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POESÍA

Leopoldo María Panero: Rosa enferma

domingo 10 de agosto de 2014, 16:02h
Actualizado el: 08/10/2014 17:18h
Leopoldo María Panero: Rosa enferma

Prólogo de Antonio Marín Albalate. Huerga & Fierro. Madrid, 2014. 96 páginas. 23 €

Por Francisco Estévez

La atormentada vida de Leopoldo María Panero facilitó a fatuos y cómodos la fácil clasificación y consiguiente simplificación de su resbaladiza cualidad de “raro” ajeno a las tendencias en boga del siglo pasado en nuestra poesía. El propio Panero también dificultó a los intrusos el acceso a la profundidad de su poesía El tiempo irá limando los prejuicios argüidos y el achicamiento por estereotipos hasta delimitar con precisión la proteica y plural obra del poeta. Mientras tanto, la colección “La rama dorada” de los editores Huerga y Fierro, que publicara con tesón y continuidad poemarios como Sombra (1980), antologías, Sobre la tumba del poema (2011), y estudios del autor, se lleva ahora el gato al agua al dar a la luz el poemario inédito del malogrado poeta. Una de las citas introductorias del libro -su maestro Artaud- caracteriza en plenitud y sin excesiva alharaca al sujeto biográfico de estas páginas: “Me autodestruyo para saber que soy yo y no todos vosotros”. En efecto, la dimensión vital del poeta fue un “atroz […] existir” que en el desdoblamiento mental y textual convirtió a Panero en “un hombres hostil a sí mismo”. La rosa enferma de William Blake muta de significado en estas páginas, con hondo pálpito se tiñe de negro en un lento y consciente marchitar.

Rosa enferma consta de dieciocho poemas inéditos que bien pueden leerse de corrido como único objeto textual por su íntima y peculiar trabazón. Presente estará pues esa irracionalidad característica del poeta salpicada de notas culturalistas y cuajada de unas obsesiones tan particulares como la autodestrucción porque “todo hombre tiene la estatura del desastre / todo hombre es una amenaza amiga de la ruina...". Las existencias con Sartre, los desdobles de Pessoa, un constante Spinoza o el mismísimo drama de un miedo colosal a través de Goya, entre las citas presentes, aunque muchos más autores entre líneas disimulados, hilarán los pensamientos del yo poético (Mallarmé citado y sin citar). Entre el cierzo y el silencio columpian los versos últimos de semejante rapsoda esquizofrénico de varias voces. De manera sorprendente y contra todo pronóstico, Panero sobrevivió a sí mismo durante demasiado tiempo y quedó encarcelado en su propia heterodoxia textual. Lúcido como nunca supo que solo reluctante de sí podría exprimir las gotas últimas del sublime elixir que a fin de cuentas es la poesía y por ello ya tenía “solo miedo de la vida / y alegría de morir”.

Exploramos en estos poemas un fantasmagórico adentrarse en el más allá. Así visto, desentonan en este póstumo libro las palabras introductorias del prólogo. Caen en halago desmedido y se caracterizan por la falta de ecuanimidad pues consideran que el poeta “escribió las mejores páginas de la literatura de entresiglos” al tener su lira por la “más honesta [sic] que jamás tuvo este país”. Tales opiniones ajenas de análisis y carentes de rigor dificultan el dar cabida a un raro y heterodoxo dentro de su tiempo, además desnortan lectura a potenciales lectores. Más allá del yerro de equiparar honestidad con honradez, pareciera equipararse aquí sin matices el yo biográfico con el yo poético. Grueso desliz caer en el abismo biográfico del poeta, explica solo una parte pero camuflan otras de mayor valor valía en su poesía. Por poner un ejemplo, utilicemos la paradoja de Octavio Paz, qué hay de toda esa tradición de la ruptura y ruptura de la tradición que hay en la vertiginosa obra de Leopoldo María y con fuerte presencia en este lacerante poemario.

Todo termina. Incluso el dolor de esa enfermedad constante que era el vivir para Panero. Con caprichoso símbolo el miércoles de ceniza de este año ya en su canícula el último poeta de una familia truncada por desgracias, delirios y sembrada de literatura abandonaba este mundo ciertamente alocado. Leopoldo María Panero queda ya “Por fin solo/ Colgado del último verso”.
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