La emoción viril de Ramiro Ledesma
Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 04 de abril de 2014, 20:00h
A diferencia de Hitler, Ramiro Ledesma tenía un espíritu masculino, valiente y generoso. Stalin llegó a decir de Hitler, poco antes de que los nazis conquistasen el Estado, lo siguiente a su camarada Menjiuski:
- Hitler tiene todos los defectos y todas las cualidades de nuestro Kerenski. Al igual que Kerenski, Hitler no es más que una mujer. El realidad, el espíritu de Hitler era un espíritu profundamente femenino; su inteligencia, sus ambiciones, su voluntad misma no tenían nada de viril. Era un hombre débil que se refugiaba en la brutalidad para ocultar su falta de energía, sus sorprendentes flaquezas, su egoísmo mórbido, su orgullo sin recursos, sus vicios inconfesables. Algo que tienen todos los fascistas de corte femenino ( no Mussolini, ni Ramiro, ni Onésimo ), uno de sus rasgos característicos en su modo de concebir las relaciones entre hombres y acontecimientos, es la envidia: la dictadura feminoide no es sólo una forma de gobierno, es la forma más completa de la envidia, tanto en lo político, como en lo moral y lo intelectual. Como todos los dictadores de espíritu femenino, Hitler se deja guiar más por sus pasiones que por sus ideas. Como todos los dictadores sin virilidad espiritual, Hitler no quiere más que a los que puede despreciar. Su ambición femenina era algún día poder corromper, humillar, esclavizar a todo el pueblo alemán, en nombre de la libertad nacional, de la gloria y de la potencia de Alemania.
Hay algo turbio, equívoco, íntimamente inquietante, sexualmente morboso en la táctica oportunista de Hitler, en su aversión por la violencia revolucionaria, en su odio a toda forma de libertad y de dignidad individuales. En la vida de los pueblos, en el momento de las grandes desdichas, después de las guerras, de las invasiones y del hambre, siempre hay un hombre que surge de la multitud, que impone su voluntad, su ambición, sus caprichos más desaforados, sus rencores, y que “se venga como una mujer” de todo su pueblo, de la libertad, el poder y la felicidad perdidos. Hitler fue el dictador, la mujer que Alemania merecía. Es su lado femenino el que explica el éxito de Hitler, la fascinación que ejercía sobre la multitud hebetada y estupidizada, el entusiasmo que provocaba en la juventud siempre ambigua de Alemania. A los ojos de las masas nacionalistas, Hitler era puro, un asceta, un místico de la acción, una especie de virgen, de doncella emblemática, una reedición germánica de Juana de Arco. “No se cuenta de él ninguna historia de mujer”, afirmaba uno de sus más entregados biógrafos del partido. Y nos cuesta, la verdad, imaginar a Hitler afanado en ejercicios amatorios para hacer suya a Eva Braun, es decir, como un hombre normal a una hermosa muchacha. Y es que es un hecho que de este tipo de dictadores no se cuenta ninguna historia viril. Hitler, como todo revolucionario cobarde, como la ETA de hoy que pacta con el PSOE, quiere llegar al poder para cometer sus crímenes no a través de la violencia revolucionaria ( Mussolini, Trotsky, Fidel Castro ), sino a través de componendas semilegales y compromisos de naturaleza parlamentaria.
Ramiro era de espíritu viril y masculino. Y entendía el arte de la guerra que es la política más como Frontino y Eneas el Táctico que como Sun-Tzu. Es decir, era un político clásico en el mejor sentido del término. Además su inclinación a las mujeres estaba bien patentizada. En 1930 se hizo una novia llamada Juana García, de un pueblecito cercano a Alcalá de Henares, Santos de la Humosa. Medía uno ochenta y siete (15 centímetros más que él), delgada y de ojos azules, una auténtica modelo de pasarela que se enamoró locamente de Ramiro. Mucha gente miraba con pasión venérea y animal la aparición y andares de Juana García, y quienes eran más educados y discretos, pero devotos fieles de la belleza, la miraban con discreción y disimulo cuando los cruzaba. Verdaderamente era hermosa la complutense Juana García, de larguísimas piernas perfectas, una cadera de ensueño de 93 centímetros, senos breves y un vientre con forma de valle en donde se mecían verdes trigales de la Tierra de Campos. Juana García sería la mujer para toda la corta vida que le quedaba a Ramiro. La llevaba los fines de semana en su moto a distintos pueblos emblemáticos de Guadalajara, antiguos aposentos de los grandes cortesanos de los siglos XVI y XVII. Sigüenza, Pastrana, Brihuega…Allí pasaban los fines de semana, y se hacían ardientemente el amor en mesones que mantenían aún unos muebles y enseres de antigua hidalguía. Olorosas sábanas de Holanda cubrían sus jóvenes cuerpos desnudos y embebidos de amor. El blanco vientre de Juana García era una preciosa depresión que formaba un valle en donde parecía oírse el rumor de un campo de trigo en primavera. En este delicioso valle ponía Ramiro todos los días su cabeza, exhausto después de hacer el amor, y sentía que aquí se hallaba la delicada sepultura de su alma, mejor situada sin duda que la de Mausolo. De finales de 1930 es el siguiente poema fuertemente erótico dedicado a Juana García, y fundamentado en la muerte desgraciada de una deliciosa perrita de la novia. La influencia del pajarillo de Catulo en el poema es notoria: “Comió las medias que eran de la dueña,/ cargadas del olor de mi pasión,/ y la pobre perrita enamorada/ por el amor al ama se murió./ Lloraba mi niñita mares negros,/ y no paraba nadie su temblor,/ y del caso la gente se reía,/ con risa de inclemente corazón./ Las piernas de cristal hoguera blanca,/ con un negro estarcido rompedor/ cubrían su belleza pudorosa/ que mi amante denuedo reveló./ Y busqué en las mojadas oquedades/ los astros oscuros de mi pasión./ Cisne con alas blancas desplegadas/ sus remeras de plata desnudó./ Con bocados de dulce paraíso/ la perrita su vientre envenenó./ Por las tinieblas del Orco camina/ catulana perra de dulce amor./ Maldigo los reveses de esta vida/ que arrebatan lindísimo primor.”
Ramiro era un ejemplar de brama, semental romántico, sensible intelectual por el mismo exceso venéreo, sufridor de esa angustia que produce la presión continua y devastadora del sexo.
El 14 de marzo de 1931, un mes antes de hundirse en medio de una gran alegría la monarquía alfonsina, aparece el primer número del periódico de Ramiro, La conquista del Estado, órgano que será de las JONS, y que se editará en el Avenida de Dato, número 7, planta D. En este periódico semanal, aunque con vocación de ser diario, se defiende un panestatismo jonsista, un nacionalismo marcadamente narcisista (“El mundo necesita de nosotros, y nosotros debemos estar en nuestro puesto”), la Universidad como fundamento de la grandeza intelectual y la preeminencia económica, la plena e integral autonomía de los Municipios en las funciones propia y tradicionalmente de su competencia, que son las de índole económica y administrativa; y, finalmente, una masiva y radical expropiación de tierras que a la sazón estaban en manos de los terratenientes.
Una esplendorosa Revolución de alegría estalló el 14 de abril de 1931. El propio José Antonio Primo de Rivera lo reconocía: “En el 14 de abril de 1931 se produjo un fenómeno de alegría popular semejante al del 13 de septiembre de 1923” (¡la llegada de la Dictadura de su padre!). “En el 14 de abril se derrumbó una institución milenaria; lo que llenaba de alegría a quienes estaban alegres en aquella fecha, era la esperanza de que otra vez nos poníamos en trance de que se rompiese por arriba la lápida de la falta de ambición y de misión histórica, y por abajo la lápida de la falta de justicia social. La revolución del 14 de abril parecía prometer, en cuanto a los histórico, la devolución a España de un interés y una empresa comunes…Y después, en cuanto al fondo social, la revolución del 14 de abril trajo no menos que esto, y esto sí que era su aportación más profunda y más interesante: la incorporación de los socialistas a una obra de gobierno no exclusivamente proletaria”.
Ernesto Jiménez Caballero, Carlos Sáenz de Tejada, Onésimo Redondo y Ramiro, acompañados de sus veinteañeras novias, celebraron el advenimiento de la IIª República con un gargantúico cocido madrileño seguido de una solemne cogorza pantagruélica, muy bien fundamentada en unos magníficos vinos de Valdepeñas, en una tasca tradicional cercana a Tirso de Molina. Entre los muchos brindis que se hicieron por todos, en uno de ellos Ramiro, ya con demasiada alegría báquica en el cuerpo, cogió la copa de vino tinto, se levantó y pronunció el siguiente pequeño discurso:
- Señoras y caballeros, camaradas todos, defenderemos la República naciente contra cualquier enemigo que surja contra la misma. Defenderemos también con ella un ideal hispanista, de sentido imperial, que choca con la podrida pacifistería burguesa que hoy se encarama en la sociedad española. Queremos todos los aquí presentes un estado republicano de exaltación hispánica y de estructura económica sindicalizada, despojando a los terratenientes de sus enormes fincas que un día robaron al pueblo so pretexto de alguna hazaña de sus ya olvidados antepasados. En el futuro de España no habrá economías privadas, sino economías colectivas que aseguren el bienestar de los españoles. Afirmo que todos los españoles estamos obligados a dar la vida por la grandeza nacional. Especialmente los políticos y las clases privilegiadas. ¡Viva España! ¡Viva la República española! ¡Y viva la belleza de la mujer española tan perfectamente aquí representada!
La euforia del 14 de abril entrañó un momento de rara unanimidad en la esperanza, aún para los que no se sentían de corazón republicanos. Momento – todavía – de los intelectuales. El plantel de ilustres escritores que aparecía agrupado bajo un amplio rótulo – “Al servicio de la República” – creyó que de golpe se abrían unas ventanas mucho tiempo cerradas a cal y canto; que por fin iban a desgarrarse, los velos de la España oficial – tantas veces recusados por ellos mismos -, para identificar con ella, plena y abiertamente, la España vital. Se trataba de crear un clima de convivencia en que todo tuviese su juego exacto, en que cada elemento social encontrase seguridad y justicia.
Lo que los padrinos intelectuales de la República no acertaron a percibir en la coyuntura del 14 de abril fue que con el Régimen caído acababa de cerrarse el paréntesis abierto por Cánovas a una secular guerra civil, y que ahora iba a reanudarse bajo nuevos signos.
La República estaba llamada, en apariencia – y era esta apariencia, sin duda, la que había agrupado en un haz de entusiasmos a cuantos la aclamaron a su advenimiento -, a acabar con las viejas taras de la Restauración. Se esperaba de ella una regeneración social basada en una amplia reforma agraria; una intensificación de la cultura y la educación ciudadanas que permitieran llevar a la realidad, según la antigua aspiración de Maura, las fórmulas democráticas que sólo habían sido efectivas hasta entonces en el papel; y una reforma de los cuerpos armados, para alejar del horizonte el viejo fantasma del militarismo. Para poner en práctica un programa tan ambicioso parecía expediente eficacísimo la cordial colaboración del socialismo – comprometido ya de hecho en el pacto de San Sebastián – con el sector republicano más afanoso de reformas profundas y vitales.
Aunque hubo ancestros de Ramiro, como su propio abuelo paterno, don José Ledesma Pollo, muy implicados en su apoyo al Rey, Ramiro llegó a la IIª República convertido ya en un revolucionario fascista, con alguna influencia del anarquismo de Malatesta, y veía en la Casa Real un colectivo parasitario propio de la sociedad antigua. El Rey sólo era para él un pecio curioso de la arqueología política, un supérstite de un tiempo pasado y muerto. Durante varias semanas el advenimiento de la República fue festejado sin pausa y con alegría por los fascistas republicanos de España, berrendos de socialismo anarquista y nacionalismo furibundo.
Ernesto Giménez Caballero, el antiguo profesor de Instituto de Ramiro, ideó el uniforme de la camisa que convenía al fascismo español. No tendría el color jesuítico de la camisa fascista italiana, ni el color miliciano y feo del uniforme nazi germánico, sino que tendría el color azul mahón, símbolo de los hábitos nobles del trabajo obrero, heráldico azur del trabajo. El fascismo español quería revestirse con el azul aristocrático del trabajo, quizás el color más bonito y heráldico de la amplia gama cromática. Curiosamente el 25 de abril Ernesto Giménez Caballero cortó, de mutuo acuerdo con Ramiro, su vinculación con la organización “La Conquista del Estado”, que dirigía Ledesma. Es el caso que ya empezaba a llamársele en muchos medios de comunicación a Giménez Caballero “fascista” por su ideología política ( más figura literaria que pensamiento político en el caso de este travieso escritor), y este término no gustaba para nada a Ramiro, y temiendo que “La Conquista del Estado” también fuera tachada de fascista, propició la ruptura entre Ernesto y el propio Ramiro, si bien siguieron viéndose como amigos. Este detalle es importante en cuanto que denota no sólo que Ramiro Ledesma Ramos se negaba a relacionar su pensamiento político con el fascismo, sino que también llegaba a repudiar el término.
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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La emoción viril de Ramiro Ledesma
Últimos comentarios de los lectores (1)
14019 | Ricardo Fernández Coll - 22/07/2020 @ 12:23:54 (GMT+1)
Contestación a un camarada y de paso para rectificación histórica si procede de los más de 20 artículos en qué he encontrado esa frase. Y acordaros he puesto si procede pues a lo mejor (peor para mí) la frase existe.
MUY INTERESANTE:
"Queremos un estado republicano, de exaltación hispánica, y estructura económica sindicalista".
Ramiro Ledesma Ramos, "La conquista del estado". Publicaciones antes del 14 de abril de 1.931:
El que un amable camarada me ponga esta frase, me hace buscarla e intentar encontrarla, buscando en internet, me sale un mínimo de 20 a 30 veces, y COSA RARA no me pone ninguno la referencia de donde buscar la frase, salvo “La Conquista del Estado de antes del 14 de abril”, me he repasado eso si por encima los escritos de la Conquista del Estado anteriores a esa fecha y me he encontrado dos artículos en lo que existe algo de la frase señalada:
Número 4 de fecha 4 de abril de 1931: “¡¡Confusionistas, no!! Nuestras afirmaciones” y en este articulo las frases:
“Frecuentemente se denomina confusionistas. A esro conduce las campañas políticas mostrencas: a convertir las cabezas en cabezas confusas, que no ven claro sino lo que les dice el dilema montaraz: Monarquía o Repúblicas.
…
Y surgimos nosotros con un haz de afirmaciones claras y eficaces. Frente a todo y frente a todos, con independencia y coraje, obsesionados por algo, radicalísimo y tremendo.
Hay que elaborar el Estado hispánico. Eso dicen también los republicanos. Pero nada sabremos aún de cómo iba a estructurarse ese Estado con la Republica. Nadie nos lo dice, pues en los mítines solo se requiere la presencia salvadora de los tópicos. Así, cualquier currinche es orador y la algarabía adquiere resonancia.
Algo hay indiscutible para nosotros, y es nuestro estar ahí, disconformes con los grupos que vocean. El Estado hispánico debe quedar listo para grandes bregas nacionales y ser podado de toda impedimenta que fracasa.
Pedimos y queremos un Estado hispánico, robusto y poderoso, que unifique y haga posible los esfuerzos eminentes. Ya lo dijimos en números anteriores y hemos de insistir: sin un Estado hispánico auténtico seriamos cualquier cosa, pero no persona política con unos derechos y unas libertades. Con un destino colectivo, grande o pequeño, y un futuro. Con algo que hacer en común unos con otros.
...
Viene a continuación una relación de “Pedimos y queremos” o “Queremos y pedimos” 11 frases, y sobre el Estado Hispánico lo pronuncia dos veces:
“Queremos y pedimos que la elaboración del Estado hispánico sea obra y tarea de los españoles jóvenes, para lo cual deben destacarse y organizarse los que estén comprendidos entre los veinte y cuarenta y cinco años”
Y la segunda:
“Queremos y pedimos que informe de un modo central al Estado Hispánico la propagación de una gigantesca ambición nacional, que recoja las ansias históricas de nuestro pueblo.
…
A ver si de una vez superamos esa polémica rencorosa y vengativa entorno a la Monarquía y la República. Y Presentamos al pueblo español los verdaderos objetivos. Su liberación económica y su grandez como pueblo.
…”
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Y en el número 5 del 11 de abril de 1931:
En este número existe el articulo “PEDIMOS Y QUEREMOS” con14 frases y en cuatro de ellas nos habla del Estado hispánico, pero no nos menciona la Republica para nada.
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COMENTARIO
Desgraciadamente y tal como he comentado alguna vez, nuestra historia y nuestra doctrina ha sido manipulada muchas veces desde el principio e inclusive algunos camaradas han incluido textos totalmente ajenos a los escritos de nuestros fundadores. Yo como humano que soy me puedo equivocar y por ello pido disculpas si alguien me que la frase:
"Queremos un estado republicano, de exaltación hispánica, y estructura económica sindicalista".
Existe en las obras de Ramiro.
Otrosí:
Aún que se demostrase la existencia de la frase, queda totalmente desvirtuada por las frases posteriores de Ramiro:
"El esfuerzo revolucionario hoy no puede gravitar en torno a esos conceptos envejecidos de monarquía o república."
Que se incluye en “La Conquista del Estado denunciada por el fiscal y recogida por la policía” en el número 4 de “•La Conquista…”
O en el número 5:
Y que en el número 5 de fecha 11 de abril en un recuadro en primera página dice:
"Asistimos sonrientes a la inútil pugna electoral. Queremos cosas muy distintas a esas que se ventilan en las urnas: Farsa de señoritos monárquicos y Republicanos.
Contra cualquiera de los bandos que triunfe, lucharemos. Hoy nos persigue la monarquía con detenciones y denuncias. Mañana nos perseguirá igual el imbécil Estado Republicano que se prepara."
Con lo expuesto creó suficiente la aclaración.
¡¡Arriba España!!
Ricardo Fernández Coll “Richi”
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