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RESEÑA

Richard Sennett: El extranjero. Dos ensayos sobre el exilio

domingo 30 de marzo de 2014, 14:15h
Richard Sennett: El extranjero. Dos ensayos sobre el exilio. Traducción de Marco-Aurelio. Galmarini. Anagrama. Barcelona, 2014. 131 páginas. 14,90 €. Libro electrónico: 11,90 €
A través de un género híbrido de ensayo y narración (cultivado en nuestro país con singular solvencia por José Luis Pardo en libros como Esto no es música. Ensayo sobre el malestar contemporáneo), Richard Sennett propone en esta obra una reflexión sobre un tema que se insinúa una y otra vez en sus páginas: ¿cuál es el rendimiento político de la identidad, y el sentido último, psico y sociológico, de esta categoría?

El autor nos muestra el espectáculo de los habitantes de los guetos afanándose en construir una identidad con la propia materia de la que está construida su segregación, y al asistir a este periplo no podemos dejar de preguntarnos por qué es tan imperioso e inaplazable para un grupo humano (acosado por circunstancias históricas ajenas a su voluntad y designio), proveerse de los rasgos de una identidad diferenciadora. Una identidad que desafíe tanto al poder del "olvido" como al del "recuerdo", es decir, que se resista a la asimilación al tiempo que reúna fuerzas para superar la nostalgia de un pasado idealizado. Porque la asimilación comporta los caracteres de una autorrenuncia, pero aferrarse al pasado supone abandonarse a una continua involución existencial.

En la matriz de la cultura occidental discurre el campo de fuerzas derivado de la contradicción entre dos principios sustentadores de identidad: el de la tierra (o del espacio) y el del desarraigo (o del tiempo). Ambos tienden a conocer ciclos de expansión de su intensidad, sobre cuyo trasfondo surgen los interrogantes acerca de cuáles son los males de los que la identidad puede consolar, y qué demandas (conscientes o inconscientes) procura atender. El libro de Sennett (figura estelar del pensamiento norteamericano contemporáneo, emblema de la corriente pragmatista tras la desaparición de Rorty) aporta sugerencias valiosas para encauzar la reflexión, vinculando el peregrinaje y la exposición con la propia composición simbólica del existir humano. Elementos que pueden parecer un negativo de la noción tradicional de "identidad", pero que tal vez constituyan las claves de su realidad más profunda: a pesar de lo que Aristóteles dejó escrito en el código básico de la filosofía occidental, el ser humano no dispone sino de una muy imperfecta (insociable) sociabilidad, que requiere buscar acomodo en los pliegues autorreferenciales de algún modelo identitario. De este sustrato se nutrieron las ideologías nacionalistas, sobre cuyo trasfondo se ha edificado esa moderna regla básica de la identidad, que “amenaza constantemente con limitar la libertad personal a la práctica cultural”.

Por este motivo solo los que se avienen a vivir una vida desarraigada, solo los que consienten en vivir vagando, pueden transformarse a sí mismos y "devenir seres humanos consecuentes", accediendo a la condición de nuestra universalidad como humanos (y como sujetos de derecho). Las analogías entre el extranjero y el artista moderno, en su necesidad común de desplazar las coordenadas de su representación de la realidad, culturalmente petrificada, centran la atención de Sennett en su ensayo. "Desafiar la evidencia sensorial habitual" (en el campo artístico) resulta un objetivo equiparable a "volver a ver a los demás y a uno mismo como seres humanos concretos, no como tipos culturales" (en el campo de la vida cotidiana). La experiencia contemporánea de los conflictos relacionados con la identidad nos advierte que no es lo mismo liberalismo y pluralismo: la libertad apela a la capacidad de autorrealización individual más allá de todo marco comunitarista; en su lugar el pluralismo puede acabar convertido en una simple cuestión de definición de las fronteras entre comunidades.

Sin embargo, la sensación de libertad se cobra el precio de abandonar al sujeto en la "incapacidad para decir claramente quién es", y ante esto no queda otra alternativa que "avenirse con la insuficiencia". Una rotunda expresión del sentir humano propio de la Modernidad, que el autor nos ofrece en un libro breve, compacto, hermosamente crítico y revelador.

Por José Antonio González
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