www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

El PP, o cuando el hambre se encuentra con las ganas de comer. Por Florentino Portero

Florentino Portero
miércoles 14 de mayo de 2008, 20:34h
Años de trabajo para convertir al Partido Popular en un instrumento de gobierno, en la formación política que representa a más de diez millones de ciudadanos, se echan por tierra en apenas unas pocas semanas por el intento de realizar un cambio de estrategia que más parece una auténtica metamorfosis. Los signos son inequívocos. Desde estas páginas comentamos el histórico discurso de Rajoy en Elche y el artículo de Lassalle en El País. Cuando escribo estas líneas me encuentro todavía bajo el efecto de las declaraciones de San Gil, tras su retirada de la ponencia política al Congreso del Partido convocado para el próximo mes de junio.

El Partido Popular creado por José María Aznar, que alcanzó una mayoría absoluta y que gobernó con indudable éxito durante dos legislaturas, ha entrado en una doble crisis: de liderazgo y de identidad. De la primera ya nos ocupamos con anterioridad. Sobre la segunda vayan por delante algunas reflexiones.

El tema fundamental de la agenda política es lo que José María Aznar denominó en su momento "el cambio de régimen" y Jaime Mayor Oreja "la segunda Transición". Se trata de una revisión en profundidad de los principios, valores y acuerdos sobre los que se restableció el régimen constitucional en España. Entre sus características podemos destacar la superación del régimen autonómico, hacia otro de carácter confederal; la consagración de los nacionalismos sobre la Nación, "término discutido y discutible" según José Luis Rodríguez Zapatero; del laicismo sobre la no confesionalidad; de las políticas de pacificación frente a la reivindicación de lo propio, en lo que ya no se cree; y del imperio del relativismo sobre la Europa de la Ilustración, del legado judeo-cristiano, de la razón y de los valores.

La gran mayoría de los votantes del PP creían tener una idea clara del ideario de ese partido. De ahí su perplejidad ante el giro copernicano, ante la mutación que Rajoy ha puesto en marcha. Con razón el diputado Gustavo de Arístegui ha señalado que no se encuentran ante un cambio de estrategia, sino de principios. Si el partido es capaz de soportar tal cambio y los electores de tolerarlo el tiempo dirá. Para entender cómo han llegado hasta este punto conviene tener en cuenta dos circunstancias.

Ya en tiempos de José María Aznar resultaba evidente que las maquinarias autonómicas tendían a acaparar todo el poder posible. La inercia creada por la negociación con nacionalistas vascos y catalanes llevaba a que tras la digestión de una ampliación de competencias se produjese la demanda de otra nueva y así sucesivamente. En unos casos era el siempre insatisfecho nacionalismo quien alimentaba la cansina monserga. En otros, no era más que el hambre de poder. Allí donde el ideario popular no pasaba de tibio, los jefes locales se apuntaban a revisar al alza sus márgenes competenciales. Con José María Aznar el Partido Popular tenía una clara idea de lo que era España y, sobre todo, de la España por la que luchaban. Tras su voluntaria desaparición la idea fue perdiendo nitidez. La revisión del estatuto valenciano fue la prueba de que algo importante había cambiado. No sabemos si por falta de autoridad de Mariano Rajoy o por alguna imprevista mutación ideológica en la figura del Presidente de los populares, el hecho es que el PP entró por la senda del "cambio de régimen" que tanto habían combatido y que, ya sólo de forma retórica, Rajoy seguía denunciando. De aquellos barros vienen estos lodos.

Junto a la deriva confederal es perceptible otro elemento importante para entender lo que está ocurriendo. Mariano Rajoy ha perdido las elecciones, pero ha cosechado un excelente resultado. Para algunos, estas elecciones demuestran, como ya pasó con Manuel Fraga, la existencia de un techo electoral. Para superarlo piensan que es necesario travestirse, hacer del El País su periódico de referencia y asumir buena parte del discurso "progresista". El poder tiene un precio y si para conquistar París hubo que ir a misa ¿por qué no cambiar la imagen para conquistar la Moncloa? Este discurso parte del reconocimiento de algo que no es demostrable pero que ellos sienten como cierto.

El Partido Popular puede ganar al Partido Socialista desmovilizando a sus votantes y/o movilizando a los propios. En cualquiera de los casos la clave está en la comunicación. Hay que ser capaz de llegar a los electores socialistas y explicarles lo mal que gobierna Rodríguez Zapatero y hay que lograr que nuevos ciudadanos se sumen al proyecto popular. El equipo de Mariano Rajoy es consciente de que no sabe cómo se hace eso y tiene razón. No tienen ni idea de cómo se hace política en el siglo XXI, no saben cómo se crean y gestionan culturas políticas, no se sienten cómodos en los medios de comunicación ¡Que decir de Mariano Rajoy que hace de sus silencios virtud! Ven con horror cómo licenciados rasos o bachilleres les vapulean una y otra vez, demostrando un conocimiento de la comunicación, una profesionalidad que ellos, brillantes opositores, ni atisban. Desde el reconocimiento de sus insuficiencias tiran por el atajo más próximo, que no es otro que el travestismo, sin caer en la cuenta de que por ese camino sólo harán el ridículo ante la izquierda y, de paso, destrozarán su propio partido.

El hambre de poder de las estructuras locales -que ven las taifas como un paraíso y un poder débil en Génova como una bendición- unido a las ganas de comer de quien se siente incapaz de ganar desde el propio ideario ha llevado a esta crisis. Mientras muchos cuadros se colocan de perfil esperando a que amaine el temporal y resulte más evidente, y menos arriesgado, manifestar su lealtad de siempre, la descomposición avanza a ritmo acelerado. De una semana a otra las previsiones cambian, pero no el diagnóstico sobre la gravedad de la crisis. Millones de españoles se sienten huérfanos de partido, no entienden qué le ha ocurrido a Mariano Rajoy y exigen unidad y fidelidad a unos principios. A los dirigentes del Partido Popular compete resolver, lo antes posible, esta situación.

Florentino Portero

Profesor

FLORENTINO PORTERO es analista del Grupo de Estudios Estratégicos, responsable del Área de Política Exterior y de Seguridad española

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios