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PASO CAMBIADO

Lucha a muerte en la izquierda española

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 06 de agosto de 2014, 20:06h
Actualizado el: 08/06/2014 20:14h
Es difícil escribir de política convencional en esta época de fenómenos paranormales, como el de Podemos. Incluso podría estar mal visto, por su falta de originalidad. La fascinación por lo esotérico siempre se impone a corto plazo, y por eso resulta muy divertido investigar si hay algún asomo de racionalidad escondido detrás de los nuevos metapolíticos, esos que se presentan como los buenos políticos precisamente por no ser políticos. Haga usted como yo, decía Franco: no se meta en política.

Centenares de analistas intentan averiguar si los tales de Podemos son más leninistas o más chavistas, más bolivarianos o más peronistas. Y los políticos afectados por el seísmo en la izquierda española (PSOE y PCE/IU) ya no saben si volver a la juventud bolchevique o quedarse como aburridos socialdemócratas; si subirse al caballo populista o coquetear con el rupturismo ácrata; si explorar otro Frente Popular o si aguantar el tirón institucional, con lo desprestigiada que parece esa alternativa.

Podemos no es un revulsivo para la política española, sino sólo para la zona izquierda de la política española. No es una alternativa a la “casta”, sino sólo a la casta izquierdista (si es que se puede llamar así, que no creo) denunciada por estos nuevos o veteranos actores políticos precisamente por no ser suficientemente izquierdista.

Y lo peor de todo para los intereses de los citados PSOE y PCE es que les han dado en donde más les duele: en su ensoñación nostálgica. Porque aunque parezca sorprendente, los socialistas y comunistas de este sistema, gobernantes o cogobernantes de múltiples instituciones, incluido el Gobierno nacional, se veían a sí mismos como gente de izquierda. Una izquierda que, por el contrario, era protagonista de la democracia burguesa (porque ésa es la única democracia inventada que no esconde totalitarismos); en un sistema de economía de mercado, por supuesto; en un liberalismo formal aunque con las correcciones encaminadas al Estado del Bienestar, aceptadas, por otro lado, hasta por la derecha.

Ni socialistas ni comunistas españoles han puesto en cuestión el sistema. Y añado yo que han hecho muy bien, porque los otros sistemas experimentados han sido catastróficos para la Humanidad. Pero es cierto que con esa colaboración se han quedado sin demasiado argumento, y al final sólo les queda como reivindicación izquierdista el aborto y poco más. En todo caso, una difuso acento hacia la igualdad que para nada cuestiona el modelo del capitalismo. Y por eso, por ser partidos de orden, eran carne de cañón si de nuevo se agitaban las banderas rojas en las calles.

Los de Podemos están madrugando a la izquierda española con argumentos del propio pasado de ésta. Es como si volviéramos a ver al PSOE con su no a la Otan, con sus veleidades sobre la autodeterminación de los pueblos, con su republicanismo y sus trajes de pana, como si de nuevo Alfonso Guerra se fuera a la Unión Soviética para no estar presente durante la visita de Ronald Reagan. Con su muerte de Montesquieu (democracia burguesa) abatida por la democracia directa y asamblearia. Ésa que siempre se proclama desde la izquierda marxista, pero que termina reconducida al “centralismo democrático”, es decir, el control absoluto del poder por el partido, sin esas zarandajas burguesas de la división de poderes.

Que a una parte de los españoles les ilusione una alternativa comunista resulta curioso. Algunos lo explican por el estado de cabreo nacional, aunque estos cabreados no saben en qué jardín se están metiendo. Pero bueno, esas son alternativas libres de la ciudadanía. También fue votado Hitler. Pero que los partidos que abandonaron el comunismo, a sabiendas del error histórico que supuso, tengan ahora envidia de él y entren en la inseguridad absoluta sobre quiénes son y adónde van, tiene más delito.

Dejando a un lado al Partido Comunista, que es intercambiable en su terreno, ¿de verdad creen en el PSOE que España mañana será bolivariana? ¿Por qué no piensan, más bien, que si están en retroceso no es por ser poco izquierdistas, sino por haberse convertido en un partido endeble, con escasos cuadros y con una imagen de terrorífica mala gestión.

El PSOE parece ahora envidiar a Podemos. Susana Díaz les reclama árnica, y que no se metan con ellos sino con el PP. Pero no se acuerda Díaz de que la gran inspiración de Podemos pudo muy bien ser Zapatero, ese personaje que se proclamó rojo y republicano, que resucitó la Guerra Civil, que se enfrentó con la Iglesia Católica y con valores familiares precedentes, que puso en cuestión la Nación española y luchó hasta la saciedad por diluirla (y aún en su retiro sigue haciéndolo, que solo hay que oírle hablar de la solución “nacional” para Cataluña). Y que repartió cheques y cuatrocientos euros, porque eso no lo han inventado los de Podemos, lo de seducir a las masas prometiendo dinero.

El problema del PSOE no es que no fuera suficientemente rojo, sino que gestiona fatal. Y la solución del PSOE no es entrar en la caída libre de la ideología, sino recuperar la fama de gestor público, de alternativa seria. Tiene que volver a recordar que antes de repartir la riqueza hay que crearla, lo que parecía saber hasta hace un cuarto de hora, y que parece haber olvidado. Ése es el reto de Pedro Sánchez, y no entrar en la competición para ver quién es más radical, más populista y más fantasma. Porque ya lo intentó Zapatero, y terminó con España quebrada… y con su partido como carnaza de los buitres.

Es cierto que los de Podemos han pillado al PSOE con la guardia baja y han mordido en hueso. Justo como el meteorito que cogió sin defensas a los dinosaurios. Pero ello no les hace necesariamente ciegos a los socialistas. Porque los maximalismos políticos, las hordas y las banderas no son exactamente los sentimientos mayoritarios de la sociedad española. Por mucho que una parte de ella se desahogue en estos tiempos de turbulencia.

Lo que le falta para rematar al PSOE es que se crean más a Podemos que estos mismos. Si caen en eso, están perdidos. Lo del PASOK griego, pasar del cuarenta y cinco por ciento al ocho por ciento, será una broma en comparación. Pero la apelación a la sensatez puede ser una solución. Y para eso les puede ayudar la cara de su nuevo secretario general, que tiene una evidente pinta de gente de orden.

Mientras tanto, que nadie se equivoque. Que se recomponga la izquierda no afecta ni un pelo al sistema, y menos a su parte de centro derecha. El PP puede tener algún desgaste, pero puede ser visto por una mayoría como la solución razonable ante el guirigay que se está montando. Y, además, a Rajoy, con las dificultades que se quiera, le están saliendo bastante bien las cosas.

Los que proclaman el fin del bipartidismo PP-PSOE es simplemente porque quieren ser uno de ellos, como partido de poder. Que es lo que pretende Podemos hasta en el nombre. Y ha visto la oportunidad en la suplantación del PSOE. Por eso se equivoca Susana Díaz. Lo que necesita el PSOE es la guerra contra Podemos, no la alianza. Claro que Susana Díaz sólo necesitaba tiempo para demostrar sus cualidades, y ya empieza a apuntar maneras. Debe ser la única que todavía no se ha enterado de que Podemos no está en liza contra el PP: sólo quiere destruir a toda su competencia en la izquierda. Por supuesto, al PCE, que está a tiro. A ERC en Cataluña, tan confiada ella por la incompetencia de CiU y Mas. Y, sobre todo, al PSOE, los socialtraidores, que a uno no se le olvidan estos términos, porque es mucho más viejo que Pablo Iglesias junior.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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