www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

¡Otra vez campeón de Europa!

Francisco Delgado-Iribarren
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 08:55h
1993: el Real Madrid perdía su segunda liga consecutiva en Tenerife, su isla maldita. El mismo año se popularizó aquel spot publicitario del todoterreno Mitsubishi Montero. En el anuncio, con el que debutaba la agencia Remo, un anciano cabrero de Majaelrayo (La Alcarria, Guadalajara), de nombre Jesús García Velasco, q.e.p.d., ejercía el papel protagonista. Inquiría con voz temblorosa: “Y dicen que ese Mateo va vestido de Supermán persiguiendo a un ex ministro que está casado con una china, ¿y Franco qué opina de esto? ¡La leche! Me dice usted que Franco había muerto”. Y remachaba con esta frase que la sociedad repitió hasta la saciedad: “¿Y el Madrid qué, otra vez campeón de Europa, no?”

Pues sí, el Madrid otra vez campeón de Europa, y ya van 10. Los madridistas tuvimos que soportar muchas mofas y chascarrillos durante aquellos años desérticos, en los que el Barça de Cruyff ganó cuatro ligas seguidas, tres de ellas en el último suspiro. Como la última Copa de Europa blanca databa de 1966, no era raro oír cómo se escatimaban méritos a este liderazgo en la competición, asociando el éxito merengue a Franco, como si él marcara los goles y no la imparable delantera formada por Kopa, Rial, Di Stefano, Puskas y Gento. También se decía que el Madrid sólo había ganado Copas de Europa en blanco y negro. Hubo que esperar a 1998 para ver al montenegrino Pedja Mijatovic celebrando su gol en Amsterdam a todo color. Desde entonces, cuatro títulos a color más seis en blanco y negro, suman 10. Y lo que te rondaré, Orejona…

Vaya en este tercer párrafo todo mi respeto y toda mi simpatía hacia el Atlético de Madrid, ese club que, como bien señaló el presidente Rajoy, ha hecho una temporada para quitarse el sombrero. En estos tiempos de convulsa crisis, el cholismo ha hecho fortuna como filosofía vital y cotidiana. Diego Pablo Simeone ha ocupado el lugar que copaban los libros de autoayuda, con consignas tan universales como el “partido a partido”, el “hay que creer”, o el “o me sigues, o no me sigues; el liderazgo no se puede explicar”. El gesto de comparecer con todo su equipo técnico tras ganar la liga en Barcelona es una muestra de su humildad y de su grandeza. El gesto de pedir a sus jugadores que terminaran la final de Lisboa con la cabeza bien alta es una muestra de su dignidad y de su coraje. La afición atlética, orgullosa de su equipo en la victoria y en la derrota, también ha dado muestras de por qué está considerada como de las mejores del mundo. Puedo prometer y prometo que si Sergio Ramos no hubiera marcado de testarazo en el 93, esta misma columna se hubiera titulado “La gloria de los colchoneros”.

El golazo del Faraón de Camas impregnó de magia la final de Champions. Hasta ese instante no se podría haber contado entre las más emocionantes, pues estaba siendo poco vistosa y con escasas ocasiones de gol. Muchos nos acordamos, antes del empate, del mágico desenlace de 1999, cuando en el Camp Nou el Manchester United remontó en el descuento el tempranero gol del Bayern de Munich. Los dos goles de los diablos rojos nacieron del córner, como este servido por el guante de Modric. Un córner: la diferencia entre el “tenés todo, tenés nada” del Cholo. Esa es la grandeza, y a veces la crueldad, del fútbol. El cabezazo del andaluz sublimó el grito de guerra vikingo: “¡¡¡Hasta el final, vamos Real!!!”

Es justo reconocer la magnífica temporada realizada por el Real Madrid. Ha perdido el torneo de la regularidad, descolgándose en las últimas jornadas de dos de los mejores equipos del mundo, y ha ganado los dos torneos del K.O., imponiéndose en las finales ante estos dos mismos equipos. Con 41 goles, la media de 3,15 por partido es la más alta de la historia de la UEFA Champions League. Cristiano Ronaldo se ha apuntado, con 17 tantos, el récord personal. Resultados como el 1-6 ante el Schalke o el 0-4 ante el Bayern son, sencillamente, logros históricos. El Real Madrid goza, como en los tiempos de Bernabéu, de una delantera imparable.

El Real Madrid ya tiene su Décima y también su himno de la Décima. En esto se ve que el cerebro pensante ha tomado nota para no incurrir en el mismo déficit del himno del Centenario, cantado a pleno pulmón por Plácido Domingo. A saber: demasiado refinamiento, tono elitista, incapacidad del aficionado medio para llegar a las notas más altas. “Hala Madrid, campo de estrellas donde crecí. Hala Madrid, juegas en verso, que sepa el universo, cómo juega el Madrid…” El nuevo himno está concebido para conectar con el gran público, y la prueba de su éxito es que ya ha batido récord de descargas. La letra no pierde ocasión de acariciar la fibra de los corazones blancos: “Historia que tú hiciste, historia por hacer; porque nadie resiste tus ganas de vencer. Ya salen las estrellas, mi viejo Chamartín… Ya corre la Saeta, ya ataca mi Madrid…”

Tras años de búsqueda y de predominio culé, Florentino Pérez ha dado con la fórmula del éxito deportivo. Ha encontrado a Carlo Ancelotti, un entrenador ideal para el Real Madrid. Sereno, sobrio, alérgico al histrionismo que caracterizó la etapa Mourinho, ha demostrado que es un míster de gran calidad que sabe gestionar un plantel de estrellas. Y ya tiene tres Copas de Europa en su haber. El mítico Zinedine Zidane, el autor de la obra de arte de Glasgow, también está desempeñando un buen papel como segundo entrenador del equipo. Con humildad, sobriedad y grandeza, el Real Madrid está poniendo las bases para luchar por el título de mejor club del siglo XXI.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios