Ante una gran expectación mediática, el ministro de Economía, Luis de Guindos, reiteraba su discurso sobre la incipiente recuperación de la economía española, gracias a un proceso de devaluación interna que ha calificado de histórico, al saneamiento del sistema financiero, y a la confianza ganada entre los inversores.
Sin embargo, De Guindos, que participaba en un desayuno informativo organizado en un hotel madrileño por Europa Press, ha anunciado que quedan retos pendientes, como el todavía
fuerte endeudamiento privado, por lo que el Gobierno proseguirá con su agenda reformista. Entre las medidas más esperadas está la anunciada bajada de impuestos que no se termina de concretar. De Guindos se ha escudado en que cada cosa tiene su tiempo en política, y en que no podía decir nada hasta que el informe de los técnicos no estuviera acabado. Sin embargo, sí ha dejado entrever por dónde pueden ir los tiros al afirmar que
el marco fiscal actual penaliza el ahorro, y al señalar el
impuesto de sociedades, donde hay un desequilibrio a su juicio entre los tipos nominales y los tipos efectivos. Todo ello, ha dicho, dentro de una reducción generalizada de los impuestos directos.

Las empresas y las familias han hecho un esfuerzo para reducir hasta 300.000 millones de euros de deuda en un contexto de recesión, ha destacado De Guindos, algo que es especialmente difícil, y que ha provocado el colapso de muchas empresas. Por tanto, ha anunciado que es el momento adecuado para facilitar legalmente la
reestructuración de la deuda de las empresas, de manera que las que sean viables puedan sobrevivir en el difícil contexto económico.
También para favorecer a las pequeñas y medianas empresas, ha anunciado una alternativa a la financiación bancaria a través de la regulación de la figura del capital riesgo pyme, que se implementará el próximo mes de abril.
El ministro ha defendido la
devaluación interna que ha practicado la economía española, es decir, la bajada de salarios para reducir los precios y ganar competitividad en el exterior. Para esta ganancia de competitividad, la reforma laboral se ha revelado como un útil instrumento, según De Guindos, ya que ha permitido flexibilizar el mercado laboral y evitar despidos. Según ha vaticinado, los efectos de la reforma se dejarán notar en los próximos meses.
También ha insistido en el éxito de la reestructuración del sistema bancario español, que ya se percibe como solvente. Sobre la
venta de Bankia, no ha querido establecer una fecha para su privatización, aunque ha querido destacar que si la acción sigue la evolución positiva que está registrando, el Gobierno quizá pueda saldar las ayudas que desembolsó como parte del rescate financiero.
De Guindos ha repetido que España está saliendo de la crisis, de una manera incipiente, y ha previsto más fácil que se eleve la perspectiva de crecimiento económico para este año. Y ha dejado una
peligrosa ‘definición oficial’ de qué es salir de la crisis, cuando ha dicho que confía en que se recuperen los tres millones de empleos y 7 puntos de PIB de renta que se han perdido durante los años que han seguido al pinchazo de la burbuja inmobiliaria.