Elecciones europeas: Chicas -e ideas- de ayer
lunes 12 de mayo de 2014, 20:26h
La verdad es que, hasta ahora, las encuestas y la percepción de una buena parte de los ciudadanos que siguen con una cierta atención el desarrollo de la campaña electoral para el Parlamento Europeo, no reflejan en absoluto la superación del bipartidismo, que una gran proporción de sabios mediáticos daba por descontada. El partido gobernante sufre el inevitable desgaste de quien tiene que tomar decisiones impopulares pero necesarias y el primer partido de la oposición paga la factura de quien, hundido en su particular hoyo, se siente incapaz de presentar una alternativa. Quizás porque, seguramente, no la tiene porque no existe. Desde luego, nunca había sido más apropiada aquella máxima que se atribuye al fallecido (justo ahora hace un año) Giulio Andreotti: “El poder desgasta, pero la oposición desgasta mucho más”. Sobre todo cuando se intenta hacer oposición sin ideas o con ideas patéticamente trasnochadas.
Pero a pesar de esos desgastes, populares y socialistas siguen siendo las opciones que obtienen mayor apoyo de los electores. Siempre es arriesgado comparar porcentajes de encuestas con resultados electorales porque, como saben muy bien los especialistas en sociología electoral, la actitud del encuestado ante el cuestionario que le propone el entrevistador y la del elector ante la urna en la que tiene que depositar su voto, no son psicológicamente comparables. Las “alegrías” que uno se permite en el sondeo (“Estos se van a enterar. Ahora apoyo a estos otros que son nuevos”) se reprimen, a menudo, más responsablemente, ante la urna. Y puede repetirse una situación similar a la que practicaban los italianos durante su I República, cuando se veían forzados a elegir entre DC y PCI, expresada en una famosa frase: “Tappatti il naso, e vota”. Pero los datos muestran que las nuevas o seminuevas opciones que se presentan apenas si alcanzan a levantar el vuelo.
Se teme una elevada abstención porque una enorme mayoría de electores no sabe muy bien lo importante que es ahora ya el Parlamento Europeo, pues las leyes que allí se hacen, propuestas por la Comisión y aprobadas conjuntamente con el Consejo, se convierten en parte de nuestra propia legislación, que ya es “europea” en más de un setenta por ciento. Cuanta más abstención haya, serán necesarios menos votos para obtener un escaño en Bruselas-Estrasburgo. Pero si se calcula que cada escaño vale 350.000-450.000 votos será muy difícil que los partidos pequeños consigan entrar en la Eurocámara o que, en el mejor de los casos para ellos, ganen más de uno o dos escaños. Otra cosa son los partidos anti-europeos o de extrema derecha, muy fuertes en países como Francia, Reino Unido o Países Bajos, que pueden alcanzar, todos ellos juntos, hasta unas cuantas decenas de escaños. Con mucho ruido en los debates, pero con escasa incidencia en las decisiones últimas del órgano representativo/legislativo europeo, en el que predominará un bipartidismo, ciertamente imperfecto, como decía Giorgio Galli, pero bipartidismo en definitiva.
Las encuestas deben manejarse con exquisito cuidado, especialmente cuando se plantean cuestiones como esa “valoración de líderes” que tanto gusta a los periodistas. ¿Alguien se puede creer no solo el suspenso general de todos los candidatos –ninguno llega al 5- sino que obtengan calificaciones relativamente “altas” los señores Tremosa, de CiU o Terricabras, de ERC?”). Como aquella otra, hace algún tiempo, que daba como político más popular en toda España al señor Duran i Lleida. Parece bastante evidente que cuando a un entrevistado le preguntan por un nombre del que desconocía totalmente su existencia contesta, generosamente, atribuyéndole un 5, un 6 o incluso más, mientras que a los que conoce bien, pero no son “de los suyos” les castiga inmisericordemente con un “cero patatero”. De ahí salen unas medias que no significan absolutamente nada.
Y es que, como decía hace ya muchos años un especialista americano, P.E. Converse, “cuando se pregunta a los entrevistados por cuestiones que no les son familiares, la mayor parte de la gente no se atreve a decir: ‘No tengo opinión sobre esta cuestión. No he pensado en eso nunca y no pensaré más en ello en cuanto usted se marche”. La conclusión, decía Converse, es que “nuestros archivos se llenan de vastas cantidades de datos de significado muy pobre o simplemente engañoso”. Y es que, añadía, “las personas interrogadas abordan los sondeos de opinión como si se tratase de tests de inteligencia” y no quieren parecer poco informadas, aunque ciertamente lo sean. Aparte de que se da también un cierto pudor/temor de dar la impresión de que se está en las nubes y se quiere, a toda costa, estar en la onda, compartiendo lo que ahora se llaman “trending topics” esto es con lo que se estima que es la opinión predominante. Una manifestación más de la llamada espiral del silencio, que produce ese efecto que los expertos denominan “la ignorancia pluralista”, propicia al vuelco de lo que parecía mayoritario.
Lo cierto es que la campaña española es una especie de duelo desigual. Duelo porque son dos los principales contrincantes; desigual porque la distancia política, dialéctica, intelectual, entre el candidato del PP y la candidata del PSOE no puede ser mayor. No sé si, subconscientemente, es a lo que alude la señora Valenciano cuando acusa al PP de fomentar la desigualdad. Si se refiere a la suya respecto del señor Arias Cañete, no cabe la menor duda. La desigualdad social daría para hablar mucho más y no está el PSOE en muy buena posición para plantearlo. Nada fomenta más la desigualdad que gastarse los caudales públicos que no se tienen, ni se logra un mejor reparto equitativo a base de subvenciones, como “reza” el “catecismo” social-zapaterista. Hasta los chinos de Pekin lo saben, como lo muestra un ministro de allí que ante la pregunta de cuál es su remedio para la pobreza ha dicho –quizás exagerando un poco- que confía en el mercado.
La candidata socialista no está siendo muy afortunada en los temas que elige para su campaña. No solo se equivocó con sus reflexiones (?) sobre Jesucristo (conocido, al parecer, por medio del famoso y añejo musical “Jesucristo Superstar”), el Ché y Felipe González, sino que se le nota demasiado que de lo que le gustaría hablar es del aborto, del catecismo y muy poco más. Del primero para ponderarlo como “derecho de la mujer” y del segundo para vituperarlo como imposición de la odiada derecha. Se equivoca, además, Elena Valenciano cuando plantea la campaña como una lucha contra la canciller Merkel. ¿No sabe, acaso, que la canciller alemana no solo seguirá en su puesto después de las elecciones europeas, sino que continuará teniendo más peso que los otros líderes, que no en vano Alemania es el primer país de Europa por población, economía y un montón de criterios más? Hasta en eso sigue la línea de Zapatero, que calificó a la Merkel de “fracasada”.
El líder socialista europeo, Martin Schulz, –con quien tuve ocasión de almorzar hace algún tiempo y que me pareció poco comparable con los socialistas de por aquí- hace una campaña que no se parece, ni por el fondo ni por la forma, a la de Elena Valenciano ni a la de la Sociosoraya, que tan solícitamente acude en su ayuda. Por ejemplo, hace unos días se refería Schulz al proyectado tratado de comercio transatlántico entre la UE y los EE UU y pedía más protección de la intimidad. Nada más natural después de que se conocieron las escuchas de la NSA americana que afectaron, por cierto, a la señora Merkel, con la que el partido del señor Schulz, el SPD, está gobernando. ¿Por qué ese empeño de los socialistas españoles de dar patadas contra el aguijón? Porque esa Nueva Europa de la que habla Valenciano se está ya haciendo y, sin ninguna duda, va más en la línea de Arias Cañete que en la suya.
Una campaña la suya de vuelo bajo, a ras de tierra, que hace poco, más bien nada, ni por Europa ni por España. En la misma entrevista, se identificaba Elena Valenciano con la ya vieja canción de Nacha Pop, “La chica de ayer”. Una vez más la traicionaba el subconsciente porque se presentaba -como también, por cierto, su compañera la citada y excitada Sociosoraya- como auténtica “chica de ayer” con ideas de ayer, por no decir del siglo XIX. No puede extrañar que, aprovechando ese desbarajuste ideológico un malicioso columnista haya escrito, con evidente crueldad, que una cosa es ser “cabeza de lista” y otra muy distinta “lista de cabeza”. Aunque, de Jesucristo a Nacha Pop y al Ché, para acabar con Zapatero y Rubalcaba no cabe duda de que Elena Valenciano ha recorrido un largo camino... intelectual.
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Catedrático de la UCM
ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular
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