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TRIBUNA

Lecturas para vacaciones (II) :  Anatomía de un instante, de Javier Cercas 

Alejandro San Francisco
martes 08 de julio de 2014, 20:21h

La muerte del presidente Adolfo Suárez en marzo pasado, así como la reciente abdicación del Rey, han significado un cambio de época en la historia de España. En parte se podría hablar del fin de la transición, ese exitoso proceso político que la condujo desde la dictadura a la democracia. Por lo mismo, ha resurgido un interés por conocer ese proceso, y de intentar comprenderlo, en un contexto crecientemente crítico y con tendencia a la superación de las instituciones que se han levantado en las últimas décadas.

Para el tema de la transición resulta ilustrativo el libro Anatomía de un instante, de Javier Cercas (Barcelona, Mondadori, 2009). Se trata de una obra apasionante y bien escrita, con ese estilo absorbente que ha desarrollado Cercas en otras trabajos de contenido histórico, como es el caso de Soldados de Salamina (Barcelona, Tusquets, 2001), o en libros en que aborda precisamente la transición desde una perspectiva social, como en Las leyes de la frontera (Bacelona, Mondadori, 2012), una obra sobre la vida marginal y delictual en Girona, precisamente a fines de la década de 1970.

En el caso de Anatomía de un instante Cercas no desarrolla una novela, aunque su estilo literario se expresa a través de toda la obra; tampoco es un libro de historia propiamente tal, si bien es un fruto evidente de una amplia investigación, erudita, con fuentes primarias e interpretación personal. Quizá sea un ensayo narrativo que contiene los elementos anteriores y que da paso a una excelente obra para entretenerse y aprender, para aproximarse al pasado y para pensar el presente.

El libro se concentra en la jornada del 23 de febrero de 1981, cuando el teniente coronel Tejero irrumpió en la sede del Congreso de los Diputados, con pistola en mano y una decisión que pretendía cambiar el curso de la historia española. Era un momento sicológico en la transición, que representaba lo que los politólogos denominan la (posibilidad de) "regresión autoritaria", es decir la alternativa de retroceder lo avanzado en la democratización de un país que vive una época transicional. Cuando Tejero entró en la sala, realizó sus disparos al aire y ordenó que todos se tiraran al suelo, junto con la orden perentoria "Quieto todo el mundo".

El Teniente General Gutiérrez Mellado se acercó a Tejero conminándolo a entregar su arma y, por ende, a concluir el asalto, cuestión que no sucedió. Mientras todos los diputados prácticamente desaparecieron al tirarse al suelo, el presidente Suárez permaneció inmutable en su escaño, y solo lo acompañó en esa situación el diputado Santiago Carrillo, un comunista con historias y también otro de los artífices de la transición. Los actores estaban a prueba, y por primera vez emergía la fragilidad de una transición que antes parecía destinada a un éxito sin sobresaltos.

El 23F significó que los fantasmas volvieran a rondar sobre los españoles: los espectros de la guerra civil varias décadas atrás y de los cientos de miles de muertos que regaron de sangre los campos y ciudades de España; los fantasmas de una República que vivió entre la esperanza y la división, con promesas de libertades y una polarización que finalmente fue consumiendo el esfuerzo hasta conducirlo a la debacle, en medio de la presencia de muchos que no creían sinceramente en ella y otros que sólo buscaban un pretexto para destruirla; por último, la dictadura subsecuente, que cambió para siempre la historia del siglo XX y que se extendió hasta 1975, con la muerte de Franco. Ese era el escenario sobre el cual se levantaba el golpe del 23F y, probablemente, fue lo que tuvieron en la cabeza los diputados en el suelo y los que escuchaban las noticias en su casa sin saber hacia dónde se inclinaría la historia.

Después de ver numerosas imágenes y de estudiar el tema con detención, Cercas se pregunta: ¿Por qué Adolfo Suárez se quedó en su banca en vez de tirarse al suelo? La fotografía que ilustra el momento es realmente extraordinaria: el Jefe de Gobierno permanece impasible, como si nada ocurriera o si estuviera esperando algo indescifrable, quizá pensando en los años vertiginosos en que le había correspondido liderar España hacia el futuro, probablemente convencido de que en esos minutos, horas, se jugaba no solo su propia vida sino el destino de su país.

¿Qué pasaba en otros sectores de la ciudad? ¿Con los militares de Valencia? ¿En la Zarzuela, con el mismísimo Rey en una hora definitiva? ¿Cómo recogía la prensa los sucesos del Congreso? ¿Hacia dónde irían las veleidosas opiniones de las masas? Eran una serie de preguntas que seguramente rondaban la cabeza de Suárez, pero también de otras personas, unas más temerosas, otras más heroicas, todas sin saber cuál sería el resultado final del golpe.

Resulta particularmente apasionante en Anatomía de un instante el esfuerzo que realiza Cercas por explicar la "historia virtual" del 23F. ¿Qué hubiera pasado si...? Nosotros conocemos los resultados y cómo terminó el evento, pero siempre que actúa la libertad humana el hecho podría haber sido distinto, incluso podemos imaginarlo diferente. Finalmente, sabemos, el Rey puso las cosas en la fórmula que cerró las posibilidades de éxito del golpismo y consolidó el régimen, lo que impedía una vuelta atrás: era necesario mantener el orden constitucional y la Corona no toleraría interrupciones por la fuerza del proceso democrático.

¿Y por qué Suárez se mantuvo impertérrito en su escaño? La respuesta, señala Cercas, es que no hay respuesta. Aunque se esbozan algunas posibilidades, de manera oblicua o utilizando historia comparada o literatura de otros tiempos. Por ejemplo, con la cita de esa obra apasionante de Ortega y Gasset, Mirabeau o el político, donde emerge la noción de "intuición histórica" como una de las facetas definitorias de las grandes figuras, entre las que ciertamente debería incluirse a Adolfo Suárez.

Como han señalado algunos, seguramente con razón, el libro "no dice toda la verdad" o sencillamente "no conoce toda la verdad" o simplemente concluye cosas que "no eran exactamente así". Lo escuché personalmente de boca de algunas figuras que entrevisté sobre la transición española. Pero siempre ocurre lo mismo cuando hablamos de historia, nunca podemos reproducir el pasado tal cual fue, sino que solo intentamos hacerlo inteligible en el presente, en la medida que ello es posible y no de una forma absoluta. Por ello este libro, para quienes deseen profundizar la transición española o el 23F en particular, es una fuente más entre las muchas que pueden consultarse.

Pero no cabe duda que Anatomía de un instante es un libro extraordinario de historia, aunque sea quizá una novela; pero podemos estar seguros de que se trata también de una obra literaria maestra, aunque sea en realidad un trabajo historiográfico. En síntesis, es las dos cosas, expuestas en un ensayo valioso, que se lee con fruición y que nos adentra en los claroscuros de la historia y el alma humana.

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