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Cristina Fernández, admiradora de “1984”

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 09:44h
No son escasos los retos a los que hoy debe hacer frente Argentina. A una economía no precisamente boyante se ha sumado sobre todo el gravísimo problema de la violencia, con linchamientos públicos y callejeros incluidos, que ha hecho saltar todas las alarmas y ha llevado a la Conferencia Episcopal Argentina a emitir un duro documento en el que, bajo el título de “Felices los que trabajan por la paz”, denuncia de manera clara y contundente que “Argentina está enferma de violencia”. Tampoco la situación del Gobierno es una balsa de aceite, con su vicepresidente, Amado Boudou, a las puertas de declarar ante la Justicia. El delfín de Cristina Fernández ha sido imputado en un caso de tráfico de influencias de gran magnitud.

En este más que delicado contexto, a la presidenta del país austral no parece que le quite el sueño buscar soluciones, sino que prefiere dedicar sus esfuerzos a otros menesteres. Así, a Cristina Fernández de Kirchner no se le ha ocurrido otro cosa que la creación mediante un decreto de la llamada con pomposo nombre Secretaría de Coordinación Estratégica del Pensamiento Nacional, dependiente del ministerio de Cultura. Y poner como responsable del organismo al filósofo oficialista Ricardo Forster. Un organismo que solo podría calificarse de pintoresco si no implicase intenciones mucho más oscuras e inquietantes, incompatibles con un Estado de Derecho libre y democrático.

Da la impresión de que la señora Fernández considera a sus compatriotas menores de edad a los que hay que guiar en sus ideas y pensamiento, que tiene que ser “nacional”, lo que obviamente equivale aquí a kirchnerista, alejando de él la pluralidad que caracteriza a las sociedades democráticas y revistiéndolo de un carácter que no es exagerado juzgar como totalitario y de evidentes resonancias chavistas, existiendo en la actual Venezuela de Maduro un organismo análogo.

Ante semejante dislate no resulta extraño que tanto la oposición como intelectuales y periodistas independientes hayan alzado su voz crítica recordando con gran oportunidad la célebre novela de George Orwell, “1984”, donde en la “idílica” sociedad que presenta hay un muy activo Ministerio de la Verdad, con su policía del Pensamiento, cuyas funciones no difieren mucho de las que la presidenta argentina otorga a su recién nacida criatura encargada del control ideológico. Cristina Fernández se nos ha revelado como una rendida admiradora de “1984”, aunque, claro está, tomando interesadamente el rábano por las hojas.
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