Mas: el desacato
domingo 04 de mayo de 2014, 19:31h
Este iluminado ser -sin acento en la a de Mas, cada vez menos- se está superando a si mismo. Tapa el retrato del Rey con un trapo negro, que no se transparente; desprecia a los Príncipes de Asturias; al presidente del Gobierno, por descontado, a la nación española, la más antigua de Europa, en múltiples ocasiones desde que llegó al mesianismo, sus ministros, sus pompas y sus obras, y creer en Jesucristo, para eso está Unió, panda de meapilas.
El presidente de la Generalidad es lo que es porque lo dice la Constitución, cullons, el representante del Estado español en Cataluña. Está en permanente estado de gestación: el estat catalá, la nació catalana, libre, Terra Lliure, también, nos oprime la puta España y toda esa monserga a que nos tiene acostumbrado el nacionalismo catalán, seguido del vasco, último esfuerzo, entrada en la meta prometida. Bla, bla, bla. Pero él sigue, como decía aquel humorista -creo que argentino- llamado Joe Rígoli, “yo sigo”. Es el hartazgo. Es lo que Mas, el menor de los mandamases, quiere: hacerse la víctima pero la pela es la pela. No la sufraga el lobby catalán para que el iluminado salga en la prensa extranjera -a tanto la línea, ya va por un millón de euros-, mientras sus conciudadanos se mueren de pena. Sin embargo, desde otro prisma, el estatal, calla, otorga y sufraga los despilfarros del mal gobierno de la Generalidad (si se me permite, faltaría más, con acento en la a). Que no cumple las leyes, se pasa el Supremo y el Constitucional por el forro de sus caprichos. Y zurra con que el Estado español nos oprime, alabado sea Dios.
No sé usted, pero un servidor se tentaría la ropa si no acatara la norma y mandara a un juez a esa parte por donde amargan los pepinos y se pudren los melones. Pero ahí está ese juez que, acusado de prevaricación -el mayor delito de un magistrado-, el que encarceló a Blesa por partida doble, no sé si con razón o sin ella, le planta cara a un tribunal; se me caerían los palos del sombrajo. Pero aquí, todavía España, vale todo. Hasta buscar los restos de Cervantes por una millonada, como si la tibia, un suponer, fuera a reeditar en versión moderna el Quijote de la panza, a la que se dedican algunos políticos, no todos, en honor a la verdad.
La mentira, la invención de la historia, va prendida en la señera del señor Mas. Nadie, que se sepa, ha quemado, por el contrario, una cuatro-barrada estelada en ninguna parte de la tierra española. Amamos Cataluña, yo el primero. Amé y viví la Costa Brava y amé y viví Baqueira/Beret. Y conocí a Pla y a Dalí. El arte y la literatura. Y mantengo amistad con muchísimos amigos originarios de allí. Inclusive mi compadre Manuel Español y del Real Madrid. No se puede pedir más.
PD.-Vergonzoso el comportamiento de esos jueces que se reúnen a escondidas para redactar una “constitución para Cataluña”. El panfleto no tiene enmienda. Pobre del que caiga en las garras de estos justicieros que se saltan la ley a la torera. Más (con acento) de lo mismo.