Los políticos deben pensar
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 08:59h
El Cardenal Carlos Amigo, en el funeral en memoria de mi admirado Manuel Jiménez de Parga, recordó unas palabras del profesor que fue político. Su reflexión debería remover actitudes y conciencias, e incluso inscribirse en piedra granítica en plazas y calles.
Los políticos, decía uno de los referentes que se nos ha ido en un pésimo momento, deberían pensar más en la próxima generación que en la próxima votación.
El que en otro tiempo fuera el arte de hacer posible lo que es necesario, la política, parece haberse convertido en el arte de hacer lo contrario a lo que la razón y el sentido común aconsejan. Al menos esa impresión ha calado en gran parte de una ciudadanía desconectada, desmoralizada y harta.
El interés general es interpretado conforme al interés electoral de acuerdo con una concepción endogámica de la política, reproductiva de tics enfermizos de aferramiento al poder y de odio visceral al adversario con el que ningún pacto es nunca posible, salvo con el sibilino nacionalismo siempre favorable a ceder a cambio de alguna competencia residual.
La cantinela se repite ante el generalizado hastío. Estamos acostumbrados a nuestra dosis diaria de conflictos de partidos que, dicho con el lenguaje tabernario vigente, se canean a la yugular sin descanso. Me hace gracia esta frase de un novísimo escritor de novela policíaca Alberto Llamas (El asunto Melkano) que coloca a su personaje hojeando en el periódico las habituales peleas entre partidos políticos, “y esos retazos de sordidez cotidiana le ayudaron a recuperar un mínimo de normalidad”.
La política de confrontación y no de encuentros, el reparto de cargos y prebendas entre fieles disciplinados, la multiplicación de sospechas y corruptelas, los silencios injustificados, los favoritismos, las medidas contra sectores y grupos que no se han metido con nadie, la demagogia de saldillo, el mercadeo.
En fin, deben pararse a pensar, pero no en ellos sino en nosotros y en las próximas generaciones, como añoraba el profesor Jiménez de Parga.
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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