. Además, hay un tercer distrito que está fuera de las dos entidades anteriores: Brcko. Las protestas, hasta hora, han azotado las ciudades de la Federación Croato- Musulmana pero también las ha habido –con menos intensidad y sin incidentes- en Banja Luka, la capital de la República Serbia.
Así, Dayton puso fin a una guerra pero dejó sin resolver otros problemas que ahora han estallado. En Bosnia-Herzegovina existe una fractura social que tiene raíces en la guerra pero también en la falta de desarrollo de las ciudades. Sarajevo era una de las ciudades más fascinantes de Europa y poco a poco ha ido recuperando el encanto perdido, pero es evidente que las ciudades más pequeñas tienen graves problemas sociales y económicos. La vinculación entre la inversión privada, la intervención pública y las influencias políticas han creado el caldo de cultivo perfecto para la corrupción. Transparencia Internacional sitúa Bosnia-Herzegovina en el puesto 72 de 176 países. Según la zona de Bosnia-Herzegovina que uno visita verá bancos turcos, austriacos o italianos. Hay ciudades donde el capital venido de los países del Golfo se ha invertido en construir mezquitas y escuelas religiosas. En otros lugares, las heridas de la guerra aún no se han cerrado y los cementerios recuerdan lo que ocurrió. Las comparecencias de Ratko Mladic y Radovan Karadzic en el Tribunal Internacional de La Haya siguen teniendo audiencia en la televisión.
Mientras Croacia se ha incorporado a la Unión Europea y Serbia ha iniciado negociaciones formales para hacerlo, Bosnia-Herzegovina ha quedado atrapada en una tierra de nadie internacional sumiéndose en la ineficiencia de un sistema administrativo que no termina de funcionar. El estallido social de estos dos días era previsible, pero no sé si habrá sido espontáneo. Cuanto más leo sobre la “Primavera bosnia”, más me inquieto. La expansión del Islam radical por los Balcanes se produce de forma lenta pero constante y ahonda las diferencias étnicas entre las comunidades que habitan en la otrora república yugoslava. Hasta ahora, el trabajo que se ha hecho a nivel educativo y cultural para tender puentes y propiciar la reconciliación después de la guerra ha arrojado resultados muy desiguales. Con un salario medio de 420 € al mes, los jóvenes nutren ahora las filas de los manifestantes en las ciudades más pequeñas y esto puede contribuir a superar las divisiones étnicas haciendo frente a unos problemas comunes. Es un caldo de cultivo peligroso para el populismo y la demagogia. Es cierto, de todos modos, que la violencia puede ir restando apoyo social a las protestas si se van radicalizando como en Ucrania.
Adoro Bosnia. La he recorrido desde el norte hasta el sur y es uno de los lugares más bellos de Europa, pero -junto a esa belleza- sufre uno de los destinos más trágicos del continente. Convertida en el tablero de juego de los nacionalismos y las influencias extranjeras, los bosnios de todas las comunidades pagaron un alto precio en sangre por las locuras de sus líderes y las injerencias de otros. La que debía reproducir el modelo yugoslavo a pequeña escala terminó sumida en la desesperación de la guerra y la posguerra. Es necesaria una intervención decidida de la Unión Europea que evite las desestabilizaciones y cree las condiciones para la integración. Sólo eso puede salvar al Estado nacido de los acuerdos de Dayton de una involución de impredecibles consecuencias.
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Analista político
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