Incumplimientos de Maduro con la oposición
viernes 16 de mayo de 2014, 08:12h
A poco más de un mes de haberse iniciado, el diálogo entre Nicolás Maduro y parte de la oposición a su Gobierno atraviesa por una gran crisis. Hasta tal punto que sobre las conversaciones se cierne la amenaza de una ruptura total, con el consiguiente fracaso de todo entendimiento para poner fin a una situación insostenible en Venezuela, que se ha cobrado más de cuarenta víctimas mortales, cerca de cuatrocientos heridos y cientos de detenidos.
Una situación que, aun con las conversaciones, continúa. La Guardia Nacional Bolivariana (GNB) ha detenido en los últimos días a más de doscientos estudiantes que participaban en marchas antigubernamentales y para pedir la liberación de otros estudiantes arrestados en recientes manifestaciones. Precisamente el mantenimiento de la actitud represiva ante las protestas de la población es uno de los argumentos esgrimidos por la oposición para abandonar la negociación, junto a las acusaciones a Maduro de no cumplir ninguno de los acuerdos alcanzados, como la excarcelación de opositores, y, especialmente, la de Iván Simonovis -que se encuentra en un más que delicado estado de salud-, el preso del régimen chavista convertido en símbolo. La Mesa de la Unidad (MUD) dio por sentado, tras, según parece, las promesas de Maduro, que Simonovis saldría inmediatamente de prisión, cosa que no solo no sucedió sino que el Gobierno dijo que esa liberación era una absoluta fantasía.
Pese al difícil momento, no se da por completamente cerrado el diálogo, pues se está a la espera de que lleguen los cancilleres de Brasil, Luiz Alberto Figueiredo; Colombia, María Ángela Holguín, y Ecuador, Ricardo Patiño, y el nuncio vaticano Aldo Giordano, que actuarían de mediadores en el conflicto. La deriva del diálogo con los incumplimientos de Maduro denunciados por la oposición parece confirmar que para el dirigente chavista sentarse a negociar era más que nada una manera de dividir a la oposición y un gesto de cara a la galería, sobre todo a nivel internacional, donde -salvo, claro está, en los países de la órbita bolivariana- su imagen es nefasta y se ha condenado reiteradamente su manera violenta de afrontar las pacíficas protestas ciudadanas y que está arrastrando a Venezuela al caos y la ruina.