La gata Flora y el teatro alternativo en Madrid
miércoles 07 de mayo de 2014, 20:05h
La Comunidad de Madrid rectifica al subir las ayudas a las salas de teatro alternativas, haciendo que después de duros recortes, las subvenciones se incrementen un 30 %. También por iniciativa de la Comunidad de Madrid se pone en marcha “SURGE. Muestra escénica de salas y creadores madrileños”, que ha comenzado este miércoles 7 y se desarrollará hasta el 31 de mayo, con 93 estrenos de piezas teatrales en 31 espacios alternativos y 444 funciones donde las contribuciones públicas recaerán en espacios del off teatral madrileño, algunos de los cuales nunca antes habían tenido la fortuna de recibirlas, como La Casa de la Portera o El Sol de York. Un impulso que quizá nazca de un deseo de reconciliación política de gobernantes del centroderecha acerbamente criticados, pero que en cualquier caso presupone un inestimable espaldarazo a la frenética actividad creativa de la escena madrileña como reacción a la crisis.
¿Respuesta de los responsables de algunas salas alternativas? Asombroso: poner morros. Malhumorarse. Hacer un corte de mangas. Descalificar la iniciativa. Hay que restregarse los ojos para convencerse de que están diciendo lo que están diciendo. Así, por ejemplo, se considera que SURGE es un regalo envenenado porque… ¡puede servir de apoyo a la derecha para ganar las elecciones! No cabe más que pasar del asombro a la carcajada al oír semejante despropósito. Otros se descuelgan con algo similar: es un puro espejismo, afirmación que tiene cuajo cuando se estrenarán decenas de obras de autores españoles y se traerán programadores internacionales de los dos lados del Atlántico para que vean las puestas en escena y compren las que les resulten interesantes. O directamente salen por peteneras, parece que añorando que el dinero público que antes recibían lo distribuían a su antojo, decidiendo quién sí y quién no disfrutaba de él.
Después de tan esperpéntica reacción y diatriba, pensarán ustedes que los legítimamente opuestos a SURGE, serán consecuentes y no participarán en él. ¿Entonces, creen que son tontos? ¡Ah, no! Ni se les pasa por la imaginación. Ya han cogido las suculentas subvenciones tomadas del dinero público de los contribuyentes, están dispuestos a embolsárselo, participar, ¡y protestar por ello!
No traten de encontrarle tres pies al gato. El teatro debe ser por esencia crítico con su sociedad para poder someter al juicio de los espectadores los conflictos colectivos que nos afectan. Si no sería, obviamente, un teatro muerto. Pero la actitud de quejarse por la ayuda que se le concede, no pertenece, en realidad, a ninguna postura crítica. Simple y llanamente se inscribe dentro del sectarismo partidista que algunos quieren imponer a la vida teatral. Y donde el sitio lo ocupa el sectarismo intransigente, el espíritu crítico puede darse por desaparecido. Al menos podrían tener el pudor de disimularlo. Si no reciben ayudas, malo. Si las reciben, también malo. Si tan nefasta es la idea y tanto veneno tiene, un poco de coherencia y abstenerse de embolsarse los euros.
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Profesor universitario y crítico
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