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Estos son los que quieren la mezquita de Córdoba

miércoles 19 de marzo de 2014, 20:49h
Sucedía hace pocos días en Pakistán. Un joven contraía matrimonio con una chica sin que la familia de ella aprobase el enlace. Fatal. Huelga decir que el papel de la mujer en el Islam queda relegado al de mera comparsa, y ésto con suerte. Aquí, además, sirve como elemento de trueque o alianza. Y visto que la familia de la chica casada no había podido hacer negocio con “la mercancía de su propiedad”, pusieron el asunto en manos de los clérigos musulmanes, que dictaron sentencia.

¿Culpable? La hermana del novio. ¿Qué había hecho? Nada, sólo nacer mujer en un país musulmán. ¿Castigo por todo ello? La joven en cuestión fue desposada por la fuerza, violada por los parientes del animal de su marido y salvajemente torturada. Tras su “hazaña” la dejaron atada a un árbol, desnuda. No es la primera vez que sucede una aberración semejante ni, por desgracia, será la última. Hace pocas semanas, una pareja de adolescentes fue lapidada al norte del país por “adúlteros”. Y el rosario de casos semejantes es tan nutrido como lacerante.

No es excusa que todo esto suceda en entornos supuestamente poco desarrollados y rurales. En octubre del pasado año, en Marruecos, a una pareja de adolescentes, él 15 años y ella 14, no se les ocurría nada “peor” que darse un beso al salir del instituto. Un amigo de ambos, también de 15 años, hizo una foto con el móvil y la subió a Facebook. Nada de particular, excepto porque semejante muestra de “exhibicionismo indecente” hizo que esos chicos pasaran cinco días recluidos en un centro de menores a la espera de juicio, enfrentándose a penas de dos años de cárcel por el delito de “exhibicionismo indecente”. Con lo bien que funcionan las cárceles en los países musulmanes y el exquisito respeto a los derechos humanos que hay en ellas…

Si salen a la calle este fin de semana, no es probable que se encuentren con una manifestación en defensa de la dignidad de las mujeres en el mundo islámico. Ni Femen, ni feministas, ni progres ni Cristo que los fundó. Hay, sin embargo, más posibilidades de toparse con alguna en la que se pida la restitución de la mezquita de Córdoba, no se sabe si para uso mixto o exclusivamente masculino. En tiempos, allí había una basílica, la de San Vicente. La invasión musulmana originó que Abderramán I iniciase sobre sus cimientos la construcción de una mezquita en el siglo VIII. Sus sucesores irían perfilando lo que hoy es sin duda uno de los edificios más bellos del mundo. Conozco mezquitas de Egipto, Turquía y Pakistán, y puedo decir sin rubor alguno que la antigua de Córdoba no les desmerece en absoluto.

En 1238, con la Reconquista, la mezquita pasó a ser catedral. Todo se conserva como entonces, fiel reflejo del esplendor que en su momento tuvo. Se valora y respeta su pasado, así como el credo en cuyo nombre se erigió. No ocurre lo mismo, por poner un solo ejemplo, en la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén: de Santo Sepulcro le queda el nombre, pues el enterramiento en cuestión fue destrozado por el sultán turco Mehmet II; muy tolerante él. Algunos de sus correligionarios actuales siguen con los mismos usos y costumbres del medioevo, especialmente contra las mujeres. Varios son los casos de imanes españoles que han justificado la violencia física contra ellas. Y de paso, se piden la mezquita. Si es por tiempo, en ese lugar hubo una basílica entre los siglos V y VIII, y una catedral desde 1238 hasta la fecha. Mezquita, dos siglos. Y si es por evitar que desde un lugar tan emblemático algún iluminado pretenda dictar fatwas para lapidar adúlteras -lo que ellos entienden por adúlteras, claro-, casi que no.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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