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EN TRES TIEMPOS

La Universidad, motor del desarrollo de los pueblos

Alejandro San Francisco
martes 29 de julio de 2014, 20:17h

En un libro realmente valioso, titulado Moral Pública. Debates Actuales (Santiago de Chile, Instituto de Estudios de la Sociedad, 2009), el norteamericano Robert P. George señala que los principales motores de una sociedad dinámica son la empresa privada y las universidades. Como suele ocurrir, podrían agregarse otras dimensiones relevantes que contribuyen al progreso de los pueblos, como la vitalidad de la sociedad civil o la fortaleza de sus instituciones políticas, por ejemplo, pero no cabe duda de que el emprendimiento y la creación de riqueza, así como la generación y difusión del conocimiento son aspectos centrales para la prosperidad de un país, así como la falta de ellos podría condenar a una sociedad a vivir constantemente en el subdesarrollo.

Conviene volver sobre este inagotable tema, precisamente en momentos en que se desarrolla en Río de Janeiro el III Encuentro Internacional de Rectores Universia 2014, con la participación de cientos de universidades de más de cuarenta países. El lema este año ha sido "La Universidad del siglo XXI: una reflexión desde Iberoamérica", una temática crucial en un mundo cada vez más interconectado en materia de conocimiento científico y de intercambio académico y estudiantil. Se trata, precisamente, de una iniciativa en la que participan la empresa privada, a través del impulso decidido del Banco Santander, a través de su División Global Santander Universidades, y las propias instituciones de educación superior, que trabajan convencidas en la importancia de la ciencia y su contribución al bien común.

Iberoamérica tiene una posición con aspectos positivos que se unen a otros que requieren una decisión resuelta de mejorar. En el primer lugar, en las últimas décadas se ha producido una ampliación necesaria en el acceso a las universidades, muy valiosa pero insuficiente, a los grupos más pobres del continente, que estuvieron largamente postergados. En segundo término, muchas de las mejores universidades se han abierto a ser parte de la comunidad internacional, y cuentan con una planta académica con posgrados en las mejores universidades del mundo, así como hoy imparten masters y doctorados a los que asisten connacionales y estudiantes de otras latitudes. En tercer lugar, podríamos mencionar un acceso a la información que es cada vez más claro y que permite tomar decisiones y evaluar instituciones en términos comparados a través del tiempo, de los países y de las distintas casas de educación superior (a ello contribuyen especialmente los rankings, como el QS y el Shanghai a nivel mundial).

Sin embargo, es evidente que todavía quedan muchos desafíos por abordar. Desde luego, se requiere un auténtico compromiso con la calidad de la enseñanza universitaria, en un doble sentido. Primero, porque son muy pocas las casas de estudio que se ubican entre las mejores del mundo, donde destacan universidades norteamericanas o inglesas, también algunas europeas y asiáticas, mientras las instituciones iberoamericanas destacadas son muy escasas y ninguna se ubica entre las cien mejores del mundo. Segundo, porque en el continente hay instituciones muy desiguales, desde algunas que ya cuentan con un merecido prestigio internacional, que coexisten con otras que están muy por debajo de lo que corresponde a una excelencia académica.

A ello debemos sumar otro aspecto relevante, como es la necesidad de ampliar y consolidar el acceso a la educación superior a sectores sociales que han estado más postergados, con la calidad correspondiente para que las universidades sean focos efectivos de cultura y enseñanza de alto nivel, que permitan un pleno desarrollo a sus estudiantes, así como genere mejores oportunidades laborales a futuro. Para ello es muy relevante garantizar que puedan estudiar todos los que tengan los méritos académicos, como recuerda la Declaración Universal de Derechos Humanos, y que no se deje a nadie fuera del sistema por razones económicas o ajenas a lo estrictamente estudiantil. En esto, es preciso señalarlo, no basta con mantener universidades gratuitas o acceso libre de pago a los estudiantes, sino que debe ser en instituciones de calidad, como un requisito mínimo para la existencia de un sistema que contribuya efectivamente al dinamismo de la sociedad.

Finalmente, no está de más recordar un aspecto que muchas veces queda de lado a la hora de evaluar la calidad de las universidades, como es volver a los orígenes, a la necesidad de constituir auténticas comunidades de profesores y estudiantes que se abren al conocimiento de la verdad en sus distintas dimensiones, que procuran desarrollar la ciencia y transmitirla, que creen en la importancia de la cultura. Esto muchas veces se vuelve difícil en la actualidad, más todavía cuando vemos que todos los rankings están medidos por rigurosos estándares que contribuyen a fijar metas y objetivar los análisis, pero que podrían volverse una carga si perjudican la esencia humana y humanista de la universidad.

Educar no es una tarea donde simplemente se llenan formularios o se mide una gestión, en el cual los números parecen reemplazar a las personas y los incentivos económicos a una auténtica vocación. Hacer universidad es una vocación especial, un espacio de desarrollo personal, un lugar para definir muchas cosas importantes para el resto de la vida, y no simplemente una carrera profesional o un curriculum de estudios. Volver a la esencia de la universidad es una tarea siempre presente, para no perdernos en el camino.

Finalmente, en relación al aporte específico que puede hacer Iberoamérica a las universidades del mundo, es revalorizar  el español como idioma, como historia y como cultura, con el legítimo orgullo de hacer un aporte específico a todas las personas en los cinco continentes. Si hoy casi 500 millones de personas en el mundo hablan la lengua de Cervantes, hay que dar un salto adicional para ser una idioma que junto con estar en expansión cuantitativa tenga también una influencia cualitativa cada vez mayor. En  esto la literatura ha hecho un gran aporte en el tiempo, así como parte importante del comercio involucra actualmente a empresas que tienen el español como primer idioma. En esta tarea también las universidades están llamadas a ser focos educativos de primer orden al servicio del desarrollo de los respectivos pueblos.

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