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El arte como historia del espíritu europeo

Juan José Laborda
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viernes 21 de marzo de 2014, 22:24h
El título de este artículo tiene resonancias alemanas. El “espíritu” fue un concepto que diferentes escritores alemanes -desde filósofos a economistas, pasando por sociólogos y estudiosos del arte- desarrollaron desde la época de la Ilustración. En español el término “espíritu” carece de la densidad cultural que tiene su correspondiente acepción en alemán. En una ocasión utilicé ese término en una entrevista televisiva sobre asuntos políticos, y alguno que me vio en aquel programa se extrañó que yo utilizara la palabra “espíritu”, pues le sonaba antigua, propia de predicadores sacros, y con cierta carga reaccionaria.

Tengo la impresión que el “progresismo posmoderno”, en este término como en otros varios, viene entregando conceptos a sus competidores ideológicos sin darse cuenta de su valor cultural. Hace bastante tiempo señalé la estúpida cesión de conceptos como “patria” y “patriotismo”. Pronunciar esos términos parece ser un pecado grave de palabra y obra para las severas conciencias verbales del progresismo posmoderno. Me viene bien recordar lo que dijo un personaje histórico de una novela de Pío Baroja: “¡Muera la patria y la nación!¡Viva el rey absoluto! y ¡Mueran las leyes!” Se trataba del padre Orry, apodado “el padre Puñal”, un guerrillero absolutista que actuó en Cataluña, y que Baroja, en su novela “Con la pluma y con el sable”, nos señaló cuáles fueron los símbolos odiados para ese partidario de la reacción absolutista durante el “Trienio Liberal”: ¡la patria, la nación y las leyes!

La historia del Arte como historia del Espíritu” fue el título de una influyente abra de Max Dvorak (1874-1921), un historiador de las formas artísticas, miembro de la Escuela de Viena de Historia del Arte. La aportación de Viena en el capítulo del conocimiento del Arte tuvo un nivel altísimo, comparable al que llegaron la física, las matemáticas, la lingüística, la psicología, las ciencias políticas y económicas, la arquitectura, la música, etcétera, en la Viena capital del Imperio, y después de 1918, capital de Austria, hasta su absorción por el III Reich nazi en 1934. El fantástico libro de José María Valverde, “Viena 1900”, describe Viena como la capital cultural de Europa, en la que convivían genios como Ernst Mach, Otto Wagner, Adolf Loos, Arnold Schoenberg, Alban Berg, Sigmund Freud, Ludwig Wittgenstein, J.A.Schumpeter, Robert Musil, entre otros grandes nombres. El problema fue que la Viena derrotada también inspiró la ideología de un artista fracasado que se llamaba Adolf Hitler.

El nazismo destruyó aquel foco de cultura europea. Ernest H. Gombrich (1909-2001), discípulo de Max Dvorak, como era judío, abandonó su Viena natal, y tuvo que refugiarse en Londres. En Gran Bretaña alcanzó como profesor de Historia del Arte las más altas cimas de su profesión, y de reconocimiento social. En 1950 publicó una obra mítica: “La Historia del Arte”. Millones de estudiantes y de amantes de los estilos artísticos encontraron en ese libro la síntesis perfecta. Esta semana, en mis habituales correrías por librerías, descubrí que, con su última reimpresión, esa obra ha llegado a ¡siete millones de ejemplares!

En la misma librería pregunté por otra obra, parecida en tantos aspectos, como fue “La Historia social de la literatura y del arte” de Arnold Hauser (1892-1978). Se publicó por las mismas fechas que la de Gombrich, tuvo parecido éxito -no he conseguido saber cuántos ejemplares tuvo una obra que fue traducida a 16 idiomas distintos-, y su autor, también judío, inició su carrera en Viena como profesor e investigador del Arte europeo. Por descontado, Arnold Hauser encontró en Gran Bretaña la patria que los nazis le negaron.

El nacionalismo, y en su versión criminal, el nazismo, asestaron a la gran cultura europea escrita en alemán un golpe del que Europa no se ha recuperado aún. El alemán retrocedió después de 1918 -Kafka fue un checo que escribía en alemán-, y el nacionalismo racial hitleriano expulsó a valiosos creadores y científicos de lengua alemana a partir de 1933: Albert Einstein, Thomas Mann, Stefan Zweig, Karl Popper, Arnold Schoenberg, Bertolt Bretch, Eric Marie Remarque y un largo etcétera.

E.H.Gombrich y Arnold Hauser son la prueba de que la abolición de la democracia perjudicó culturalmente a la Europa de lengua alemana. ¿Quiénes se beneficiaron de esa emigración? Las dos democracias de lengua inglesa: Gran Bretaña y Estados Unidos. Y no se limitó a los de lengua alemana. Como la democracia fue destruida en casi toda Europa continental, y seguidamente sus Estados pasaron a alinearse con los nazis, Gran Bretaña y Estados Unidos recibieron una corriente de artistas y científicos europeos que dejaron de usar sus lenguas propias, y que pasaron a expresar su espíritu científico o artístico en inglés.

Se insiste en que el dominio del inglés se debe a factores económicos y técnicos. Pero la lengua de la democracia, la “marca” de nuestra civilización, fue desde aquellos años el inglés. Releer los libros de Hauser y Gombrich sirve para comprender ese cambio definitivo. Con la obra de Gombrich nos damos cuenta, además, que la consolidación de las actuales democracias europeas, abrirán una era con un espíritu que tenderá a la estabilidad clásica. ¡Si no nos torcemos levantando fronteras físicas y espirituales! De eso hablaremos algún día.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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