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Felipe VI y la revitalización de las instituciones

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 09:51h
Me ha gustado el discurso del Rey. Acertado, impecable, directo. Se pueden aplaudir o criticar muchas de las frases pronunciadas, convertidas ya en titulares en los medios de comunicación, pero entre “una monarquía renovada para un tiempo nuevo” o “una España en la que no se rompan nunca los puentes de entendimiento”, me quedo con la parte en la que habla de “revitalizar las instituciones” y la que recuerda que la Corona es “símbolo de la unidad y permanencia del Estado”. No se antoja, en ningún caso, como un trabajo fácil.

Si como dice “la Monarquía Parlamentaria debe estar comprometida con la sociedad a la que sirve”, ardua tarea le espera a Felipe VI con las principales preocupaciones que, un CIS tras otro, denuncian los españoles. No es la persona encargada de aportar las medidas económicas que resuelvan el paro (responsabilidad de los políticos de turno), pero sí puede tener un papel relevante en el impulso a una verdadera revitalización de las instituciones, sobre todo las políticas, para erradicar la corrupción.

La preocupación por los partidos y la mala percepción que de sus políticos tienen 8 de cada 10 españoles hace que el compromiso del Jefe del Estado en esta materia se reciba como una verdadera esperanza de cambio. Le interesa mucho trabajar en esta línea, ya que una regeneración necesaria, auténtica, a fondo, de las instituciones españolas puede devolver a la Casa Real gran parte de la confianza y del prestigio perdido en los últimos tiempos.

Igualmente, ayudaría para la recuperación de esa imagen venida a menos una participación decidida y mediadora en lo que se ha dado en llamar la causa catalana y vasca. Aunque tampoco parece fácil en estos momentos “ser cauce para la cohesión entre los españoles”. Pero ahí está su compromiso de reafirmar, como Rey, su fe en la unidad de España. Unidad que, se ha encargado de matizar, efectivamente, no significa uniformidad. Por eso, hace bien Felipe VI en reconocerse garante de una Constitución que reconoce la “diversidad” y que protege “a todos los pueblos de España”.

De ahí a poner de acuerdo al presidente de la Generalitat catalana, Artur Mas, o al lendakari, Íñigo Urkullu, con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, va un trecho. Difícil mediación, se sospecha, espera al nuevo Rey en esta España en la que “cabemos todos”, con sus sentimientos, sensibilidades y “las distintas formas de sentirse español”, cuando, para empezar, no se aplaude el discurso del nuevo Rey.

Dice Mas, que no ha encontrado nada nuevo en el discurso y que le habría gustado que hablara de un “Estado plurinacional”. ¿Y qué esperaba, que el nuevo Rey partiera el primer día España proclamando la independencia de Cataluña o del País Vasco?

Esperemos todos que las palabras del Rey en su discurso de proclamación se conviertan en acciones firmes que hagan que las preocupaciones de los ciudadanos sean de verdad el eje de una acción política transparente.

Felicidades a Su Majestad y mucha suerte en su nueva y complicada tarea.

Javier Cámara

Periodista

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