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TRIBUNA

El poder político latino en Estados Unidos

jueves 07 de agosto de 2014, 22:03h

La población joven en Estados Unidos presenta actualmente una mayor diversidad étnica debido al aumento sin precedentes de las minorías, en particular de los hispanos, según un estudio de la Universidad de New Hampshire. Llama la atención que mientras la población de Estados Unidos creció un  53% en los últimos cuarenta y cinco años, la de hispanos se ha sextuplicado en este mismo período hasta llegar a 55 millones de personas, según diversas fuentes. Los estudios oficiales estiman que para 2050, los latinos representarán alrededor del 30% de la población, sólo por debajo del 44% de la población blanca. Es decir, se prevé que Estados Unidos será un país donde la mayoría serán “las minorías” actuales, esto es,  hispanos, negros y asiáticos.

Lo curioso de todo esto es que los latinos no han logrado traducir este crecimiento demográfico en una mayor presencia en las urnas y la cuestión que interesa aquí plantear es por qué, a pesar del peso demográfico creciente de esta comunidad, sigue teniendo tan poca influencia en la actividad política, sobre todo, exterior del país.

La propia Dolores Huerta, cofundadora con César Chávez de la primera unión sindical para trabajadores campesinos hispanos, que después se convirtió en el Comité Unido Organizador de los Trabajadores del Campo, ha resaltado recientemente en declaraciones en prensa que los 55 millones de latinos constituyen una verdadera fuerza en las urnas y que, por tanto, deberían ejercer esa influencia en la política norteamericana. Con palabras suyas: “Así como los judíos aquí en Estados Unidos pueden influir en lo que pasa en Israel, nosotros los latinos somos muchos, muchos más (...) tenemos que influir también en la política en Centroamérica y en México”.

A mi modo de ver, uno de los problemas de la falta de compromiso con la política exterior es que dentro de la comunidad latina en Estados Unidos se encuentran conviviendo intereses opuestos que responden a planteamientos muy heterogéneos en función del perfil del país de origen. Por otro lado, está bien mimetizarse con la sociedad norteamericana para conseguir una verdadera integración social pero lo que no se justifica es el olvido de los problemas políticos que se han dejado atrás en el país del que se partió. Creo, por todo ello, que además de un idioma común que es el español que, por cierto, cada vez tiene más y más presencia en Estados Unidos gracias – todo hay que decirlo- a la defensa que hacen del mismo las comunidades latinas, deberían aunarse esfuerzos y trabajar dentro de los grupos latinos por objetivos políticos comunes porque, muchas veces, los problemas que hay que atacar en el exterior son los mismos aunque tengan lugar en territorios geográficos distintos en el ámbito latinoamericano.

Una buena arma para la comunidad latina que me atrevo a sugerir aquí es que se opte por desterrar el “discurso del odio” que invade a menudo las declaraciones de los políticos a la hora de afrontar problemas de política interna y exterior. Algo que, por cierto, fue denunciado con razón por el principal grupo de presión de Estados Unidos en favor de la comunidad latina, el Consejo Naciona de la Raza (CNLR, fundado en 1968 y que hoy alberga más de 300 organizaciones afiliadas de ayuda a los latinos en 41 Estados de Estados Unidos) en su última conferencia anual celebrada en Los Ángeles (California) a finales de julio.

Una valiosa plataforma para hacer valer el peso de los latinos a día de hoy es, a mi modo de ver, concentrarse en las medidas que se deben tomar en lo que a la política migratoria se refiere. Tengamos presente que hace solo un año se aprobó en el Senado de Estados Unidos un proyecto de reforma migratoria que aportaba, al menos, ciertas soluciones a largo plazo para once millones de indocumentados que hay en el país. Acuerdo que, por desgracia, si no se ha convertido todavía en ley es por el bloqueo que ha sufrido en la Cámara de Representantes (cámara baja del Congreso), donde la mayoría republicana ha rechazado someterlo a votación.

Salgamos de la encrucijada. Los lobbies latinos deben concentrar sus energías en las próximas elecciones legislativas, que se celebrarán el 4 de noviembre de este año, para que la reforma migratoria avance y salga del aparente callejón sin salida en el que se encuentra. El 75% de los latinos son ciudadanos con derecho a voto y, por lo tanto, tienen algo que decir si están comprometidos con la democracia norteamericana. De hecho, se prevé que casi 8 millones de latinos vayan a participar en las próximas elecciones legislativas en Estados Unidos, representando el 8 % del electorado nacional. No obstante, como ha subrayado la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Designados y Electos (NALEO por sus siglas en inglés), resulta fundamental que el Congreso modifique la Ley de Derechos Electorales para que los latinos “puedan expresarse en los centros de votación sin tener que enfrentar obstáculos o barreras discriminatorias”.

Que no desanime en el empeño el bajo impacto que tiene el voto latino en las elecciones legislativas para la Cámara de Representantes, a diferencia de lo que ocurre con las elecciones presidenciales, donde el peso del voto latino no hace más que crecer cada cuatro años, resultando para muchos analistas absolutamente decisivo si se quiere conquistar la presidencia. Estoy segura de que es cuestión de tiempo. Antes o después despertará ese “gigante dormido” de la comunidad latina en Estados Unidos.

Cristina Hermida

Catedrática de Filosofía del Derecho

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